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Asia

Corea del Sur: el fenómeno de las cámaras ocultas para denunciar a jefes abusivos

Un vendedor muestra unos lentes equipados con una cámara oculta en una tienda de Incheon en Corea del Sur.
Un vendedor muestra unos lentes equipados con una cámara oculta en una tienda de Incheon en Corea del Sur. JUNG Yeon-Je / AFP

En Corea del Sur, las ventas de cámaras ocultas se están vendiendo "como pan caliente" desde la entrada en vigor de una ley que proporciona una mayor protección a los empleados que denuncian a jefes abusivos. Este problema de abuso de autoridad es endémico en Corea. Varios escándalos han aparecido en la prensa, especialmente cuando estos abusos se transmiten por Internet.

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Por Frédéric Ojardias, corresponsal de RFI en Seúl

Los dispositivos para espiar son cámaras diminutas - o grabadoras de audio - que pueden estar ocultas en un pendrive falsos, en monturas de gafas, hebillas de cinturón, relojes, encendedores o llaves del coche.

Pero el modelo más vendido es la cámara escondida en un bolígrafo, explica un vendedor surcoreano a la agencia de noticias Reuters. El vendedor agregó que estos productos han estado vendiendo "como pan caliente" desde que una nueva ley entró en vigor el 16 de julio.

La ley castiga a los jefes que abusan de su autoridad con sus empleados, sometiéndolos a violencia física o verbal. Toda represalia o medida punitiva contra un empleado que haya denunciado a su superior por tales actos se castiga a partir de ahora con tres años de prisión.

Por lo tanto, los empleados utilizan las técnicas de James Bond para registrar las fechorías de sus jefes y también pueden encontrar asesoramiento jurídico gratuito en un foro en línea creado por abogados. Señalan que el número de solicitudes relacionadas con el acoso en el lugar de trabajo ha aumentado drásticamente desde que se aprobó la nueva ley.

La sociedad surcoreana es muy jerárquica; el respeto por la autoridad y la antigüedad es un valor cardinal. Pero algunas personas se aprovechan de ella, y el problema del abuso de autoridad, tanto en el lugar de trabajo como en la vida cotidiana, es tan endémico que se le ha dado un nombre: "gapjil".

En los últimos años, varios escándalos de “gapjil” han aparecido en los titulares de la prensa y su impacto ha sido tanto mayor cuanto que muchos de estos abusos han sido discretamente grabados y luego transmitidos en internet.

Entre ellos, figura el caso de Yang Jin-ho el año pasado: un jefe que obligó a un empleado a pararse derecho mientras lo golpeaba en la oficina frente a otros empleados que estaban mirando sin pestañear. La escena, de gran violencia, fue transmitida por Internet.

En el caso de Yang Jin-ho el año pasado, un jefe que obligó a un empleado a pararse derecho mientras lo golpeaba en la oficina frente a otros empleados.

El caso ha causado tal conmoción que está en parte en el origen de la nueva ley, apodada "ley Yang Jin-ho". Otro famoso caso “gapjil” es el de la heredera de Korean Air, que obligó a un avión a regresar a su puerta de embarque porque sus nueces no habían sido servidas en un platillo.

También está el caso de la hija de 10 años de un magnate de la prensa local, grabada cuando insultaba a su chofer privado de 57 años.

Mientras que esconder una cámara en el nudo de la corbata -o en cualquier otro lugar- podría disuadir a algunos jefes abusivos, el problema es que estas tecnologías de vigilancia también tienen usos criminales: los voyeurs las esconden en lugares públicos, como baños y saunas, para filmar a las mujeres sin su conocimiento. Un voyeurismo de alta tecnología que también se está volviendo endémico en Corea del Sur.

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