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ENTREVISTA

Estallido social en Chile: ¿por qué la policía es tan violenta?

Enfrentamientos entre policías y manifestantes el 16 de Noviembre de 2019, Santiago de Chile.
Enfrentamientos entre policías y manifestantes el 16 de Noviembre de 2019, Santiago de Chile. © AFP

Saqueos, incendios, enfrentamientos... Desde hace más de 40 días, los Carabineros de Chile enfrentan una violencia social inédita en las calles que los ha puesto en jaque. Además, organismos internacionales han denunciado "graves violaciones a los derechos humanos" por parte de la policía en la represión de las protestas: golpizas brutales, tortura y violencia sexual. Con sus 60.000 agentes, la institución policial sufre de una fuerte crisis de confianza en la ciudadanía. Para entender las raíces de esta situación, RFI entrevistó a la socióloga Lucía Dammert, experta en seguridad ciudadana de la Universidad de Santiago.

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RFI: ¿Los niveles de violencia que está enfrentando la policía chilena desde hace más de un mes en las calles son sin precedente desde el retorno de la democracia?

Lucía Dammert: Sí, sin duda. La cantidad, la magnitud, la temporalidad, la duración de la violencia que se ha experimentado en Santiago, así como las manifestaciones sociales, no tienen precedente desde los años 90.

¿Está preparada y capacitada la policía chilena para este tipo de escenario de crisis social y de violencia social?

No, yo creo que difícilmente alguna policía del mundo estaría preparada para seis o siete semanas de enfrentamiento continuo. Pero además de eso, hay que reconocer que los primeros cinco o seis días la policía actuó de forma errática, poco profesional y con niveles de excesos que llevaron justamente a aumentar la cantidad de violencia por parte de los jóvenes y los manifestantes. Y se generó una espiral importante.

No es solamente un tema de formación y entrenamiento, tiene que ver también con muchos años donde las policías han sido muy poco controladas por parte del poder civil.

¿Es una violencia distinta? El vocero de Carabineros dijo a la Agencia France Presse que antes del 18 de octubre, fecha en la que estalla esta crisis, los enfrentamientos involucraban, según él, a alrededor de 300 personas y que desde entonces son 3.000. ¿Hay grupos más organizados, preparados esta vez?

Sí. Esta movilización ha tenido diferentes etapas. La primera etapa fueron las primeras dos semanas donde muchos ciudadanos salieron a marchar, a criticar al gobierno, tocaban las cacerolas, estaban día y noche en las calles. Es en ese periodo donde se llama al toque de queda, donde salen los militares y donde, si bien hay niveles importantísimos de violencia también, aparecen los muertos, aparecen los heridos por parte de los perdigones de la policía. Y allí hay un enfrentamiento sustantivo de mucha gente con la policía, en marchas de 100.000 personas, 50.000 personas, 10.000 personas. [Nota del editor: A esta hora la crisis en Chile ha dejado 23 muertos, de los cuales cinco atribuidos a las fuerzas de seguridad, y cerca de 300 personas con heridas oculares causadas por estos perdigones, entre ellos dos personas ciegas.]

¿Esto se ha ido reconfigurando?

Sí, en las últimas semanas, tenemos grupos de entre 3.000 y 5.000 personas que, en las noches, en diferentes puntos del país, pero principalmente en la ciudad de Santiago, ejercen una violencia mucho más vinculada a saqueos, robos y también incendios. Tendría que ver más bien con un grupo, no sé si tan político, pareciera que más bien contestatario. Algunos los llaman criminales, anarquistas, en realidad hay una mezcla que es difícil de describir.

Y por supuesto la policía previamente había enfrentado la administración de movimientos masivos como marchas, que duraban un par de horas, y luego el enfrentamiento con pequeños grupos de 200 o 300 personas. Pero nunca algo de esta dimensión.

Varios organismos internacionales han denunciado graves violaciones a los derechos humanos por parte de Carabineros en la represión de estas protestas y en las detenciones: golpizas brutales, violencia sexual, tortura. ¿De dónde viene esta forma de actuar de la policía chilena?

La policía chilena generalmente ha sido muy bien evaluada por la ciudadanía. Esos niveles de aprobación llevaron a que la política, en los últimos 30 años, los haya apoyado sistemáticamente en el aumento de la dotación del personal, del presupuesto, etc. Esto los fue fortaleciendo. Y esta fortaleza institucional vino de la mano con muy poco control social.

Cada vez que había alguna situación de violencia, de corrupción o un abuso innecesario de la fuerza, los casos terminaban entre comillas resueltos porque la policía sacaba a la persona que estaba involucrada o la investigación se quedaba en nada. El mundo de la política francamente tenía muy poco control.

Violaciones a los DDHH: " Lo que estamos viendo es la masificación de situaciones que ya venían ocurriendo desde hace 20 años "

Un policía antidisturbios dispara hacia los manifestantes durante una protesta en 22 de Noviembre de 2019 en Santiago.
Un policía antidisturbios dispara hacia los manifestantes durante una protesta en 22 de Noviembre de 2019 en Santiago. CLAUDIO REYES / AFP

Hoy día, lo que estamos viendo es la masificación de situaciones que ya venían ocurriendo. Hay informes del Instituto Nacional de Derechos Humanos, de diversas universidades, incluso informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que van demostrando que, en los últimos 20 años, hubo uso excesivo de la fuerza con el pueblo mapuche en el sur de Chile, que hubo situaciones de vejámenes contra jóvenes en algunas marchas, que hubo uso innecesario de bomba lacrimógena, de agua con químicos... Pero como eran situaciones mucho más puntuales y momentáneas, el mundo político no les tomó el peso que debería haberles tomado, y por ende nunca se generaron las reformas o las modernizaciones necesarias.

Si te pones a pensar, recién a inicios de este año 2019 se sacó del protocolo el desnudamiento de los detenidos. Hay una responsabilidad política muy importante, porque los policías han mejorado en algunas cosas, han mejorado sus protocolos, pero después nadie revisaba sus prácticas.

¿Esta violencia, que ahora salta a la vista, tiene que ver con la dictadura? ¿Carabineros es una institución que tiene todavía las huellas de un régimen militar?

No. Yo creo que eso sería una explicación bastante más sencilla, tal vez incluso más fácil de digerir.

En realidad, ésta es una institución que se consolidó, en sus prácticas y capacidades y poder, durante la democracia. Carabineros siempre fue una institución de carácter militar, participó en la junta de la dictadura y jugó un rol en la violación de derechos humanos. Pero entramos a la democracia y no se la reformó. Se la dejó estar, dándole altísimos niveles de autonomía. Es una policía militar y hasta hace siete semanas, antes de esta crisis social, tanto el mundo político como parte importante de la ciudadanía, encontraba bueno que tuvieran disciplina. Lo que hubo acá es una lamentable forma de no querer ver lo que algunos sí veían y criticaban. Y ahora se cayó por completo este castillo imaginario que tenía la política sobre su acción policial.

Uno de los puntos que usted mencionó es la impunidad de los agentes que están denunciados en casos de violaciones de derechos humanos. En el documento que usted redactó con otro académico, sobre cómo reformar esta institución (disponible aquí), hablan de test de drogas. ¿Qué significa? ¿Qué integrantes de la policía chilena actúan bajo el efecto de estupefacientes?

No. Significa que hay una duda razonable y que hay unas teorías e hipótesis de mucha gente que está en las calles, de quienes controlan a los policías. Y vemos que, en los controles a los policías, se requiere avanzar mucho más en ver cómo realizan sus labores, quiénes están haciendo los entrenamientos, cómo se hace la formación o qué tipo de exámenes aleatorios de salud se les está haciendo, cómo se desarrollan sus actividades, y, sobre todo, cómo se forma a las fuerzas especiales. Son aquellos que enfrentan mucho la violencia y por supuesto se han visto sobrepasados. Esto ha llevado también a que se saque a la calle a gente que no tiene ninguna formación en términos de enfrentamiento ciudadano.

Por lo menos hay que empezar a revisar cómo han soportado estas siete semanas de trabajo 16 horas al día, y lo que está trayendo también como consecuencia para la policía uniformada.

Hay un agotamiento probable...

Posiblemente. Uno de los problemas que trae la policía en Chile es que tiene altísimos niveles de opacidad. La ley orgánica de la policía está en la Constitución que dejó Pinochet. Y, por ejemplo, toda la información policial está en estado de secreto. Entonces uno no sabe casi ni cuántos policías hay en Chile, porque carece de los mecanismos reales para poder mirar los datos. Y tampoco sabemos muy bien lo que está pasando ahora. Algunas informaciones que han salido hasta ahora dicen que ya más de 2.000 policías han pedido licencias médicas por la situación que han vivido.

La crisis actual nos demuestra la carencia de un verdadero conocimiento de una institución que es clave para la democracia.

¿Qué se debe reformar en la policía chilena para que esté más preparada y que enfrente las situaciones como éstas, con movimientos sociales y violencia en las calles, respetando los estándares de derechos humanos?

En este momento de crisis, hay medidas de corto plazo que se tienen que tomar. Entre ellas, tiene que haber una presencia del gobierno, de los civiles, de observadores, de fiscales en las comisarías para asegurarse que la información está siendo bien recibida. Debería haber una reevaluación inmediata del uso de las armas no letales para ver lo que está pasando. Se debería además consolidar un grupo específico de investigación, junto con la Policía De Investigaciones (PDI), que permita avanzar en investigación criminal contra los grupos que están robando y saqueando hace ya varios días en Chile.

Santiago de Chile, el 15 de Noviembre de 2019.
Santiago de Chile, el 15 de Noviembre de 2019. REUTERS/Goran Tomasevic

Se podría avanzar también en revisar cuáles son los protocolos de enfrentamiento contra los manifestantes. En Chile se tiene que pedir permiso para poder marchar. Entonces si 20 personas se ponen en una esquina y no han pedido permiso, la policía puede venir y sacarlos por la fuerza. Este es un protocolo que hay que revisar urgentemente.

Ahora en el mediano y largo plazo, uno necesita revisar las diferencias de escalafón que tiene la policía, los códigos de conducta, los códigos de definición de personal... Hay que avanzar también en el código de uso de la fuerza. Avanzar con todos los protocolos que le dan a la policía niveles de discrecionalidad importantes. Y por supuesto, en la Asamblea constituyente, hay que proponer la salida de la ley orgánica de la policía de la Constitución. Porque hasta ahora para hacer cualquier cambio se requiere la mayoría de los 2/3 en el Congreso, cosa que nunca ha habido.

También hay que disminuir los niveles de centralización del poder en Carabineros. El general director toma decisiones desde ascensos hasta compras hasta localizaciones. Tiene un poder enorme dentro de una institución totalmente jerárquica y dividida. Lo que ha demostrado esta crisis es que a la institución policial no se la puede modernizar, sino que se la tiene que transformar.

Existe además una crisis de confianza en esta institución. Según la última encuesta Cadem de mediados de noviembre, el apoyo ciudadano a Carabineros pasó de un 61% antes del estallido social a un 38% hoy día...

También venimos de una situación de crisis de la institución. Parte importante de lo que está pasando hoy es porque, hace un año, la policía mató a un joven mapuche y trató de disfrazar este asesinato como un enfrentamiento. Y la ciudadanía fue testigo presencial de este proceso. Fue un proceso muy doloroso para muchos, donde la policía inicialmente dijo que había habido fuego cruzado, que había balazos, etc. Y finalmente, solo porque hubo una persona que acompañaba al joven comunero Camilo Catrillanca, se supo que esto era un montaje y que todo era mentira. Creo que eso también ha enfurecido a la ciudadanía y le ha quitado mucha legitimidad a la policía. Más allá incluso que el escándalo del llamado "Pacogate", donde se encontró que los oficiales se habían coludido para estafar al Estado y robar más o menos diez millones de dólares de las arcas del Estado. Estamos frente a un proceso de descomposición de la institución policial y con esta crisis, estamos viendo la última gota que rebalsó el vaso.

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