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Elecciones en Estados Unidos

Warren o Sanders: la grieta demócrata que favorece a Trump

Elizabeth Warren y Bernie Sanders durante el debate del 14 de enero en Des Moines.
Elizabeth Warren y Bernie Sanders durante el debate del 14 de enero en Des Moines. REUTERS/Shannon Stapleton

La oposición estadounidense empezó el lunes el proceso electoral interno para elegir a su aspirante a la Casa Blanca. Si bien Joe Biden parece el mejor ubicado para ganar en noviembre, el entusiasmo de los activistas demócratas se concentra en el sector radical del partido, dividido por el duelo entre los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren. ¿En qué se asemejan y cuáles son sus diferencias? ¿Qué significan estas opciones a la hora de medirse con Donald Trump? El informe desde Washington.

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El Partido Demócrata arranca el 3 de febrero en Iowa su proceso de elecciones primarias encaminado a coronar al candidato que se enfrentará a Donald Trump en los comicios presidenciales de noviembre. Los votantes afrontan en este ciclo electoral un dilema apasionante. ¿Hay que votar al candidato preferido o al más elegible para derrotar a Trump?

El dilema yace en la variedad de opciones ideológicas de un partido que vive una crisis existencial sobre el modelo de sociedad a ofrecer a la ciudadanía. El debate se envenena si a este dilema se le añade la presión para apartar de la Casa Blanca a un Trump que este colectivo considera una amenaza existencial para el país.

Todos los aspirantes proponen políticas a la izquierda incluso del anterior presidente demócrata, Barack Obama. Pero el partido vive una grieta evidente entre los adscritos a posiciones consideradas centristas o de consenso, como el ex vicepresidente Joe Biden, la senadora Amy Klobuchar o los ex alcaldes Pete Buttigieg y Michael Bloomberg, y el alma más progresista encarnada en los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders.

Y la lucha entre Warren y Sanders ha degenerado hasta aflorar una brecha profunda que sólo favorece al presidente Trump.

Warren recaba apoyos sólidos en la comunidad universitaria y entre los intelectuales progresistas. Sanders alberga más apoyos entre la juventud –entregada a un septuagenario autocalificado de socialista y recién salido de un infarto de miocardio-, la clase trabajadora y un activismo social y económico que demanda un nuevo contrato social que regule al capitalismo.

“Lo que me mueve es sacar a ese loco de la Casa Blanca”, decía a RFI a las puertas de un supermercado en Washington Debbie McAllister, fiel seguidora de la senadora Warren. “Y sólo lo conseguiremos uniendo al partido bajo el manto de Warren”. McAllister reproducía así el mantra predicado por la senadora, que se presenta como la mejor alternativa para satisfacer a las dos almas del partido.

Una postura de la que –a pocos pasos del centro comercial- discrepaba en parte Mark Mellman, fiel votante del senador Sanders: “Los demócratas creemos que no hay nada más importante que reemplazar a Donald Trump. Muchos demócratas no estamos en desacuerdo con la senadora Warren, pero sí que nos preocupa mucho su capacidad de derrotar al presidente”.

Coincidencias y diferencias

Sanders y Warren apuestan por una cobertura pública universal de salud al estilo europeo, pero difieren en la carga impositiva sobre las empresas para financiarla. Sanders sostiene que su propuesta es más progresista porque obliga a tributar más a quien emplee a trabajadores con sueldos más altos. Hablando de impuestos, Sanders propone gravar progresivamente a las grandes fortunas, mientras que Warren prefiere imponer ya gravámenes del 2% sobre todos los activos por encima de 50 millones de dólares y del 6% sobre los que superan el billón de dólares.

Warren pide aumentar el número de magistrados en el tribunal supremo, algo a lo que Sanders se niega. El senador dudó en secundar la investigación que conllevó al proceso de destitución de Trump, mientras que Warren lo apoyó desde del principio.

Pero más allá de estas discrepancias –que no empañan una aproximación compatible en los grandes temas de Estado- el último caballo de batalla entre Warren y Sanders se ha dirimido en términos de sexismo.

“A aquellos que digan que una mujer no puede ganar a Trump yo les digo: ¡no sabéis lo que decís!” nos aseguraba irritada Michelle Wu camino del trabajo. “Trump es el enemigo, y Warren lo puede derrotar”, añadía Wu a remolque de la polémica generada después de que Warren sostuviera que Sanders le dijo en 2018 que una mujer no podría ganar a Trump. Sanders lo negó en el último debate electoral pero la discusión agrietó la relación entre dos senadores que compiten ferozmente por la misma porción del electorado.

“Tengo una admiración tremenda por la senadora Warren”, nos comentaba la empleada Ro Khanna a las puertas de un céntrico centro comercial. “Pero el foco”, añadía, “se debe poner ahora en quién está en mejores condiciones de ganar a Trump. Y Bernie es insuperable en ese sentido. Bernie es la revolución política que necesitamos”.

Si atendemos a las encuestas los demócratas necesitan al ex vicepresidente Biden para ganar a Trump. Y no porque Biden desprenda la energía de los seguidores de Sanders o la firmeza de los de Warren, sino porque –según esas encuestas- es quien más opciones tiene de derrotar a Trump.

Se impone el criterio de elegibilidad.

Claro que este es el mismo criterio que acompañaba a Hillary Clinton en 2016. Que aquella elección se fuera contra todo pronóstico a Trump es el mejor indicador que –a veces- las encuestas distan mucho de la realidad.

Entretanto la grieta demócrata está abierta. La mejor noticia para Trump.

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