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Venezuela

Miles de venezolanos hambrientos pasan a Colombia todos los días

Multitud de venezolanos en el Puente Simón Bolívar para pasar a Colombia, el 9 de junio de 2019.
Multitud de venezolanos en el Puente Simón Bolívar para pasar a Colombia, el 9 de junio de 2019. Schneyder MENDOZA / AFP

Ya ha pasado más de una semana desde la reapertura de la frontera peatonal con Colombia. Desde entonces, entre 35 y 50.000 venezolanos entran cada día al país vecino, ya sea para comprar artículos de primera necesidad o para emigrar. Para ayudarlos, una cantina popular ofrece 8.000 comidas al día a los más necesitados.Un reportaje de Benjamin Delille, enviado especial de RFI a San Antonio.

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A pocas calles del Puente Simón Bolívar, cientos de personas se precipitan hacia un gran patio donde hay largas mesas de madera protegidas del sol. Se acerca la hora del almuerzo y Juan Carlos, el coordinador de la Casa de Paso Divina Providencia, una cantina popular gestionada por religiosos, acoge a la gente que entra. "La gran mayoría son venezolanos ‘pendulares’, personas que cruzan el puente por un día", comenta.

Es el caso de Orlando, un discapacitado que llegó la misma mañana desde Caracas, a más de diez horas en autobús. Prefirió hacer este largo viaje antes que quedarse mendigando en las calles de la capital: "No hay nada que comer en Caracas, ni en toda Venezuela", explica. "No hay trabajo, no hay nada. Es la primera vez que vengo aquí. Ahora, vuelvo a Caracas, pero volveré", añade.

Demasiada gente

Muchos no volverán a cruzar el puente en la otra dirección. Jesús quiere llegar a Perú caminando con su esposa y su hijo, sin un centavo en su bolsillo. "No tenemos nada, sólo la familia. Pero la situación nos obliga a abandonar nuestro país", cuenta.

Un perfil cada vez más común, según Juan Carlos: "La gran mayoría no tiene papeles. Cruzan ilegalmente. Pero para venir aquí no hay discriminación, no pedimos ningún documento".

Juan Carlos lamenta que la cantina ya no basta para todas las personas que se presentan, especialmente desde que se reabrió la frontera: "El sábado en que la abrieron, hicimos 700 almuerzos más y tuvimos que rechazar a 2.000 personas que no pudieron comer", recuerda.

Unos minutos más tarde, una vez más, Juan Carlos tiene que cerrar las puertas de la cantina, mientras varios cientos de personas siguen esperando afuera.

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