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Noticias de América

Los cacerolazos tienen en jaque a Dilma Rousseff

Audio 04:55
Una manifestante durante la protesta en Brasilia, la capital del país.
Una manifestante durante la protesta en Brasilia, la capital del país. REUTERS/Ueslei Marcelino

No es la primera vez que la presidenta Dilma Rousseff tiene que enfrentarse a las protestas. Una serie de manifestaciones multitudinarias pusieron en muy mala postura a su gobierno en vísperas del Mundial de fútbol del año pasado, y hace unos meses, en abril. Una nueva ola de protestas se produjo este domingo en todo el país.

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Miles de brasileños han salido a la calle para protestar contra la mandataria. Una más de una reciente ola. Lo que es la muestra más de la impopularidad de la presidenta brasileña que ha alcanzado un record, pues el 77% de la población desaprueba su gestión.

¿A qué se debe esta impopularidad?

“Es un cuadro muy complicado desde el punto de vista político”, dice Rafael Cortez, analista de política de la consultora Tendencias, con sede en Sao Paulo.

“Es el resultado de una combinación de tres factores principales: la crisis económica, el resultado de la investigación por parte de la justicia brasileña de la llamada Operación Lava Autos y el tercero es la polarización política que ocurrió durante la elección presidencial”, apunta.

El sociólogo Jorge Werthein agrega que hasta los apoyos tradicionales de Rousseff están despecionados.

En este contexto, cada vez más se oye la palabra impeachment, o proceso de destitución.

“A no ser que los movimientos sociales y los partidos políticos, puedan sentarse a formular una estrategia consensuada, va a ser muy difícil. Cualquiera de las dos situaciones es compleja”, señala.

“Un impeachment es una situación traumática, y el no impeachment, es decir, continuar en una situación como la actual, también es traumática, porque es no es nada fácil tomar decisiones y adoptar políticas públicas apropiadas si no se cuenta con el apoyo de la población y el congreso”, añade Werthein.

Dilma Rousseff ha dejado claro que buscará revertir la crisis. “No voy a caer”, ha dicho. Queda por ver si las protestas merman o toman un impulso que la obligarían a reconsiderar su postura.
 

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