Artículo publicado el 12/03/2009 Ultima reactualización 12/03/2009 13:42 TU
Dentro y fuera de sus fronteras, a Costa Rica se le conoce como un “país verde” porque posee una de las biodiversidades más concentradas del mundo, es decir, un 3,6 de la biodiversidad del planeta en una superficie territorial de unos 51 000 kilómetros cuadrados. Esta enorme densidad de especies en el territorio de lo que hoy son Costa Rica y Panamá se explica porque hasta hace tres millones de años esas zonas eran islas que se unieron y formaron un puente natural entre el sur y el norte del continente americano. “Tenemos especies que venían de las islas y otras venidas del norte y del sur. Son medio millón de especies diferentes, de las cuales hoy se conocen y tienen nombre sólo un 21 por ciento. En el Instituto Nacional de Biodiversidad descubrimos una especie nueva cada dos días y medio”, precisa Randall García, director de conservación del INBIO.
“En los años 60 y 70 se tomó conciencia de la necesidad de la protección y conservación del ecosistema y la biodiversidad. Y hoy un 26 por ciento del territorio costarricense tiene protección estatal. Es uno de los porcentajes más elevados del mundo de áreas protegidas. Hay para ello una legislación importante”, subraya Leonardo Merino, coordinador del área ambiental del Programa Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible. Esta excepcional riqueza natural hizo posible un gran desarrollo del turismo y hoy Costa Rica recibe cada año a dos millones de turistas, es decir, a un número de personas que corresponde a la mitad de su población constante.
Los turistas que solían venir a Costa Rica hasta los años 90 lo hacían porque les interesaba la naturaleza. No buscaban demasiadas comodidades, por lo cual acogerlos no exigía grandes inversiones. Hoy eso ha cambiado. El turista actual busca golf, jacuzzi y mucho confort y no tiene interés en la biodiversidad. Y para satisfacerlo se vienen construyendo grandes proyectos hoteleros que están afectando la conservación de la biodiversidad, sobre todo en las zonas costeras, como lo señala Jorge Lobo, profesor de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica. “Esta política es equivocada inclusive desde el punto de vista económico. Nuestra vocación no es competir con Cancún, Puerto Vallarta, Acapulco o Río de Janeiro”, añade Lobo, quien denuncia un turismo que viene acarreando erosión de las costas y destrucción de manglares.
“Tenemos legislación de sobra, lo que falta es hacerla cumplir”, afirma Leonardo Merino. “La capacidad institucional de dar control y seguimiento a los permisos de construcción, aprovechamiento forestal y desarrollo de infraestructura es muy limitada”, insiste Randall García, quien señala además que los inversores en turismo ejercen tal presión que hoy “hay proyectos de ley en la asamblea legislativa para reducir áreas protegidas, algo sin precedentes en el país.” El INBIO considera que en Costa Rica hay actualmente 1600 especies “amenazadas” o “en peligro de extinción”.
Entrevistados: Randall García, del Instituto Nacional de Biodiversidad; Leonardo Merino, del Programa Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible; Alberto Salas, de la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza; Jorge Lobo, de la Universidad de Costa Rica, y Pedro León Azofeifa, del programa Paz con la Naturaleza.
Un programa de Hélène Bannier presentado por José Rosas Ribeyro
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