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Un hospital de campaña para cientos de refugiados rohinyás desamparados

Los médicos de la Cruz Roja atienden a una mujer rohinyá en el hospital de campaña montado en el campo de refugiados de Kutupalong, en Bangladés, el 22 de octubre de 2017
Los médicos de la Cruz Roja atienden a una mujer rohinyá en el hospital de campaña montado en el campo de refugiados de Kutupalong, en Bangladés, el 22 de octubre de 2017 AFP
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Kutupalong (Bangladés) (AFP)

El bebé rohinyá de ocho meses estaba al borde de la muerte por pulmonía cuando su familia lo llevó al nuevo hospital de campaña de la Cruz Roja en los campos de refugiados del sur de Bangladés.

"Si hubiera llegado sólo una hora más tarde, no habría tenido ninguna posibilidad de sobrevivir", explica Peter Meyer, jefe de equipo de este establecimiento con capacidad para sesenta camas y del tamaño de dos campos de fútbol.

Mohamad Hares, el bebé, forma parte de los más de 600.000 rohinyás de Birmania que huyeron al vecino Bangladés para escapar de lo que la ONU considera una limpieza étnica.

Muchos refugiados están enfermos, heridos o debilitados por la desnutrición, una carga adicional para las infraestructuras médicas de este país del sur de Asia que figura entre los más pobres del planeta.

Los rohinyás siguen llegando por tierra y mar. Los médicos de la Cruz Roja atienden a hasta 200 personas por día en el hospital de campaña situado en el campo de refugiados de Kutupalong. Cuenta con una sala de maternidad, otra de operaciones y un espacio para poner los enfermos en cuarentena.

"Muchos de los pacientes tratados están débiles y cansados. Hay muchísimo agotamiento y deshidratación debido a las largas caminatas" para huir de Birmania, explica la enfermera pediátrica Hildur Svenonsdottir.

"Algunos pacientes llevan días sin comer", añade.

- Punta del iceberg -

El hacinamiento y la insalubridad de los campos de refugiados en Bangladés, que acogen ahora a casi un millón de rohinyás, favorecen la aparición de enfermedades. Las autoridades temen una catástrofe sanitaria.

Debido a la falta de infraestructuras higiénicas, la gente defeca donde puede, contaminando el agua y aumentando el riesgo de epidemia de cólera. Miles de pacientes, en particular los niños, padecen diarreas agudas.

La Cruz Roja prevé el envío de equipamiento móvil a los campamentos, que son ciudades de carpas hasta donde alcanza la vista.

"Lo que hemos visto por ahora no es más que la punta del iceberg", comenta Meyer.

Para muchos rohinyás, originarios de la región aislada y subdesarrollada de Rakáin, en el oeste de Birmania, este hospital de la Cruz Roja es su primer contacto con la medecina moderna.

"Nunca he visto un hospital como éste en toda mi vida", declaró a la AFP Halima Khatun, la madre del bebé de ocho meses que se ha salvado. "Cuando estábamos enfermos, íbamos a consultar a los curanderos de la aldea".

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