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Carrusel de las Artes

Las playas de París según el caricaturista Daumier

Audio 05:05
Monsieur y Madame Greluche en pleno baño en las afueras de París. Maison deBalzac/Roger-Viollet
Monsieur y Madame Greluche en pleno baño en las afueras de París. Maison deBalzac/Roger-Viollet

Dos siglos antes de "Paris Plages", el evento más relevante del verano parisino, los habitantes de la capital francesa ya disfrutaban del sol a orillas del Sena y hasta nadaban en el río. Ello puede constatarse en la exposición "Las Playas de París según Daumier", que se prolongará hasta el 28 de septiembre.  Honoré Daumier, genial caricaturista del siglo XIX, presenta un panorama rico y divertido de los parisinos disfrutando de su célebre río.

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Clases de natación para principiantes, zambullidas en el agua fría, baños públicos en piscinas cerradas, y uno que otro caballo refrescando su crin. Así era el Sena durante el verano hace un poco más de dos siglos. Hoy en día, los bordes del río mítico siguen siendo un lugar de encuentro, pero la natación está estrictamente prohibida.

Localizado en el muy chic distrito 16 de París, el famosísimo escritor Balzac le abre las puertas de su hogar a Honoré Daumier durante esta temporada. Su  colección excepcional de grabados cuenta lo que era el Sena a principios del siglo XIX.

"Los parisinos se bañaban, nadaban, se desplazaban en canoas. Hoy en día, no pasa nada. Tenemos la arena, el sol, la gente, todos los inconvenientes, pero no tenemos la ventaja : la posibilidad de nadar", cuenta Yves Gagneux, el comisario de la exposición y director de la Casa de Balzac.

El espectáculo del ridículo

"Lo que le interesa a Daumier es el espectáculo de la gente sin dientes, el espectáculo del desnudo un poco ridículo, los contrastes de diversas situaciones. En realidad, lo que vemos en esos grabados, no ha cambiado para nada hoy en día", agrega Gagneux.

En las piscinas más baratos los baños no son el ejemplo de la higiene.
En las piscinas más baratos los baños no son el ejemplo de la higiene.

Y es que en los grabados de Daumier, que eran publicados en la prensa, no hay ninfas esbeltas ni apolos musculosos. Solo hay hombres y mujeres ordinarios con piernas flacas o al contrario vientres bien redondos. Desde el burgués, hasta la comadre pasando por el más humilde pescador, todos son retratados con humor, sin concesión y sin maldad. Todos juntos pero nunca revueltos, las diferencia sociales y de sexo son estrictamente respetadas.

Lo que más le atrae al artista es ver los rasgos de los rostros crisparse al contacto con el agua helada. Y verlos tratando de domar las actividades acuáticas de principios de siglo. En esa época apenas se está descubriendo la natación. Saber nadar es cuestión de supervivencia, pues los parisinos se ahogan fácilmente en el Sena.

Una exposición que rinde cuenta de la evolución de este espacio y ofrece una magnífica oportunidad de reir.
 

 

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