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El Invitado de RFI

Susana Rinaldi, en París casi como en casa

Audio 23:26
Susana Rinaldi en los estudios de Radio Francia Internacional
Susana Rinaldi en los estudios de Radio Francia Internacional Foto: Jordi Batallé/RFI

La cantante argentina Susana Rinaldi acaba de volver a París, esta vez no con motivo de una cita artística, sino como agregada cultural de la embajada de su país en Francia.Exiliada durante veinticinco años en Francia, Susana Rinaldi ha conseguido conjugar una brillante carrera como actriz y cantante con su compromiso político, que le ha llevado a ser elegida diputada de la ciudad de Buenos Aires. 

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Susana Rinaldi nace en Buenos Aires en 1935, donde estudia canto en su Conservatorio y teatro en la Escuela Nacional de Arte Dramático.

¿Como se tomó tu familia eso de que su hija se dedicara a la música y al teatro?

No muy bien, porque en esas épocas tan lejanas era el papá quien determinaba las carreras y sobre todo la carrera de una hija. No lo tomaron muy bien. A mi madre tengo que salvarla de esto porque siempre me acompañó en todo lo que quise hacer. Pero la circunstancia lamentable, pero circunstancia en fin, de haber perdido a mi padre cuando era muy chica, hizo que se cumpliera mi anhelo de entrar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, donde aprendí tanto. No solo la historia del teatro universal, sino también a hacer converger dos posibilidades. La de actriz y la de cantante.

Hay muchos artistas que siguen entreteniendo y que no dicen nada. Y otros que pretendemos decir cosas que queden en la gente.


Como actriz empiezas a trabar en la radio y la televisión. ¿Participaste en radio teatros como los que describe Mario Vargas Llosa en su novela La tía Julia y el escribidor?

Sí, es cierto. Participé llevando obras de teatro a las ondas y también reducciones de grandes novelas a través de la radiofonía. He trabajado mucho en cine, radio teatro y televisión. Sobre todo a finales de los sesenta trabajé muchísimo en la televisión argentina. Esa fue la manera de darme a conocer desde ambas expresiones: la teatral y la musical. Soy música; me alegro mucho de serlo y trabajo mucho por los derechos de los intérpretes musicales, respetando, no solo los derechos, sino los posibles derechos de una familia que he ayudado a formar. Todos somos músicos. Es un estigma la música.

En aquellos sesenta y principios de lo setenta no había muchas mujeres que cantasen tango...

No, porque las que había –una fue prácticamente mi gran maestra Mercedes Simone- Azucena Maizani o La Merelo, no tenían los espacios que les acercaran vivas a la gente. Yo tuve la suerte de crear un espacio que se llamaba Café concert, en Buenos Aires y en buena parte de Argentina, donde uno se encuentra con la gente de otra manera. Esto nos ayudó a marcar otra pauta mucho más interesante en la historia del tango: la de trasladar las pasiones a lo popular, al mejor lugar que es el del pensamiento. Pensar la palabra, pensar las frases y saber por qué están escritas.

¿Es cierto que la extrema derecha, la Triple A argentina, te empujó al exilio?

Es absolutamente cierto. La extrema derecha, esté donde esté, siempre se va a enajenar frente a un artista y sobre todo si este es comprometido. Les molestaba lo que decía, lo que interpretaba. Hablaba a través de autores que habían escrito una obra de teatro. Pero esa obra, traducida, llevada a nuestro terreno, cobraba otra fuerza, con un lenguaje más vivo, mas popular, mas fuerte. Y si le poníamos el tango al lado mucho mas. Entonces arrasaba y no se podía tolerar eso.

La Triple A surgió en la época del peronismo más decadente, mas taimado. Era una forma grosera de decir permanentemente: “Si no te gusta ¿porque no te vas?", o de echarnos. Primero te echan de palabra y después te echan a patadas. Te cierran los lugares done puedes ir a trabajar, los espacios que pueden difundirte. Salgo del país por primera vez en 1975 después de haber hecho un unipersonal donde mi figura en el escenario era mucho más política que “artístico-entretenedora”. A partir de ahí vienen una serie de amenazas, que al principio me tomé como celos de determinada gente, hasta que, con la amenaza de poner una bomba donde actuaba, me di cuenta de que no era así.

¿Qué ha supuesto París para tu carrera de cantante y de mujer política?

Todo, todo. Pero primero y sobre todo la libertad. Saber que uno esta diciendo cosas y que nadie le va a esperar con un revolver detrás de una puerta, no es poco. Al mismo tiempo, tengo que destacar la intelectualidad, argentina o no, que en ese momento en Francia tenía un peso importantísimo. Esa intelectualidad, no se limitaba a Julio Cortázar. Yo recordaré eternamente a mi querido Héctor Bianciotti, gran escritor que de pronto tuvo la osadía -para nosotros- de decir en el Teatro de la Ville: “Susana Rinaldi es la voz cantante de un pueblo sojuzgado por la dictadura”. Todo eso hizo que me fuera aquerenciando. Todo me lo enseño Francia. ¿Qué quiere decir todo? Que todo estaba permitido. Y que le estaba permitido a la mujer y no solo la libertad, sino la forma de expresión, la forma de vestirse. Y eso es lo primero que un artista tiene que aprender. La manera como me ha recibido hoy Francia indica que no me han olvidado. Este país es casi como el mío. Eso no esta mal.
 

(pueden escuchar el audio de la entrevista completa)

 

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