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Grandes Reportajes de RFI

Desastre ecológico en la Amazonía boliviana, una advertencia para Evo Morales

Audio 30:20
Un bombero observa la devastación causada por las llamas en el sector de Roboré, Departamento de Santa Cruz, Bolivia. El 19 de agosto de 2019
Un bombero observa la devastación causada por las llamas en el sector de Roboré, Departamento de Santa Cruz, Bolivia. El 19 de agosto de 2019 HO / Santa Cruz Province Government / AFP

Durante semanas, la Amazonía boliviana fue víctima de incendios voraces. Para este reportaje, nuestra enviada especial a la Chiquitanía, en el este de Bolivia, acompañó a cuidadanos que se movilizaron para llevar ayuda, a bomberos voluntarios, habló con campesinos indígenas afectados, con autoridades y ambientalistas sobre las causas estructurales de este desastre ecológico. 

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Realización - Pierre Zanutto. Selección musical - Paula Estañol

El crepitar violento del fuego en el suelo, en las ramas. El calor que ahoga. El humo asfixiante. Durante semanas, las llamas devoraron bosques y pastizales en la región amazónica de la Chiquitanía, al este de Bolivia.

A pesar de los esfuerzos de los bomberos, brigadistas, policías y de los soldados desplegados, cerca de cuatro millones de hectáreas fueron devastadas por los incendios: la superficie de Suiza o la gran mayoría de Costa Rica.

Frente a semejante desastre, Karen Ibáñez no quiso ni pudo quedarse de brazos cruzados. Dejó de lado su trabajo de empresaria durante semanas, para mover contactos y juntar donaciones en Santa Cruz, capital del departamento del mismo nombre, la región más amplia y pujante de Bolivia, bastión opositor al presidente Evo Morales y la más afectada por esta catástrofe.

En Bolivia, muchos bomberos son voluntarios. Tienen un trabajo aparte y dependen de fundaciones sin fines de lucro con pocos recursos. Frente a la inédita magnitud de estos incendios, este sistema ha mostrado su fragilidad. Y para Karen como para muchos otros, la respuesta de las autoridades no ha estado a la altura.

"Nosotros estamos atacando las falencias. Hay grupos de bomberos voluntarios que no tienen apoyo, por decirte un ejemplo algunos habían acordado ellos mismos poner una cuota semanal de su propio bolsillo y dejaron de trabajar casi 50 días", dijo a RFI. "Ya sea el gobierno nacional, los gobiernos municipales o la gobernación, creo que no han sido lo suficientemente eficaces para entregar las donaciones, para generar las facilidades para que el fuego se apague. El Estado ha mandado tropas sin protección, muchos de los soldados en malas condiciones, la gente de la sociedad civil los ha tenido que apoyar".

Miles de ciudadanos se han movilizado como Karen para apoyar a los bomberos voluntarios bautizados "héroes" en las redes sociales.

Focos de calor en el camino

A la Chiquitanía, viajamos con Eduardo Vaca, empleado administrativo, su esposa, un amigo y dos bomberos voluntarios. Las dos camionetas están cargadas de ayuda que juntaron a través de la plataforma "Motorazo por Bolivia": colirio, crema para las quemaduras, mochilas forestales, bebidas energizantes, comida enlatada, palas, linternas... Cinco horas de viaje de noche, en una carretera construida en 2017 por el gobierno de Evo Morales.

En la pequeña ciudad amazónica de Concepción, las autoridades y los voluntarios han establecido una base logística desde la cual parten a combatir las llamas. Al llegar se siente el humo que semanas de incendios han dejado en el aire.

Andrea Inturias tiene 30 años y es relacionista pública en Santa Cruz. Cada fin de semana entra a la Chiquitanía con un grupo de bomberos voluntarios por 48 o 72 horas. No tiene formación de bombera y se ha financiado su equipamiento de protección, pero sigue las instrucciones del líder de un grupo de bomberos certificados.

"Es muy peligroso, árboles se caen, te tropiezas, te puede pasar de todo por eso tenemos que hacer mucho caso", cuenta. "Hemos hecho de todo, hemos estado en primera línea de fuego, sofocando con herramientas, he sido encargada de llevar y traer agua para las primeras filas cuando no podíamos entrar con tanques grandes de agua". Un trabajo agotador después de una semana de trabajo en la ciudad.

"Para toda Santa Cruz y para mí también, el Bosque Chiquitano es un lugar muy importante. Cuando te enteras de que están todos en emergencia, te pones a pensar. O eres millonario para comprar cosas y donar todo, todo, todo. O tienes tus manos para ayudar", añade.

Unas pocas horas de sueño en un colchón de espuma y Andrea estará lista para este nuevo fin de semana en la Chiquitanía. En el momento álgido de esta crisis, el colegio católico que nos recibe llegó a alojar y alimentar a más de 400 bomberos voluntarios, gracias a las donaciones.

Incendios más fuertes que los años anteriores

En el patio techado del colegio, una decena de jóvenes bomberos del grupo FUNSAR Concepción recibe una parte de la ayuda que ha traído Eduardo Vaca. Los muchachos, algunos menores, visten overoles naranjos y botas de seguridad. Muchos tienen hojas secas de coca en la boca "para mantenerse firme, para que no nos dé flojera", dicen.

César Alexander tiene 17 años, lleva dos años en esta unidad de bomberos voluntarios. Dejó el colegio durante un mes para combatir las llamas. "Uno lo hace de corazón", afirma. Para él, "la experiencia fue aterradora, ver el fuego que viene y te cubre por todos lados... No sabes qué hacer."

"La verdad, año tras año nosotros combatimos incendios forestales, esta es una zona bien vulnerable a los incendios forestales", relata Juan José Rivero, comandante de la unidad. "Lo nuevo fue que la zona norte de Concepción haya ardido con esa intensidad, es un bosque más alto y más denso y por eso también fue difícil de controlar el incendio", explica. "Este año ha sido peor porque ha habido dos heladas en el año y eso ha hecho que el combustible que hay en campo tenga más facilidad de arder."

Niños enfermos y nada para sembrar

Las lluvias del primer fin de semana de octubre apagaron los últimos focos en la Chiquitanía. Pero, tras cerca de dos meses de incendios voraces, las llamas han dejado daños enormes para los campesinos.

"Nosotros guardamos las semillas en el mismo lugar donde tenemos el cultivable y ahora todo se ha quemado, no tenemos ahora nada. No sé cómo vamos a hacer para tener producción este año porque ahorita no tenemos recursos para comprar semillas", explica Donato Daza que cultiva maíz y arroz en la comunidad de El Palmar. 

El agricultor, presidente de la Junta Vecinal, viajó hasta Concepción, a 150 km de su pueblo, para pedir ayuda a las autoridades:  víveres y medicamentos, sobre todo, porque los niños están enfermos, explica Moisés Camacho, presidente del Consejo Educativo de la comunidad, que lo acompañó: "Los chicos están enfermos con mal de ojo, dolor de cabeza, dolor de estómago. Quizás se estén intoxicando a causa del humo que hubo en nuestro pueblo de El Palmar". Uno de sus vecinos, de 64 años, falleció al intentar proteger su reserva de arroz del fuego.

También se espera una fuerte escasez de agua en la zona. La poca agua que había en los estanques se utilizó para luchar contra los incendios.

Y las comunidades indígenas y campesinas sufrirán por la muerte de numerosos animales salvajes, que en tiempos normales complementan su alimentación, y por la desaparición de plantas y árboles con los que fabrican sus medicinas.

Paísajes apocalípticos

Para ver los estragos que ha causado el fuego, hay que adentrarse todavía más en la Chiquitanía. A medida que el 4X4 de Eduardo Vaca avanza por los caminos de tierra roja, el paisaje se vuelve desolador. Palmeras, tajibos, cedros con los troncos negros. Robles, curupaus calcinados... Y un silencio total. Las aves, los reptiles y los mamíferos que habitan normalmente este bosque seco tropical han desaparecido. Las llamas han callado a la selva amazónica.

Según los científicos, varios millones de animales perecieron en estos gigantescos incendios forestales, los otros huyeron y las llamas han causado daños "irreversibles" en los bosques primarios.

Críticas al gobierno

El gobierno desplegó soldados, envió aviones cisterna como el SuperTanker y un Ilyushin ruso, además de varios helicópteros para combatir el fuego.

Pero el Ejecutivo, así como las autoridades departamentales y municipales, enfrentan duras críticas. Muchos ciudadanos consideran que fueron demasiado lentos en reaccionar. Sobre todo, se reprocha al presidente Evo Morales no haber declarado el "desastre nacional".

Desde su despacho en La Paz, el viceministro de Defensa Civil, Óscar Cabrera, reconoce que hubo dificultades de coordinación, pero justifica la decisión del gobierno. "Tiene que haber dos aspectos para que se declare desastre nacional: primero que rebase la capacidad económica y segundo que rebase la capacidad técnica. En el presente caso, no se dio ninguna de las dos condiciones. Aun así, el gobierno nacional ha pedido el apoyo de la cooperación internacional, pero vía la Cancillería."

Los ambientalistas también acusan el gobierno boliviano de haber favorecido, con leyes y decretos, el avance de la frontera agrícola y la práctica del chaqueo, es decir la quema para desbrozar los terrenos. En el Bosque Chiquitano, los incendios se dispararon en agosto a causa de estos chaqueos descontrolados. Evo Morales rechazó estas acusaciones y atribuyó la magnitud de los incendios forestales al cambio climático.

Evo, de héroe a villano para los ecologistas

Con su discurso de 2009 en la ONU en favor de los derechos ambientales y de los pueblos originarios, el primer presidente indígena de Bolivia se había convertido en un adalid de los ambientalistas. Pero en la práctica, sus políticas han decepcionado a los ecologistas.

"En el primer gobierno de Evo Morales se hicieron muchas cosas en esa línea de la defensa de los recursos naturales y de la participación de los pueblos indígenas, con la consulta previa, la titulación de los territorios... Se aprobó la declaración de las Naciones Unidas como ley, íbamos muy bien", explica Hernán Ávila, director de la ONG ambientalista CEJIS en Santa Cruz.

"Pero del 2009 en adelante, después de la aprobación de la Constitución política, Evo Morales cambió de libreto y estableció una alianza con los sectores más reaccionarios de la sociedad boliviana: con el sector agroindustrial, ganadero, con la banca, los militares, los mineros y los petroleros. Esta es su base social ahora y ha gobernado para ellos en estos últimos 10 años", critica.

"Tiene todavía una narrativa pachamamista, de defensa de la madre tierra a nivel internacional, pero hacia adentro desarrolla una política exactamente contraria a eso que dice hacia fuera", concluye Ávila.

Entrevistados:

- Karen Ibañez, empresaria que coordinó ayuda para la Chiquitanía a través del grupo 'Super Paceños' en Santa Cruz
- Eduardo Vaca, empleado administrativo que coordinó ayuda para la Chiquitanía a través de la plataforma 'Motorazo por la Democracia' en Santa Cruz
- José Lazarte, voluntario que llevó ayuda a la Chiquitanía
- Andrea Inturias, relacionista pública y bombera voluntaria
- César Alexander, bombero voluntario en FUNSAR Concepción
- Juan José Rivero, comandante de la unidad de bomberos voluntarios FUNSAR Concepción
- Donato Daza, agricultor y presidente de la Juna Vecinal de El Palmar
- Moisés Camacho, presidente del Consejo educativo de la comunidad El Palmar
- Oscar Cabrera, viceministro de Defensa civil del gobierno de Evo Morales
- Miguel Nogales, ingeniero y comandante de la brigada de bomberos voluntarios GRI
- Hernán Ávila, director de la ONG ambientalista CEJIS, en Santa Cruz.

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