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Estados Unidos

Los estadounidenses ante el Watergate de Trump

Activistas contra Donald Trump frente al Capitolio en Washington, el 31/10/2019.
Activistas contra Donald Trump frente al Capitolio en Washington, el 31/10/2019. Fuente: Reuters.

El inicio este miércoles de las sesiones públicas vinculadas al proceso de destitución de Donald Trump impulsadas por el partido Demócrata ha contribuido a polarizar todavía más el ya irrespirable clima político que vive los Estados Unidos. El corresponsal de RFI en Washington recogió la opinión de ciudadanos estadounidenses sobre el proceso de “impeachment”.

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Por Xavier Vila, corresponsal de RFI en Washington

La investigación sobre el presidente estadounidense se articula alrededor de una llamada telefónica que Trump hizo el 25 de julio a su homólogo ucranio. De la transcripción de la llamada se desprende, según la acusación, que Trump presionó a Volodímir Zelenski para que le facilitara información lesiva sobre el aspirante demócrata a la presidencia estadounidense, Joe Biden. Dicen los demócratas que el mandatario condicionó sufragar ayuda militar a Ucrania a cambio de que Zelenski le proporcionara munición política contra Biden.

Trump y su entorno, en cambio, niegan que de la conversación se suscitara ese “quid pro quo”, constitutivo de delito según la Constitución. La Casa Blanca sostiene en cambio que Biden abusó de su poder cuando era vicepresidente con Barack Obama, forzando a Ucrania a impedir una investigación criminal que implicaría al hijo de Biden, Hunter, con operaciones financieras opacas cuando fue miembro del consejo de administración de una empresa energética ucrania.

Ante este entuerto la Casa Blanca se ha negado a cooperar con la investigación demócrata que investiga al presidente, asegurando que no tiene ni base ni validez constitucional. Y así, mientras los demócratas reiteran que las acusaciones contra los Biden han sido desacreditadas tanto en Washington como en Kíev, el entorno de Trump denuncia que la oposición ha sometido al presidente a una caza de brujas esquizofrénica para desposeerlo del poder que ganó lícitamente en las urnas.

Una idea –la de la persecución política- que ha galvanizado a partidarios de Trump como Dan Nelson quien, resguardándose del frío bajo la marquesina de la parada de metro de Medical Center, en el extrarradio de Washington, aseguraba que los demócratas “se están inventando las acusaciones contra Trump, y él se ha revuelto contra esta injusticia”. Nelson, de 36 años, comparte la idea que le escuchó verbalizar a Trump en un acto político que vio por televisión desde Minnesota y repite que “los demócratas quieren borrar nuestro voto, como si nunca hubiera existido. Quieren borrar nuestra voz y quieren borrar nuestro futuro. Pero fracasarán, porque en América la gente volverá a ser la que decida su futuro”.

"No hay nada malo"

Esta idea ha penetrado con fuerza en el imaginario colectivo de los partidarios de Trump. Un colectivo muy fiel convencido que los demócratas jamás aceptaron su derrota electoral en 2016 y que desde entonces han promovido una caza de brujas contra el presidente, a quien identifican como un empresario de éxito ajeno a la política y capaz de congeniar con las vicisitudes del ciudadano de a pie.

“No creo que Donald Trump haya cometido ninguna ofensa equiparable a un acto criminal o un delito y que merezca su destitución del cargo”, mantenía con firmeza Tyler Ganley, de 49 años, a las puertas de una tienda de ropa de la cadena Nordstrom Rack en la calle 19 de Washington DC. “No hay nada malo en su conversación [con Zelenksi]. A mí me da la impresión de que están convirtiendo un escándalo de Biden en un escándalo de Trump”.

Ganley ingresaba en la tienda acompañado de Shelley West, quien a sus 35 años dice estar contenta de que el presidente se mantenga firme ante críticas que le parecen desproporcionadas.

“Creo que la llamada telefónica fue sacada de contexto”, mantiene West. “Lo presentan como si [Trump] quisiera desprenderse de un rival político. Pero si Biden utilizó su cargo para el progreso de la carrera profesional de su hijo sí sería corrupción”.

Partidarios de la investigación sobre Trump, en cambio, añaden a su convencimiento de que el presidente delinquió en la llamada a Zelenski la división que dicen que se ha promovido desde el despacho oval.

“Creo que es un desastre para los Estados Unidos, hay para avergonzarse”, mantenía con firmeza Eric Radziej tras comprar en el supermercado Harris Teeter de Silver Spring, cerca de Washington. A sus 38 años Radziej añadía que “como ciudadano de este país creo que Trump ha desgraciado el cargo de presidente de los Estados Unidos. Dicho esto no sé si hay suficientes indicios para destituirlo y se debe considerar el gran riesgo político que adoptan los demócratas”.

Radziej se refería a las voces que recuerdan que llegarán antes las elecciones presidenciales del 2020 que una posible destitución de Trump, por lo que los demócratas deberían ganar en las urnas en vez de dividir al país con el proceso de destitución.

Cumplir con la ley

“¡Pero el presidente tiene que cumplir con la ley!”, mantenía indignado Scott Long a las puertas del taller donde reparan su vehículo en el barrio de Shaw. “Este presidente ha mostrado desprecio por las leyes y parece manipular la autoridad ejecutiva para sortear la autoridad del Congreso. Y es importante que el Congreso haga su trabajo y lo controle. Así que –para mí- no es tanto “vamos a destituir a Trump” como “vamos a ver si ha vulnerado las leyes”.

Los partidarios de destituir a Trump justifican también su empeño en el agotamiento ciudadano y la tensión extrema que –dicen- ha promovido el presidente entre la ciudadanía.

“Necesito un respiro”, añadía Long. “Cuando no es un mensaje en Twitter es un ataque furibundo o una noticia aberrante. Vivimos una ansiedad nacional”, recalca.

No parece que la emisión televisada de la investigación sobre Trump contribuya a relajar este clima de polarización extrema. A ello hay que añadir que la campaña electoral está a punto de empezar. Washington se prepara para un nuevo Watergate. El Watergate de Trump.

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