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China

China: Xi Jinping o la ‘putinización' del poder

Xi Jinping (derecha) y su "Zar anticorrupción", Wang Qishan, en marzo de 2015, en Pekín.
Xi Jinping (derecha) y su "Zar anticorrupción", Wang Qishan, en marzo de 2015, en Pekín. REUTERS/China Daily/File Photo

Unos cuatrocientos políticos, los hombres y mujeres más poderosos de China, se reúnen en cónclave a partir de este 24 de octubre. En este sexto plenario del Comité Central de Partido Comunista Chino (PCC) se abordará la “disciplina” del partido, pero, de manera extraoficial, surge la cuestión del sucesor del secretario general.

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Por Heike Schmidt, corresponsal de RFI en Pekín

Una vuelta por el mercado de pulgas de Panjiayuan, al sur de Pekín, basta para darse cuenta del culto de la personalidad del hombre fuerte de China. Los platos con el rostro de Xi Jinping, secretario general del Partido comunista y presidente del país, se venden como pan caliente a 10 euros la unidad.

“Vendo mucho del presidente Xi Jinping -se felicita la empleada-, lucha contra la corrupción y piensa en el pueblo, así que lo llevamos en el corazón".

Con una gran sonrisa, una mujer de unos 50 años, toca el retrato del presidente con la mano y asegura: “No tenemos el derecho al voto, pero, para mí, si se queda en el poder es lo mejor”.

Lo mismo opinan en el puesto del al lado Chen Guangfu que, trapo en mano, saca brillo a los retratos de porcelana de Xi, alineados junto a los del Gran Timonel: “Aquí está el presidente Mao, fundador de China, y aquí, Xi, quien nos ha guiado hace la felicidad. Gracias a él, China es próspera y fuerte hoy en día”.

“Xi Jinping admira mucho a Mao”

Desde que tomó el control del Partido Comunista en noviembre de 2012 y las riendas del país en marzo de 2013, Xi Jinping se ha ocupado de consolidar su poder. El partido, la Policía, el Ejército, la propaganda e incluso la sociedad civil, todo está en manos del el número 1 chino. Es algo que no ocurría desde la época de Mao, estima Eric Meyer, autor de varios libro y editor de la newsletter semanal Le vent de la Chine.

“Xi Jinping admira mucho a Mao. Durante 25 años, bajo Deng Xiaoping, el PCC estuvo paralizado por la falta de consenso y por la prohibición de un hombre fuerte. Xi Jinping quiere ser ese hombre fuerte para que las cosas cambien y romper el glaciar de los privilegios establecidos”, asegura.

En toda oportunidad, el número uno chino repite: “No hay ningún corrupto que pueda esconderse en el seno del Partido Comunista”. Entre tres años, un millón de los 88 millones que cuenta el partido fueron sancionados y, entre ellos, decenas de cuadros importantes, llamados los “tigres” en la jerga del partido, como el ex jefe de la Seguridad Pública Zhow Yongkang, quien, como una decena de otras personalidades, pasará el resto de sus días detrás de rejas, pese a un acuerdo no escrito que exime de caer en desgracia a los ex altos dirigentes.

“Hoy está aislado y es impopular entre los suyos”

Por supuesto, esta campaña anticorrupción seduce a la opinión pública, pero según Nicolas Bequelin, director para Asia del Este de la ONG Amnistía Internacional, Xi Jinping lo usa para sacarse de encima a sus rivales y acallar toda oposición interna.

“Hay un efecto de miedo y de intimidación en esta campaña que se encuentra extremadamente teñida de oportunismo político (…) y entonces, todos esperan para saber para dónde va el viento. Sobre todo se trata de no cometer errores”, explica.

Esta purga en el seno del Partido Comunista desató una guerra fratricida sin piedad en los escalafones del partido, según el historiador y gran conocedor del PCC, Zhan Lifan.

“Xi Jinping atacó los privilegios de sus rivales. Hoy se encuentra aislado y es impopular entre los suyos. Pero como son corruptos, los tiene por el cuello”, subraya.

Según este investigadores independiente, los cuadros del PCC encontraron una estrategia: “Hacen de cuenta que ejecutan las órdenes, pero en realidad las obstruyen”, una parálisis que bloquearía hoy cualquier reforma lanzada por Xi Jinping.

El sexto plenario que reúne a unos 400 miembros del Comité Central en sesión plenaria servirá de barómetro al secretario general. Después de cuatro días de cónclave, sabrá en efecto mejor si controla sus tropas y puede contar con sus apoyos para permanecer en el poder.

“Su modelo es Vladimir Putin”

Después de dos mandatos, Xi Jinping debería normalmente retirarse en 2022, pero el historiador independiente Zhan Lifan está convencido de que se aferrará al poder por miedo a una revancha por parte de sus rivales. “Cuanto más poder acumula y más presión ejerce sobre los cuadros, más le será imposible jubilarse. Esto lo expondría demasiado a una revancha. Su modelo es Vladimir Putin. Aprende sus técnicas y explota sus experiencias para mantenerse en el poder”, afirma.

Sin embargo, en 2022, Xi Jinping tendrá 69 años y una regla tácita obliga a todo secretario general a retirarse a los 68 años. Podría entonces empezar por abolir la regla de “el 7 sube, el 8 baja”, es decir que a los 67 años se es promovido y a los 68 se jubila. Si autoriza a Wang Qishan, su fiel soldado y “Zar anticorrupción” a permanecer como miembro del Comité Permanente, cuando se supone que debe retirarse, esto crearía un precedente para Xi, quien a su vez podría beneficiarse con  esto para seguir más allá de la edad límite.

Es en el 19° Congreso, previsto para fines de 2017, en el que se se espera que sea reconducido como secretario general, que Xi Jinping deberá normalmente designar a su sucesor. El problema es que, hasta ahora, no hay ningún heredero a la vista.
 

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