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En Pakistán, la pandemia deja a las bailarinas transgénero en la miseria

Mujeres transgénero rompen el ayuno durante el Ramadán en Rawalpindi, Pakistán, el 9 de mayo de 2020
Mujeres transgénero rompen el ayuno durante el Ramadán en Rawalpindi, Pakistán, el 9 de mayo de 2020 AFP
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Islamabad (AFP)

Adnan Ali, una bailarina transgénero, llevaba una vida cómoda, libre de las limitaciones financieras de las que su comunidad rara vez escapa en Pakistán, pero el nuevo coronavirus la ha dejado sin ingresos y ha sido expulsada de su apartamento.

Ahora, los salones de bodas donde actuaba ante multitudes que la ovacionaban están cerrados, y las bodas y otras celebraciones para recién nacidos a los que estaba invitada ya no tienen lugar.

Por falta de ingresos, "Dano" --su nombre artístico-- tuvo que abandonar su hogar en un suburbio rico de Islamabad, y comparte una habitación pequeña en un hogar de acogida con otra bailarina, también desempleada debido a la pandemia.

En Pakistán, las "khawajasiras" o "hijras" disfrutan de un estatus ambiguo: herederos culturales de los eunucos de la corte bajo el imperio mogol luego desterrados por los colonos británicos a su llegada en el siglo XIX, son más socialmente aceptados que en Occidente.

El país fue uno de los primeros en reconocer legalmente el tercer sexo, que se estima en medio millón de personas según varios estudios. Desde 2009, pueden obtener una tarjeta de identidad como "khawajasiras" e incluso tuvieron candidatos en elecciones.

Pero, en la realidad, aquellas que no se afirman como bailarinas llevan una vida marginada: tiene que mendigar y prostituirse, son víctimas de las peores discriminaciones, y a veces son asesinadas en un país musulmán muy conservador.

Además del placer de bailar, Mena Gul, de 26 años, siempre ha comparado su vida con una forma de aislamiento.

"Estamos en cuarentena toda nuestra vida. No podemos salir y escondemos nuestros rostros cada vez que salimos de nuestras casas", suspira, contemplando su guardarropas ahora descuidado.

Mena Gul también tuvo que abandonar la seguridad y la comodidad del departamento que compartía con otras bailarinas en Peshawar, la capital del conservador noroeste, y ahora vive en un barrio pobre en las afueras de la ciudad.

- Humillación y aislamiento -

Esta situación precaria es debida al nuevo coronavirus, que mató a mil personas en Pakistán de 48.000 enfermos. Estas cifras se consideran sin embargo muy por debajo de la realidad por la falta de exámenes de diagnóstico.

Durante más de un mes, el país ha implementado un estricto confinamiento, decretado el 24 de marzo. Aunque la medida se flexibilizó el 9 de mayo, los salones de bodas en los que se invitaba a las "khawajasiras", aún no se han reabierto.

Una residencia en Islamabad de acogida a estas mujeres transgénero, que hace unos meses albergaba a una docena de ellas, ahora cuenta con 70 de estas bailarinas. Muchas de ellas tienen que dormir en el piso.

Su fundadora, Nadeem Kashish, una maquilladora que trabaja para un pequeño canal de televisión, tuvo que rechazar muchas solicitudes. Alrededor de su residencia, la AFP vio a docenas de mujeres transgénero pidiendo comida.

"Los problemas empeorarán en el futuro. (...) La incertidumbre ha creado problemas mentales y fisiológicos", se lamenta, preguntándose si las bailarinas podrán recuperar la libertad financiera que alguna vez tuvieron.

El miedo a contraer el virus también ha empujado a muchas prostitutas transgénero a dejar de trabajar, lo que las ha arrojado a la pobreza.

"Ellas ya se enfrentaban a la humillación social. Este aislamiento adicional aumenta su estrés y ansiedad", dijo Taimur Kamal, un activista por los derechos de las personas transgénero.

Para "Dano", el final del Ramadán, que tiene lugar este fin de semana, debería estar marcado por la alegría del reencuentro y los momentos alegres con los amigos.

En cambio, pasa todo su tiempo buscando financiación para esta residencia.

"Sueño con el momento en que esta historia de coronavirus termine y yo vuelva de nuevo a festejar", suspira.

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