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Brasil/Medio Ambiente

El futuro de la Amazonia se debate en una ley

El planeta, en delicado equilibrio ante el avance agroindustrial en el área verde más grande del Mundo.
El planeta, en delicado equilibrio ante el avance agroindustrial en el área verde más grande del Mundo. Prensa IBAMA

Empresarios de la agroindustria y ambientalistas están enfrentados por el avance en el Congreso de un nuevo Código Forestal, que está destinado a regular la preservación del pulmón verde del planeta. Cómo es la batalla por las tierras cultivables. Además, la Unión Europea prohíbe el comercio de madera brasileña proveniente de tala ilegal.

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La reforma del Código Forestal, que opone a la gigante maquinaria agroindustrial -hambriento de tierras para producir más-, y a los ambientalistas - que lo consideran un retroceso en la lucha contra la deforestación-, fue aprobada esta semana en una comisión especial de Diputados y debe ser aprobada definitivamente tras las elecciones generales de octubre. Pero el debate ya está instalado.

Para el especialista Adalberto Veríssimo, del Instituto Imazon, la nueva ley es un error: “Amnistía los delitos ambientales y es un retroceso para los compromisos internacionales del gobierno brasileño de reducir la deforestación en 80% hasta 2020", afirmó.

El Codigo Forestal, que data de 1965, limita el uso del suelo que pueden hacer agricultores y propietarios rurales, al obligar a los dueños de áreas selváticas a preservar parte de su propiedad intacta, que en la Amazonía llega al 80%, y además define otras áreas sensibles a proteger, como las áreas adyacentes de algunos ríos.

Es que el punto más polémico de la reforma es justamente la amnistía a los productores que deforestaron ilegalmente hasta julio de 2008, a los que otorga 20 años de plazo para recuperar lo destruido. También es polémica la excepción a propiedades pequeñas que serán eximidas de colaborar para la preservación de grandes espacios.

Según su autor, el diputado Aldo Rebelo, "la reforma no es una amnistía, es una adaptación de la ley a las posibilidades de que sea cumplida, para que podamos regularizar el campo", dijo, al denunciar que el 90% de las propiedades en Brasil están en situación irregular por no cumplir con el Código Forestal.

El lobby empresarial también tiene quien lo defienda, inclusive en el Congreso: "Si cumpliéramos las exigencias del actual Código, estaríamos importando arroz de China, que no tiene un palmo de áreas protegidas", ha afirmado la senadora Katia Abreu, voz de la poderosa bancada ruralista en el Congreso y presidenta de la Confederación Nacional de la Agricultura (CNA). “Los agricultores de Brasil, un gigante exportador de alimentos, necesitan mucha más tierras”, aseguró Abreu.

Para la analista Laura Antoniazzi, investigadora del Instituto ICONE de Estudios del Comercio, la regularización de las propiedades no se alcanzará flexibilizando la ley ambiental, sino con mecanismos de compensación financiera que fomenten la
protección ambiental, la recuperación de las áreas de bosque devastadas y un
uso eficiente del suelo. "El argumento de que la actividad agropecuaria necesita más tierras no tiene validez científica", dijo, afirmando que Brasil tiene bastantes tierras disponibles.

Una bomba de tiempo

La devastación de la Amazonía, impulsada por la industria maderera, la agropecuaria y por la minería ilegal alcanzó un pico histórico de 27.000 kilómetros cuadrados en 2004 y cayó a 7.000 km2 en 2009, gracias a un recrudecimiento de los controles y las penas para delitos ambientales.

Se estima que la deforestación provoca 20% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2), responsables del calentamiento global, y por ello Brasil, que posee la mayor parte de la Amazonía -la mayor selva tropical del planeta- asumió el compromiso de reducir el ritmo de deforestación en 80% hasta 2020.

Mientras tanto, ambientalistas y representantes gubernamentales brasileños celebraron esta semana la decisión de la Unión Europea (UE) de prohibir el comercio de madera procedente de tala ilegal, un multimillonario negocio que lleva a la destrucción de miles de kilómetros cuadrados de selva cada año.

El responsable de Amazonas de la ONG Greenpeace, Paulo Adario, estimó que la medida "tendrá un impacto positivo para preservar la Amazonía porque la madera es la commodity (materia prima) que abre la puerta a la deforestación". Y recordó que Estados Unidos, que adoptó una medida similar en 2008, y Europa, son los grandes consumidores internacionales de madera amazónica.
 

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