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'La negociación de paz quedó mal hecha' dice vicepresidente Marta Lucía Ramírez

La vicepresidente de Colombia, Marta Lucía Ramírez.
La vicepresidente de Colombia, Marta Lucía Ramírez. Presidencia de Colombia

La vicepresidente de Colombia Marta Lucía Ramírez concedió una entrevista exclusiva a RFI en París donde asistió a la Primera Convención de Fútbol Femenino. Ramírez critica la escasa preparación del gobierno Santos al posconflicto y reitera que Maduro no es el presidente legítimo de Venezuela.

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Al cabo de casi diez meses de gobierno del presidente Duque, ¿de qué se siente orgullosa?

Es un gobierno que tiene la obsesión de trabajar para todos los colombianos construyendo un futuro diferente. Es un gobierno que tiene el compromiso enorme de acabar con la desigualdad, lo cual nunca había sido la obsesión de un gobierno (en Colombia). En cambio sí lo es para el gobierno del presidente Iván Duque y el mío. Esperamos lograrlo.

¿Y qué lamenta?

Que la gente sea tan poco tolerante, que la gente esté tan enganchada en el pasado, en los odios, en la polarización. Que no haya tanta disposición a mirar hacia el futuro como la que nosotros le estamos planteando a los colombianos. Nuestro gobierno se ha planteado mirar hacia adelante. Pero mucha gente sigue enganchada en el pasado; la clase política, casi toda, está enganchada en el pasado, en mantener al país polarizado. El presidente Duque y yo estamos con los colombianos que se levantan cada día con ganas de construir, trabajar, crear, innovar.

El caso del general Nicasio Martínez, vinculado a los casos de los falsos positivos, acaba de ser ascendido a general de cuatro soles por el Senado. Esto ha generado un gran rechazo de la oposición y ONG's. Según datos de la fiscalía colombiana, el general Nicasio Martínez en 2005 era subcomandante de una brigada que cometió varios asesinatos de civiles inocentes. ¿Cómo explica usted esto?

Lo primero que tengo que decir es que fui ministra de Defensa de Colombia, y ése ha sido uno de los más grandes honores que he tenido en la vida. Conozco profundamente el estamento militar, las fuerzas militares y la policía. He visto en cientos de miles de hombres de la fuerza pública su compromiso con servir, con proteger a la población, con proteger nuestro sistema democrático. Y siempre he creído, lo he dicho y lo he practicado, que dentro de ese cuerpo, de esa institución, la gran mayoría están a favor del respeto a los derechos humanos, del respeto a la democracia.

Cualquiera que no lo esté, debe responder ante la justicia, siempre. Y la justicia tiene que ser implacable. Porque quien tiene un rango más alto en la sociedad, tiene una mayor responsabilidad en respetar la Constitución, los derechos. Pero también me parece que toda persona se merece siempre el beneficio de la duda y un debido proceso, la presunción de inocencia. Siempre que haya pruebas que demuestren la responsabilidad de cualquiera, se le debe exigir ese respeto.

¿Acaso en el caso del coronel Nicasio Martínez no hay pruebas?

Aparentemente no las hay. Si las hubiera, pues con seguridad estaría siendo procesado en los estrados judiciales. La gente de la izquierda y la gente en Colombia es implacable con quienes tienen ese tipo de vinculaciones. Y yo sí creo que mientras no haya unas pruebas y no haya sido condenado en un juicio, hay que entender que está cumpliendo un deber patriótico, que es proteger al pueblo colombiano.

Según un informe de prensa, un tercio de ex guerrilleros de las FARC han vuelto a empuñar las armas. ¿Qué piensa de este dato?

Lamentablemente, esa negociación (del proceso de paz) quedó mal hecha porque lo que se negoció con un grupo, con un colectivo, no ha generado una responsabilidad del colectivo, sino que ha tenido siempre un tratamiento individual.

Por eso es que (los ex guerrilleros) se dan el lujo de que los que no están cumpliendo ante la JEP (Justicia Especial para la Paz, la justicia transicional), los que no están cumpliendo con mantenerse al margen de las armas, los que no están cumpliendo con romper todos los vínculos con el narcotráfico, pues sigan orondos, como si nada hubiera pasado.

Yo creo que ha debido quedar en esa negociación muy claro que el rompimiento de esos compromisos tenía consecuencias para toda la organización y así hubiera habido un mayor compromiso de los líderes, de los comandantes, por hacer cumplir a todos y cada uno de ellos con la parte del compromiso que les corresponde.

Esto también sucede como consecuencia de un gobierno (el de Santos) que se concentró solamente en el proceso, en firmar, firmar a como diera lugar el acuerdo, pero tuvo cero responsabilidad en dejar las condiciones adecuadas para implementar el acuerdo. No dejaron el presupuesto.

El gobierno Santos se fue olímpicamente sin dejar recursos en el presupuesto para pagarle a los que se desmovilizaron dos meses después. Le tocó llegar al nuevo gobierno (el de Duque) a apropiar recursos a las carreras para poder responderle a esta gente.

Ante la comunidad internacional, el gobierno Santos se hizo una gran propaganda pero llegamos nosotros y solo había dos proyectos productivos. Usted no puede tener a los ex guerrilleros al margen de las armas si no les da una fuente real de ingresos con la cual se puedan sostener dignamente. El gobierno nuestro en nueve meses ha montado 23 proyectos productivos que son sostenibles y de largo plazo. Pero estos son procesos que toman mucho tiempo.

Muchos ex guerrilleros siguen entendiendo que es mucho más rentable el negocio del narcotráfico que el de la paz. El Estado se encuentra en una situación muy difícil porque, por un lado, tiene que cumplir con todo lo que se comprometió el gobierno anterior; y por el otro, aplicar una justicia mucho más eficaz en contra de los que han incumplido.

El presidente Duque firmó la ley que sustenta el sistema de justicia surgido del acuerdo de paz con la ex guerrilla FARC. El mandatario validó las reglas para el funcionamiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Esto ocurre después de que la Corte Suprema dejara sin piso sus objeciones al sistema de justicia de paz acordado con las FARC. Pero además, esta Corte excarceló hace unos días a Santrich, excomandante rebelde pedido en extradición por Estados Unidos bajo sospecha de haber planeado un envío de cocaína después de que depuso las armas. Muchos han calificado esto de doble derrota y opinan que el presidente Duque debería darle un giro a su mandato. ¿Qué opina usted?

Gobernar para darles gusto a los unos o a los otros es muy difícil. Hay que gobernar para cumplir con la institucionalidad y con el largo plazo. Hay que entender que para el mediano y el largo plazo lo mejor que hay que hacer es que funcione bien lo que todavía es rescatable de ese acuerdo. Y el presidente sigue comprometido en que lo que es rescatable del acuerdo salga adelante. Entre otros, incorporar a los que han cumplido con los compromisos del acuerdo.

Pero por otro lado hay que hacer ajustes y por esa razón el presidente Duque ha dicho que no salieron bien las objeciones ante la Corte Constitucional porque la Corte estaba empeñada en cerrar el debate, cuando todavía había que debatir si eran o no convenientes, si esas razones de inconveniencia cabían o no. Y por supuesto que sí cabían.

Es totalmente inconveniente que quienes siguen en el negocio del narcotráfico después de haber firmado el acuerdo estén allí todavía invocando que se les den los beneficios del acuerdo. Esto es totalmente inconveniente porque es condenar a Colombia a mantenerse en el negocio del narcotráfico, y Colombia no quiere el narcotráfico porque éste le ha hecho un daño enorme.

A pesar de la presión internacional, el presidente Maduro sigue en el poder. ¿No piensa usted que es hora de que el gobierno colombiano se siente a discutir con Maduro?

Él (Maduro) no es el presidente. A mí me da mucha pena insistir en esto pero alguien que se quedó usurpando el Palacio de Miraflores no se le puede llamar presidente de los venezolanos.

A él se le acabó su mandato el día 9 de enero y se quedó allí por la fuerza. Se quedó amparado, entre otras cosas, por una fuerza extranjera conformada por muchísimos cubanos y por muchos colectivos de paramilitares.

Creo que llamarlo presidente (a Maduro) es una tolerancia que la comunidad internacional no debería tener. Colombia no tiene nada que negociar ni conversar con ese régimen ilegítimo. Nosotros en el gobierno estamos completamente convencidos de que la permanencia de Maduro en Venezuela ocupando el poder por la fuerza, sería un riesgo enorme para la seguridad de Colombia en el corto plazo.

Nosotros sabemos que él tiene (en territorio venezolano) gente de la guerrilla del ELN, que siempre tuvieron a la gente de las FARC. Todo eso con la mayor tolerancia porque son parte activa del negocio del narcotráfico. Es un régimen aupado por los peores corruptos. Lamentablemente está vinculado con muchísima gente que está en la corrupción. Colombia no puede de ninguna manera creer que haya buena fe de parte de ese régimen.

Nosotros sabemos que en el régimen lo único que hay es el interés claro de atacar el día de mañana al sistema democrático que hay en Colombia. Por esa razón no tenemos nada que conversar (con el gobierno venezolano).

Lo que tenemos que hacer es seguir apelando a la comunidad internacional para que haya cero tolerancia con ese régimen, para que se exija una transición democrática, para que los venezolanos escojan libremente quién es el presidente, como va a ser su democracia, cómo va a ser su economía de mercado.

Pero no obligar a ese pueblo a convivir con un sistema absolutamente criminal e ilegítimo como es el de Maduro.

A propósito de fútbol femenino, y ya que usted vino a París a participar en la Primera Convención de Fútbol Femenino organizada por la FIFA, hay muchos hombres pero también mujeres que ven con malos ojos que las niñas practiquen el fútbol pues consideran que no es un deporte para ellas. ¿Qué les diría usted?

Esos son mitos, como el que las niñas están bien para jugar a las muñecas pero no para patear un balón. Lo que hay que entender es que el fútbol es una práctica deportiva pero también es una competencia. Es válido que las mujeres que sientan la vocación de jugar futbol a nivel profesional, tengan abiertos los espacios para ello.

El fútbol femenino, según las cifras, tiene un potencial enorme para generar riqueza porque el entretenimiento es una de las industrias que más está creciendo en toda la economía mundial. Tiene un gran potencial para generar riqueza e ingresos, para ser un transformador, un movilizador de la sociedad pero también para incorporar valores, lo que también es muy importante.

En el fútbol, lo que la gente ve es la integridad, el juego en equipo, la solidaridad, el carácter, la defensa de la portería, de la cancha. Todos esos son valores importantes para una sociedad. En los clubes de fútbol de niños y niñas muy pequeños lo que aprenden es la disciplina, la autoestima, desarrollar la confianza, ejercer el liderazgo, tener realmente claro la necesidad de cumplir las reglas, formarse con disciplina.

Entonces yo creo que el fútbol de mujeres en tanto actividad profesional es tan válido como el fútbol profesional de hombres.

En Colombia y en el mundo hay muchas mujeres que tienen esa vocación. Lo que queremos ver es que no solamente Messi y no solamente James se ganen millones de dólares al año jugando fútbol sino que también las mujeres puedan aspirar a ganarse millones de dólares.

Además, con seguridad ellas van a incluir buena parte de sus recursos en ayudar a transformar a nuestras sociedades porque se necesita mucho de la competitividad de las mujeres sino también de la solidaridad de las mujeres por la solidaridad.

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