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El Invitado de RFI

Andrés Marín, flamenco abierto

Audio 26:28
Andrés Marín en los estudios de Radio Francia Internacional
Andrés Marín en los estudios de Radio Francia Internacional Foto: Jordi Batallé/RFI

Se están celebrando en el Teatro Nacional Les Gemeaux, los Encuentros Coreográficos de Sceaux, localidad a pocos kilómetros de París.En la edición de este año destaca la importante presencia del bailarín y coreógrafo español Andrés Marín, quien presenta tres espectáculos:Rencontre, a dúo con Kader Attou, espectáculo creado en el Teatro de Chaillot durante la Bienal de Flamenco de 2013, en el que se conjugan hip-hop y flamenco.Ad Libitum (o cómo me he podido liberar), que se representa en la primera parte, y Tuetano, basado en la obra de Antonin Artaud creado en 2012 en el festival Montpellier Danse 

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Andrés Marín nace en Sevilla en 1969 hijo del bailaor Andrés Marín y de la cantaora Isabel Vargas.

¿Es cierto que empiezas a bailar con solo cuatro años?

Bueno, empiezo a jugar con el baile, porque uno imita a su padre. Pienso que el flamenco, en aquella época, estaba muy mal visto y decir “mi padre es bailaor” o “mi madre es artista”, era una profesión muy mal vista. 

¿Aprendiste a bailar antes que a andar?

(Se ríe) Bueno, aprendí primero a andar... pero quería mucho a mi padre, me gustaba lo que hacía y como todo niño mimetizaba sus gestos, empecé a bailar. Lego tuve un bache y lo dejé.

¿Tenías catorce años cuando lo dejas?

Sí, tenía catorce años cuando lo dejé y me metí a protésico dental... curioso, porque no tiene nada que ver. Como artista sufríamos de precariedad. Yo necesitaba tener dinero en el bolsillo y mis padres no me lo podían procurar. 

A través de un amigo, que desgraciadamente ha fallecido, entré en un laboratorio dental en el que trabajé hasta los veinte años, para después volver al baile. 

El flamenco había evolucionado mucho y fue para mi un choque, pero claro, lo que uno aprende de niño, de alguna manera lo retiene.

Estuve investigando, buscando dentro de mí, en mi cuerpo, porque yo siempre he pensado que el flamenco debe servir como vehículo de liberación, de libertad. Conociendo por supuesto las bases, no como mucha gente que intenta crear sin base, sin ton ni son. Eso no va a ningún lado. Hay que saber deconstruir a partir de la construcción.
 

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