Artículo publicado el 23/01/2009 Ultima reactualización 23/01/2009 09:44 TU
El aluminio está cada vez más demacrado en el mercado londinense de metales. La tonelada que será distribuida dentro de tres meses valía ayer 1.350 dólares, o sea, tres veces menos que en julio pasado. Su cotización cayó esta semana a su nivel más bajo desde 2003.
Como ocurre con los otros metales, el aluminio es víctima de la crisis económica mundial. El automóvil, la industria del embalaje y el sector energético habían sido estos últimos años los puntales de su extraordinario crecimiento. La producción de aluminio progresaba más rápidamente que el producto interno bruto. Este impulso se ha perdido y hoy tres cuartas partes de las fundiciones han dejado de ser rentables debido a la caída de los precios.
El resultado son los recortes de producción, el cierre de ciertas minas y, por consiguiente, los despidos anunciados por las compañías mineras, que esperan así limitar sus pérdidas e, indirectamente, detener la caída de los precios. De hecho, estos ajustes han conducido ya a que la producción baje un 10%.
Pero no basta con esto. Los precios continúan su zambullida a medida que aumenta el volumen de los stocks en el mercado londinense. 2.670.000 toneladas de aluminio se encuentran en depósitos diseminados por el mundo entero: un récord histórico, puesto que los stocks no registraban un nivel tan elevado desde que hace quince años el mercado fue saturado por los excedentes rusos.
El raudal de lingotes entregados diariamente no proviene de un productor ni de un país en particular, sino de quienes han conseguido negociar sus excedentes, hasta ahora invisibles, de la manera más favorable. Al ser distribuido a los depósitos de Londres o de Chicago, el metal desaparece del balance de las empresas y les procura un poco de liquidez, dama muy cortejada.
Hoy, el mercado londinense está convertido en una herramienta que sirve para reparar los problemas de tesorería. Para que esta deformación sea corregida, la contracción de la oferta de aluminio tendría que alcanzar el nivel de la demanda. En buen cristiano, más fundiciones van a ser cerradas y más empleos van a ser suprimidos en espera de que la industria automotriz saque la cabeza del agua.
Por Dominique Baillard, del Servicio Economía de RFI
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