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El Invitado de RFI

Joaquim Falcó, íconos de lo cotidiano

Audio 17:26
Joaquim Falcó en los estudios de Radio Francia Internacional.
Joaquim Falcó en los estudios de Radio Francia Internacional. Foto: Jordi Batallé/RFI

Joaquim Falcó, uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional acaba de inaugurar una exposición en la Galería Couteron de París. Su trabajo se podría emparentar con el expresionismo abstracto, aunque sus temas sean figurativos. Los objetos cotidianos que utiliza en sus cuadros, una taza o una botella de champaña o de refresco, pasados por el tamiz de Joaquim Falco, como ya lo hicieron los artistas del “Pop Art”, adquieren un carácter icónico.

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Joaquim Falcó nace en 1958, en la localidad barcelonesa de Manresa y muy pronto, a los nueve años, empieza a estudiar pintura empujado por sus padres.

¿En los años sesenta los padres querían todavía que sus hijos aprendiesen a pintar?

Si, quizás querían que fuesen ingenieros, pero no expertos en informática porque todavía eso no existía. Pero todo esto volverá cuando se cansen de las nuevas tecnologías y se vuelva a los orígenes, a la cosa artesanal. Como el arte era más apreciado en los sesenta, los padres y las madres querían que sus hijos fueran pintores. Recuerdo que con nueve años no me apetecía mucho ir a aprender a pintar, a pesar de que a todos los niños les gusta dibujar. Ir a otra escuela además de La Salle en la que estudiaba, me costaba un poco. Pero poco a poco empezó a gustarme, porque no solo me dejaban dibujar, me dejaban utilizar los tubos de óleo. Colores táctiles, luminosos, que mezclas con el pincel. Eso tan “matérico” a un niño le apetece más. Y a partir de aquí, cuando empecé a hacer mis primeros cuadros al óleo, ya me fui enganchado al arte.

Joaquim Falcó en su estudio.

¿Hubo un artista en especial que te “enganchó” definitivamente al arte?

Pues, a parte de mi maestro Estanislao Vilajosana, que tenia una edad muy avanzada y quien me enseño sus técnicas, en esa época muy tradicionales derivadas del impresionismo francés, empiezo con pintores clásicos, casi todos franceses, impresionistas como Matisse, Monet o Degas.... y luego con la edad fui apreciando las obras de Picasso. Uno empieza por lo básico y poco a poco va adquiriendo su escuela, su personalidad, y a partir de ahí haces tu cocina pictórica.

¿La muerte de Franco, cuando tenías dieciséis años, influyó en el universo artístico español?

No es que fuera muy consciente, porque en aquella época además del mundo artístico me dedicaba al deportivo. Había sido campeón de España de atletismo, en la prueba de trescientos metros. Pero sí, fue un shock. Tras la muerte del dictador todo el mundo se preguntaba qué iba a pasar. Pero poco a poco, con los años, tímidamente, se abren libertades culturales, libertades de expresión. Con un poco de miedo porque no estábamos acostumbrados. Perdimos cuarenta años de contacto cultural. Sobre todo con el arte internacional. Esto le cuesta mucho a un país recuperarlo. A través de revistas de arte extranjeras -me suscribí a Art Press de París- me puse al día de lo que se hacía en Francia en el arte y esto te ayuda mucho y te da ánimos.

Vas adoptando padres y Jackson Pollock fue mi siguiente padre adoptivo.

Cuentas que en Madrid estudias arquitectura gracias a tu práctica del atletismo. ¿Qué relación hay entre las dos cosas?

Fue un compendio de circunstancias. En aquellos tiempos el servicio militar era obligatorio, pero se podía ir como voluntario. Eran más meses, pero se podía ir antes. Yo fui con diecisiete años y tenía la posibilidad de hacer el servicio militar, estudiar arquitectura y hacer atletismo. Pero fue como el cuento de la lechera. Al cabo de unos meses empezaron los problemas. En el equipo de atletismo del ejército un coronel abolió el privilegio que permitía a los atletas seguir sus estudios. No podía ser eso de solo entrenar y estudiar. Había que trabajar y me colocaron en el Previcariato castrense. A mi me toco hacer partidas bautismales de hijos de militares....

¿Cuándo decides dedicarte profesionalmente a la pintura?

Fue al final de mi Servicio militar de vuelta a mi ciudad, a través del Círculo Artístico de Manresa, vuelvo a canalizar mi creación. Tengo que decir que en Madrid, en la pensión muy pobre en la que vivía, la lámpara era simplemente un hilo eléctrico y una bombilla que colgaba de él y cada vez que me tumbaba en la cama mi visión era esa bombilla. Se convirtió en una obsesión y fue el primer cuadro al óleo en serio que hice, porque hacía tiempo que no pintaba. Y curiosamente lo vendí en una galería de Manresa y a partir de eso ya no paré de exponer en galerías. Primero en colectivas y luego en individuales, etc.

Tienes una manera muy especial de aplicar el color, ¿te enfadarías si te calificaran de Jackson Pollock expresionista?

No, porque es uno de los pintores que me gustan mucho. Tiene algo de mítico. Denostado, típico pintor que acaba suicidándose, alcohólico, pero que a la vez crea una escuela, un movimiento pictórico y al mismo tiempo es influenciado por la pintura europea. Me gustaba la “Action painting”, fue otro camino que seguí. Vas adoptando padres y Jackson Pollock fue mi siguiente padre adoptivo. Incluso probé sus drippings y a partir de ahí pensé que podía conjugar la figuración, con esos iconos del “Pop Art”, objetos cotidianos, con el arte abstracto o el expresionismo americano. Y a partir de ahí fui perfeccionando esas dos técnicas y llegué a mi estilo actual.

(Pueden escuchar el audio de la entrevista completa)

 

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