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Enfoque Internacional

Dos años después del éxodo, los rohinyás padecen la misma miseria y exclusión

Audio 02:43
Cerca de 200 mil rohinyás manifestaron en el campo de Kutupalong, en Bangladés, para exigir justicia y conmemorar los dos años de su éxodo forzado.
Cerca de 200 mil rohinyás manifestaron en el campo de Kutupalong, en Bangladés, para exigir justicia y conmemorar los dos años de su éxodo forzado. REUTERS/Rafiqur Rahman

Hace dos años, más de 740 mil rohinyás llegaban a Bangladés huyendo de una brutal ofensiva militar del ejército birmano. Hoy, siguen viviendo en condiciones precarias en masivos campamentos y marginados por su ausencia de estatus legal.

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En Bangladés, varios cientos de miles de rohinyás se reunieron este domingo en Kutupalong, el mayor campamento de refugiados del mundo, para conmemorar lo que llaman el "Día del genocidio". La ONU también ha calificado de "genocidio" las persecuciones que enfrentó esta minoría musulmana hace dos años, y llamó a enjuiciar a los generales birmanos.

Hoy, dos años después de su éxodo, cerca de un millón de rohinyás siguen viviendo en una treintena de campamentos precarios en Bangladés. "Son campos muy congestionados: los habitáculos, hechos de bambú o de plástico, están separados por muy poca distancia y en ellos viven extensas familias con numeros niños", explica Igor Barbero, vocero Asia de la ong Médicos Sin Fronteras, presente en estos campos. "Es una situación precaria en la que los brotes de enfermedades son una de las consecuencias habituales."

Hombres, mujeres y niños cargan con los recuerdos de los multiples abusos por parte del ejército birmano, lo que afecta su salud mental. "Han visto a familiares y seres queridos morir, muchas mujeres han sufrido violencia sexual, han perdido sus hogares... Síntomas de ansiedad, depresión, insomnio, pesadillas son entonces algo muy recurrente en gran parte de esta población", subraya Barbero. Los afecta también la poca expectativa de poder regresar a Birmania de forma segura y digna a corto plazo, destaca el portavoz de MSF.

Hostilidad y violencia

Si la población de Bangladés primero los acogió bien, hoy los rohinyás son acusados de todos los males: el alza de la contaminación, de la criminalidad y de la pérdida de empleo. Y bandas de narcotraficantes, presentes en los campamentos, recurren a algunos exiliados como 'mulas' para transportar la droga hacia ciudades cercanas.

Sobretodo, los rohinyás siguen siendo apátridas. "No ha habido ningun avance para darles un estatus legal", denuncia la ong Médicos Sin Fronteras.

"Esta minoría étnica musulmana no tiene derecho a la ciudadanía en Birmania y tampoco se les reconoce el estatuto de refugiados en la región porque los países del sudeste asiático en los que se encuentran no son signatarios de la Convención de Ginebra sobre refugiados", explica Barbero.

"En Birmania esa falta de ciudadanía ya les sumía en una situación de racismo y de injusticia máxima, con falta de libertad de movimientos, de acceso a servicios básicos, con discriminaciones de todo tipo y violencia recurrente. Y ahora en Bangladés y otros países, esta falta de estatus de refugiado hace que tengan otro número de limitaciones como la imposibilidad de acceder a trabajos formales o educación."

Bangladés y Birmania firmaron un acuerdo de repatriación. Pero ninguna de las 3.500 familias, seleccionadas por Naciones Unidas, ha querido regresar hasta el momento. Temen que Birmania los vuelva a internar en campos de desplazados. Y la propia misión de la ONU en Birmania reconoce que las condiciones de seguridad no están dadas para su retorno.

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