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Mundo Ciencia

Bancos de biodiversidad: ¿la naturaleza tiene precio?

Audio 09:39
D.R

La destrucción de la biodiversidad en el planeta es un hecho, y frente a ella se crearon en los años 80, en Estados Unidos, mecanismos de mercado con la intención de conservarla en territorios tanto privados como públicos. En el contexto de esta lógica, surgieron los mercados ambientales, los denominados bancos de biodiversidad. 

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Para algunos constituyen una opción adecuada, mientras que para otros son controversiales y hasta nocivos.

Permiten la compensación de los daños ambientales que produciría, por ejemplo, la construcción una obra de infraestructura, por medio de la ejecución de proyectos de reparación, ya sea en el mismo lugar o en otro semejante. En ese caso, la misma empresa constructora puede realizar la recuperación de la zona intervenida, o similar, e incluso puede pagar a alguien para que lo haga. Es así como toma forma el mecanismo de los bancos de biodiversidad.

Los promotores de los bancos de biodiversidad los ven como instrumentos de un desarrollo respetuoso del ambiente y como una forma racional de promover su conservación. Por el contrario, los críticos de este sistema consideran que comporta el riesgo de que el mundo de las finanzas extienda su control sobre los recursos naturales; señalan además que considerar a la naturaleza como una mercancía es un desatino.

La base de la lógica de los mercados de biodiversidad parte de la idea de que la naturaleza ofrece servicios ambientales y de que, en el caso de la conservación, es a esos servicios a los que se tiene que atender.

Actualmente, existen alrededor de seiscientos bancos de conservación en el mundo, la mayoría en Estados Unidos y unos cuantos en Europa Occidental y en Australia. Hay diversos hábitats y especies concernidas por estos mecanismos de conservación: bosques, playas, humedales, perros de monte, cáctus, lagartijas, moscas. Entre toda esa diversidad, el tratamiento que se da a las semillas de alimentos y a las aplicaciones medicinales constituyen temas sensibles.

Quizás uno de los principales problemas de los bancos de conservación es la propiedad de esos recursos y la adjudicación de un precio.

Se plantean muchas interrogantes en torno a estos asuntos. ¿Qué tipo de hábitats y qué especies se escogen para la conservación? ¿Quién hace la selección? ¿Es fácil encontrar zonas de remediación que realmente compensen las afectadas? ¿Es posible garantizar la conservación a largo plazo? Pero sobre todo cabría preguntarse si es posible cuantificar la biodiversidad.

Entrevistados: David Alvarez García, director ejecutivo de Ecoacsa, Reserva de Biodiversidad; Henk Hobbelink, coordinador de Grain, organización internacional ambiental y social.
 

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