Saltar al contenido principal

La reseña de la prensa francesa del 23 de marzo de 2018

La renuncia del presidente peruano Pedro Pablo Kuyczynski era ineluctable.
La renuncia del presidente peruano Pedro Pablo Kuyczynski era ineluctable. Reuters

Anuncios

Varios presidentes se disputan las portadas este viernes. En América latina está la renuncia del presidente peruano Pedro Pablo Kuyczynski.

Es “la maldición” de los presidentes peruanos para Libération. “Desde 1985, todos los jefes de Estado peruanos fueron acusados, juzgados o encarcelados por corrupción o crímenes contra la humanidad”, recuerda el diario.

“Pedro Pablo Kuyczynski estuvo al frente del Perú escasamente 20 meses”, subraya Libé.

“El presidente peruano en la tormenta Odebrecht”, titula por su parte La Croix. Ese mega-escándalo de corrupción “estremece a toda América latina”. “Si Pedro Pablo Kuyczynski decidió tomar la delantera y renunciar fue para no perder el prestigio que le queda”, según el diario católico.

En todo caso, la decisión de dimitir “no sorprende a los peruanos”, según Le Monde. “Es un presidente fragilizado que cae”, resume la politóloga Irene Cárdenas, citada por el vespertino.

Otro presidente, o más bien, ex presidente cuyo prestigio puede caer es el de Sarkozy. Anoche estuvo en la televisión anoche negando las acusaciones de financiamiento de su campaña 2007 con dinero del dictador libio Gadafi.

“Inculpado por el caso libio, el expresidente niega en bloque las acusaciones pero cae en aproximaciones y arreglos groseros con varios elementos de la investigación”, según L’Humanité.

Para Libération, la defensa del ex presidente tiene “varios puntos débiles” mientras que Le Figaro hace hincapié en el “contraataque” del expresidente.

En este momento, buena parte de la opinión francesa oscila entre creer la versión de Sarkozy, que dice no haber “traicionado nunca la confianza de los franceses”, y las dudas de la justicia.

Como dice Le Monde, “si tres jueces experimentados asumieron la responsabilidad de inculpar a Sarkozy, esto significa que deben tener, por lo menos, elementos sólidos. Si las sospechas de los jueces son fundadas, la deshonra que caerá sobre el expresidente lo acompañará para siempre”.

Ayer se registró un importante movimiento de protesta de los empleados de los ferrocarriles y los agentes públicos en Francia. En la portada de L’Humanité se evocan unos 400.000 manifestantes, según estimaciones de la central obrera CGT.

Es tal vez un poco optimista. La cifra estaría más cercana a un poco más de 300.000 manifestantes en toda Francia. Ahora bien, en cierto modo sí es un éxito.

“Éxito indiscutible”, según ese diario.

Le Figaro reconoce que “la cifra de manifestantes está en aumento con respecto a las dos protestas anteriores, entre otras, contra el código laboral. Cerca de cien mil manifestantes adicionales, un tercio más”.

Además, un poco más de 34% de los empleados de los ferrocarriles hicieron huelga. Hubo fuertes perturbaciones ya que había escasamente 2 sobre 5 trenes de alta velocidad (TGV) y 1 sobre 3 trenes Transilien.

Pero no se produjo el caos anunciado, según este diario.

Algunos dirigentes sindicales esperan que el descontento y la protesta social se cristalicen en abril con la huelga de los trenes, que será de 36 días a ritmo de 2 días sobre sobre 5, lo que es inédito.

La protesta en defensa de los ferrocarriles y los servicios públicos fue al mismo tiempo “una ilustración de la creciente inquietud popular con respecto a la ofensiva de Macron contra los servicios públicos pero también una prueba de un nuevo clima social en Francia”, escribe L’Humanité.

Aunque hubo ayer más manifestantes en las calles, un tercio más, como decíamos, el gobierno “no parece muy impresionado”, matiza Le Figaro.

El equipo de Macrón se limitó a decir que “escuchaba” las reivindicaciones de la gente pero sigue “determinado a continuar con las reformas”.

Sobre todo, hay varias buenas noticias para el gobierno: los sindicatos están más divididos que nunca y la unidad que han mostrado es de fachada. Además, la izquierda radical logró apropiarse de esta lucha social”.

Esto permitirá a Macron desprestigiar al movimiento y presentarse como el gran reformista en un momento en que, como también apunta Le Figaro, “los sindicatos ya no tienen tanto poder como en 1995, cuando bloquearon el país”.

Ahora bien, otros editorialistas, incluso de este diario de derecha, se muestran implacables con el presidente: “Macron se quiere demasiado a sí mismo como para estar escuchar atentamente lo que dice la sociedad”.

De hecho, en primera página de L’Humanité, ese diario escribió una frase ya célebre de Macron, que el mandatario dijo delante de jubilados: “Yo no siento la cólera en el país”.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.