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Carrusel de las Artes

La identidad afroamericana, tema de debate en la FILCA

Audio 04:49
Encuentro con Afua Cooper en Cali.
Encuentro con Afua Cooper en Cali. Facebook FILCA

Desde Canadá hasta la Tierra del Fuego, ¿existe una identidad afroamericana? ¿Qué papel tiene en ella la memoria común de la esclavitud? ¿Conviene exigir una reparación colectiva por parte de las antiguas potencias esclavistas? Estas preguntas atravesaron las tertulias y los debates de la primera Feria del Libro y las Culturas de Cali. El acontecimiento, que tiene lugar desde el 8 de octubre y termina este lunes 12 en la segunda ciudad de Colombia, recibió para su primera edición escritores caribeños y colombianos.Un reportaje de Marie-Eve Detoeuf.

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Uno escribe en francés, otra en inglés, los demás en español… Los invitados de la primera Feria del Libro y las Culturas de Cali (FILCA) dicen que se sienten en casa. La poeta, escritora, historiadora y música jamaiquina, Afua Cooper, cuenta que se sintió “como si estuviera en Kingston, acá en Cali. Había muchas cosas que me parecieron conocidas, la manera de ser de la gente –aunque hablara otro idioma–. La comida también, me pareció muy conocida. Y tiene sentido que sea así porque son los esclavos que crearon la cocina de la región. Fueron mujeres esclavas negras que crearon la cocina de Colombia”.

¿Cómo explicar la unidad cultural? Roger Toumson, escritor de Guadalupe, pone la esclavitud en el centro de una historia y de una memoria común: “En la definición de una identidad caribeña que todos tenemos juntos, no importa la diferencia de lenguas ni las otras diferencias como, por ejemplo, la diferencia racial o religiosa, lo que importa es que hay una estructura que es la misma en todas la circunstancias históricas y en todos los contextos de la colonización, inglesa, francesa, española y holandesa. Es la estructura de la esclavitud. Tenemos una herencia común: la memoria de la servidumbre”.

Según Conchita Penilla, caleña radicada en París, especialista en literatura afroamericana y organizadora de la FILCA, la historia común de la esclavitud no borra por completo las diferencias: “Uno puede sentirse en Jamaica en Cali pero hay diferencias. Los esclavos que entraron a Colombia no eran de las mismas etnias que los que fueron a Jamaica, Cuba o Brasil. Esas etnias han mantenido mejor sus tradiciones y costumbres. Aquí, en Colombia, somos bantúes. Se siente en la música y en los ritos religiosos”.

Afua Cooper, quien hizo su tesis doctoral sobre la historia de la esclavitud en Canadá, considera que más allá de estas diferencias, el sistema de explotación de los esclavos fue uno solo: “Tal vez hubo diferencias en la manera de administrar a los esclavos, pero fue un sistema laboral, un sistema económico y sus manifestaciones fueron las mismas en todas partes, que fuera en Colombia o en Jamaica o en Virginia. Fue el robo del trabajo de la gente, fue la denigración de la negritud. Significó que todo lo negro era malo”.

El tema cobra relevancia en estos días. Los países del Caribe, a través de su organización regional CARICOM, volvieron a solicitar al gobierno inglés el pago de reparaciones por la esclavitud practicada durante siglos. El músico Gustavo Coronado no respalda esta demanda: “Para nosotros la esclavitud ya no existe. Ya como afro, tenemos derechos, tenemos educación, salud, ya nadie nos cambia nuestros nombres. Ya tenemos identidad y no tenemos por qué demandar a nadie”.

Afua Cooper explica que el derecho internacional consagra el derecho a reparaciones: “Yo vivo en Canadá donde acabamos de tener una Comisión para la Verdad y la Reconciliación para las comunidades indígenas, y el gobierno canadiense sí las ha indemnizado. Los indígenas de Alaska, los judíos, los franceses después de la Primera Guerra Mundial recibieron reparaciones. Éstas son reguladas por la ley. Es por lo tanto interesante constatar que cuando se trata de indemnizar a los negros, todo el mundo grita ‘no, no, no’. Pero no se puede hablar de perdón, de verdad y de reconciliación sin tener algo concreto que ofrecer, como una manera de decir ‘lo lamento’”. ¿Será que las potencias coloniales sí lo lamentan?
 

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