por Silvia Celi
Artículo publicado el 03/11/2009 Ultima reactualización 03/11/2009 12:31 TU

El presidente afgano Hamid Karzai y el senador norteamericano John Kerry en una conferencia de prensa en Kabul el 20 de octubre.
Foto: Reuters
Tras el anuncio de su reelección, las congratulaciones emanaron…los consejos también.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, prometió el martes a Karzai que esa organización “continuará apoyando tanto al gobierno como al pueblo afgano y lo incitará a mejorar la gobernanza y a realizar grandes progresos en su lucha contra la corrupción”.
Su aliado, Barack Obama, después de felicitarlo, le indicó diplomáticamente la futura orientación de las relaciones afgano-estadounidenses. El presidente norteamericano instó a Hamid Karzai a hacer esfuerzos para “erradicar la corrupción” y a “trabajar para crear una fuerza de seguridad afgana”. “Como le dije, ahora tiene que demostrar con hechos y no con palabras”, declaró el mandatario estadounidense a la prensa. Una advertencia que Karzai deberá tomar en cuenta ya que la Casa Blanca debe decidir dentro de unas semanas si envía o no más tropas a Afganistán.
Si Karzai desea enviar una señal positiva a sus aliados occidentales, dar cierta credibilidad a su reelección y confianza a sus compatriotas, tendrá, entre otras cosas, que separarse de algunas personas de su entorno y de personalidades que han estado implicadas en el tráfico de droga.
Los insultos
“Marioneta de los occidentales”, así respondieron los talibanes a la percha que Hamid Karzai les tendió.
“Vamos a tratar de llevar la paz a todo el país lo antes posible. Pedimos a nuestros hermanos talibanes que vuelvan a Afganistán”. (…) La paz será posible “cuando todos los afganos estén reunidos y hablen con una sola voz, trabajando para reconstruir juntos un gobierno de unión que nos represente a todos”, declaró el presidente después de su reelección.
El gobierno de Kabul considera que los principales dirigente talibanes están refugiados en el vecino Pakistán. Karzai ha propuesto varias veces, en vano, al molá Omar, jefe supremo de los talibanes y a otros dirigentes de los insurgentes que se incorporen al proceso político.
Los talibanes, que perdieron el poder en 2001 tras la intervención militar norteamericana, llevan a cabo una guerra insurreccional desde esa época, pese a la presencia en el país de 100.000 soldados extranjeros.
¿Y Abdulá Abdulá?
Cuando Abdulá anunció boicotear la segunda vuelta de las presidenciales, la Secretaria de Estado americana, Hillary Clinton, respondió que el boicot no restaría legitimidad a las elecciones. No obstante, un triunfo por abandono de su rival, coloca a Hamid Karzai en una posición delicada.
Atrapado entre las presiones extranjeras y la guerra constante de los talibanes pastún, a Karzai no le conviene abrir un nuevo frente contra los tayicos y las poblaciones del norte del país que apoyan a Abdulá Abdulá.
Aunque a Abdulá tampoco le conviene envenenar la situación, con el riesgo de precipitar un retorno de los talibanes al poder, está en posición de fuerza y Hamid Karzai tendrá que contar con él. No obstante, es muy prematuro para saber cuál papel Abdulá Abdulá podría jugar en el complicado panorama político de su país.
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