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El Papa en Chile

El Papa llega a un Chile distanciado de la Iglesia católica

Un hombre vende banderas chilenas con la imagen del Papa frente a la Catedral San José, en Temuco, Chile, el 14 de enero de 2018.
Un hombre vende banderas chilenas con la imagen del Papa frente a la Catedral San José, en Temuco, Chile, el 14 de enero de 2018. REUTERS/Edgard Garrido

La última vez que un Papa visitó Chile, fue hace 31 años. La historia era otra: el país se encontraba en medio de una dictadura, el mundo polarizado, el muro Berlín aún no caía. Y la relación de Chile con la institución de la Iglesia católica.

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Con nuestra corresponsal en Chile, Yasna Mussa.

El viaje de Juan Pablo II en 1987 se convirtió en un hito, pues el representante de una Iglesia que también estaba dividida, fue el punto de encuentro de una sociedad herida.

El sumo pontífice fue el portavoz un mensaje conciliador, en un país que necesitaba esperanzas, pero sobre todo, atención mundial para denunciar los crímenes cometidos por el régimen de Augusto Pinochet. Tres décadas después, otro Chile recibe a Francisco.

"No es malo recordar que el año 86 fueron las protestas más cruentas, reprimidas, en Chile. Por lo tanto, sobre todo en el espacio popular, la presencia de la Iglesia Católica era muy fuerte", dice Javier Romero Ocampo es sociólogo, especialista en temas religiosos, y secretario general de la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión del Mercosur. "A través de las comunidades eclesiales de base, fundamentalmente, la presencia de las parroquias populares, y ahí hay una mezcla muy fuerte entre la militancia cristiana católica con también la militancia política y había un entrecruce que era muy natural. Sobre todo en esos espacios."

Y es que en Chile, la Iglesia Católica también tuvo dos frente. De un lado, párrocos y autoridades eclesiásticas comprometidas con los Derechos Humanos. Del otro, importantes figuras de la jerarquía católica que permanecieron cercanas al régimen de Pinochet, guardaron silencio o que lo respaldaron explicitamente.

Pero entre los primeros, hubo iniciativas que salvaron vidas o lucharon durante años para lograr que se hiciera justicia. Una de ellas fue la Vicaría de la Solidaridad, creada en 1976 por el Arzobispo de Santiago, Raúl Silva Henríquez, con la intención de proteger la vida e integridad de los perseguidos políticos.

"Ibamos a ser allanados, pero la iglesia, y te voy a contar esto que yo no sé si sabe mucho, pero nosotros tuvimos acceso a lugares de la Iglesia que son bastante resguardados y ocultos, donde pudimos guardar toda la información que la dictadura quería tener", dice Luis Solervicens quien fue el encargado de Informática y del Centro de Documentación e información Jurídica durante toda la existencia de la Vicaria. "Entonces, frente a un posible allanamiento que se hablaba se iba hacer en la Vicaría. nosotros alcanzamos a retirar toda la información, por lo tanto nunca la información que tuvo la Vicaría fue puesta en duda. Nunca llegó a manos de la dictadura, porque la Iglesia en ese sentido la protegió, en el ocultamiento de esa información en lugares de Iglesia."

Solervicens cree que la visita del santo padre en 1987 caló hondo, ya que generó una expectativa transversal.

"Fue una cosa realmente conmovedora como se organizó la gente y cómo participó. Era el momento en que podía decirse algo. La verdad es que nunca pensamos que la Iglesia, y el Papa en particular por su propia exposición, iba a dar tanta posibilidad para expresarse como lo del Estadio Nacional, como lo del parque La Bandera, donde habló una pobladora, y donde dijo lo que se vivía en Chile exactamente. y aunque fue cortado por la televisión una parte de su discurso se logró escuchar y de ver", dice Solervicens.

Para el sociólogo Javier Romero, los años no han pasado en vano y esa Iglesia con una fuerte presencia en los sectores populares y cercana a sus fieles, se ha ido transformando tanto por factores locales, como internacionales.

Hoy la Iglesia tiene mucha más presencia en espacios de poder que en las bases, interviniendo en lo que se conoce como temas valóricos y siendo cuestionada por pasar el límite de sus presiones en un Estado laico.

"La relación entre el mundo popular, la política y el mundo religioso, es una cuestión que no es tan clara, que se ha ido diluyendo, por lo tanto son contextos muy distintos, son tensiones distintas. Y si uno habla del macro contexto, uno podría decir: bueno, cuáles eran las discusiones de la venida de Juan Pablo II y cuáles son las discusiones hoy en día con el Papa Francisco, son también muy distintas. Las discusiones con Juan Pablo II eran básicamente democracia o dictadura", dice Romero.

Entre los innumerables factores que diferencian ambas visitas, está también el reciente auge de las Iglesias Evangélicas, el que sin duda le ha arrebatado el protagonismo a los católicos, sobre todo en los sectores populares.

"El pobre de hoy día no es el pobre de hace 30 0 40 años. Ha ido cambiando. Sus búsquedas son bien distintas y algunas veces no pasan por la búsqueda espiritual o religiosa. y menos en la militancia en la parroquia. Están buscando otras cosas. Y se le ha ido alejando la búsqueda espiritual militante. El crecimiento, además, del mundo evangélico en el mundo popular, disputa ese terreno a la Iglesia Católica, con éxito porque se vuelve casi como contracultural", dice Romero.

Pero la Iglesia Católica tiene una cuota importante de responsabilidad, pues los sucesivos escándalos de abusos sexuales, tanto contra niños como jóvenes, generaron un quiebre en la confianza y credibilidad de la institución. Y más aún: ha tardado en reconocer los hechos, sancionar o hacer un mea culpa.

Fueron las propias víctimas del sacerdote Fernando Karadima, quien protagonizó uno de los casos más emblemáticos de abusos sexuales en Chile, quienes solicitaron reunirse con el papa Francisco durante su estadía. Sin embargo, la autoridad religiosa no accedió a la petición.

Francisco, el primer latinoamericano, el primer jesuita, será también el primer Papa que durante su visita a Chile deberá enfrentar las acusaciones en contra de su Iglesia. En él, están puestas las esperanzas de comenzar un camino de reparación, en donde sus fieles más humildes y vulnerables vuelvan a concederle a la Iglesia el lugar que tanto defendió.

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