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Carrusel de las Artes

Collioure (2), la ciudad fovista

Audio 07:08
"Barcos en el puerto de Collioure" de André Derain, 1905.
"Barcos en el puerto de Collioure" de André Derain, 1905. DR

La naturaleza colorida y salvaje de esta ciudad atrajo a los pintores Matisse y Derain, quienes fundaron en Collioure las bases del fovismo a principios del siglo XX.

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En la llamada Costa Vermella, en el sur-oeste de Francia, las montañas parecieran lanzarse al mar. Así sucede en Collioure, ciudad que abraza las aguas con su imponente malecón y su iglesia Nuestra Señora de los Ángeles. Este paisaje marítimo y montañoso a la vez, sedujo a principios del siglo XX a dos jóvenes artistas que inventaron en Collioure un nuevo estilo, explosivo, salvaje, el fovismo.

“Collioure tiene una relación muy particular con la historia de la pintura y con el fovismo. La luz y los colores del mar y de las montañas inspiraron a Henri Matisse y a su amigo André Derain, quienes descubrió aquí una nueva forma de pintar que luego se llamó el fovismo. Eso fue en el verano de 1905, pero luego otros artistas vinieron a Collioure como Dalí o Picasso”, explicó a RFI Marilyne Denohic de la Oficina del Turismo.

En ese verano de 1905, Matisse y Derain se dejaron seducir por la luz y los intensos tonos que estallan en la naturaleza de Collioure. Pero también su puerto, el castillo real y las coloridas casas de pescadores. Lejos de las convenciones de la capital francesa, los jóvenes pintores deciden utilizar el color puro, tal como sale del tubo de pintura. Esta orgía de colores suscita las críticas más acérrimas. Los llaman "animales salvajes", (les fauves, en francés), término que da el nombre de este nuevo movimiento.

En Collioure, Matisse y Derain se acompañan en el frenesí de pintar. En la actualidad, se puede visitar la ciudad a través de un “Camino fovista” que señala los lugares que inspiraron a los amigos artistas, a través de las reproducciones de algunas obras maestras pintadas en la ciudad.

Collioure, sus playas enmarcadas en los Pirineos orientales, el puerto, sus vinos y su tradición catalana y fovista también atraen cada año a decenas de miles de turistas, no sólo franceses, sino también españoles, ya que la ciudad se ubica a pocos kilómetros de la frontera.

 

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