Artículo publicado el 19/08/2009 Ultima reactualización 19/08/2009 10:34 TU
La cultura de productos orgánicos o “bio”, como se les llama en Francia, propone alimentos sin aditivos, conservantes ni pesticidas, un respeto meticuloso de la naturaleza e intercambios comerciales justos. Se trata, finalmente, de vivir de otra manera.
No comer cualquier cosa ni vestirse con cualquier tipo de ropa, aunque esa decisión termine costando más caro. Etica, chic y calidad de vida son tres vertientes de esta filosofía de la vida cotidiana cuyo tamiz pasa por el monedero.
Los productos pueden ser de los más diversos tipos. Por ejemplo los jamones ecológicos de Jabugo. “En el proceso de producción no se da a los cerdos ningún alimento que haya sido fertilizado con abonos químicos ni con pesticidas, ni que contengan elementos genéticamente modificados. Y además, nuestros cerdos beben y se bañan en agua de manantial”, explica Eduardo Donato, quien participó en el Salón bio de París.
Maxime Le Guillou, que comercializa productos de Córcega (mermeladas, nueces, miel, castañas), explica que lo orgánico significa “cultivar como se hacía desde hace miles de años y utilizar productor naturales. Antes de los años 60 no existía el productivismo agrícola que ha hecho mucho daño al medio natural.”
Los productos bio pueden ser incluso zapatos, como explica Arturo García, todo depende de cómo se curte la piel. “Se puede curtir la piel al cromo pero eso contamina mucho el agua y produce alergias. Otra manera es con productos vegetales, aceites y otros componentes naturales, pero el proceso es similar.” También pueden ser quesos, como los que distribuye Oscar Ortín. Son productos certificados en agricultura ecológica y por la normativa europea, y eso el consumidor lo ve reflejado en un sello que lo acredita.”
“Consumir bio significa respetar el planeta y respetarse a sí mismo, y es efectivamente un compromiso”, precisa Sandra Grain de la revista Nouveau consommateur. Significa también reciclar ropa de adulto y ropa de casa, como las cortinas antiguas, para fabricar con ello ropa para niños, como lo hace en París la chilena Andrea Fuentealba. O utilizar restos de telas nuevas recuperadas en el barrio parisino de la confección para diseñar camisetas con ellos, como lo hace la argentina Ana Sociarello. “Le damos vida a algo que estaba perdido”, subraya Fuentealba.
Otro aspecto de esta nueva cultura del consumo es el comercio justo. “Este debe ser justo para todos, no sólo para el productor sino para todas las personas que van a intervenir en la cadena productiva”, precisa Lisette Arché de la empresa Saldac, que trabaja con productores peruanos. “Hay que procurar que la gente no emigre a Europa porque hay familias que quedan destruidas”, dice el ecuatoriano Fausto Chalampuente, de la empresa Etnia, para explicar la necesidad del comercio justo.
Entrevistados: Eduardo Donato, Maxime Le Guillou, Oscar Ortín, Sandra Grain, Ana Sociarello, Andrea Fuentealba, Arturo García, Jesús García, Fausto Chalampuente y Ute Auwarter, quienes trabajan en diversas empresas dedicadas a los productor orgánicos y el comercio justo.
Un programa de Escarlata Sánchez
Realización: Raphaël Lagier
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