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El Invitado de RFI

Erwin Schrott, Don Juan contemporáneo

Audio 34:29
Foto: Jordi Batallé/RFI

Redifusión. Acaba de montarse de nuevo en la Opera Nacional de Paris la puesta en escena que el cineasta alemán Michael Haneke realizó el año pasado de la ópera Don Giovanni de Mozart. Puesta en escena que ha sido ambientada en las oficinas de una multinacional en una zona de negocios que podría situarse en cualquier ciudad del mundo, en la que la despiadada conducta de Don Juan puede pasar por la más normal del mundo.Con direccion musical de Alain Altinoglu, caben destacar del magnífico reparto Tatiana Lisnic, en el papel de Donna Anna, Marie-Adeline Henry, en el de Donna Elvira, Adrian Sâmpetrean, en el de Leporello y sobre todo el barítono hispano-uruguayo Erwin Schrott, en el de Don Giovanni.  

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Erwin Schrott, nace en 1972 en Montevideo, Uruguay donde inicia sus estudios musicales.

La música fue para ti de niño algo evidente. El tango por parte de padre y la música clásica por parte de madre. Pero ¿es cierto que aprendiste a tocar el piano... sin piano?

Si, es como el tenista que se dedica al tenis sin raqueta... Mi madre es una maravilla de madre. Tengo un par de viejos divinos. Lo que he llegado a hacer, poco o mucho, en mí carrera y principalmente a nivel personal se lo debo todo a ellos. Me han limado. Me parezco mucho a ellos, gracias a Dios. Por otra parte, mi madre quiso ser toda su vida pianista. Como las condiciones económicas de su familia no lo permitieron, toda esa frustración positiva la volcó sobre mí. Para ella la música debía formar parte de mi vida. Y punto.

Empecé a ir a clases de piano y las profesoras recomendaron a mi madre comprar un instrumento. Lo que era para mi familia totalmente inviable. Mi madre, empecinada, encontró la solución junto a mi querida maestra Elida Granda, decidiendo pintar un teclado sobre la mesa de la cocina. Durante muchos años estudié piano sin piano. Increíblemente eso me ayudó mucho para la educación del oído. Estudio a primera vista sin necesitar ningún instrumento.

(c) Erwin Schrott

Para estudiar canto no hace falta comprar un instrumento. La voz, o se tiene o no se tiene. ¿Cómo fue tu cambio de voz?

Tremendo y muy divertido. Yo era soprano, cantaba siempre la parte de solista en el Coro de niños de el Sodre, una especie de Niños Cantores de Viena. De un día al otro, llegó un cambio drástico, me echaron del coro practicamente a patadas. Pasé de ser la soprano solista al ogro feroz. La maestra, con muy poca pedagogía, me mando a casa en apenas una semana, sin ni siquiera explicarme el porqué. Me sentí culpable, creía que había hecho algo mal.

Hace dos o tres siglos, existían métodos para evitar el cambio de voz, no muy recomendables por cierto.

(Se ríe) No estaría haciendo el Don Juan hoy por hoy...

¿Quién descubre tus posibilidades musicales en Montevideo?

Las descubre Elida Granda. Se enojaba mucho conmigo por que era un poco descuidado, fumaba, salía mucho de noche. A los catorce o quince años no tenía la idea de ser un cantante lírico. Estaba en grupos de rock, tocaba salsa con amigos. Algo bien latino. La ópera la había preseleccionado. Llegaba entre los cuatro finalistas. A esa edad, poco podía importarme ser un cantante lírico de fama internacional. Con la música que hacia con mis amigos estaba más que feliz. Continuaba mis estudios pero no podía tomar en serio esas cosas. Estaba pensando más en mi novia, mi primer amor que en otras cosas.

Con el tiempo conocí a otra maestra maravillosa, Rita Continuo, también uruguaya, y a partir de ahí fue un devenir de maestros. Estudié absolutamente con todo el mundo que me daba la posibilidad de estudiar con él. Quería saber cual era el concepto del canto para ellos, ya que esto no se puede leer en ningún libro.

¿Qué importancia ha tenido para ti Placido Domingo, sobre todo en el despegue de tu carrera internacional?

Placido es un gran amigo. Lo considero una bellísima persona. Desde el momento que apareció en mi vida, lo relaciono siempre a acontecimientos muy positivos. Desde la primera vez que me escuchó en Buenos Aires. Fui solo a pedirle consejo. Lo vi en una fiesta en la que me colé, ni siquiera estaba invitado y tuve la oportunidad de hablar dos segundos con él, le dije que me encantaría que me escuchase, pero me dijo que no tenia tiempo, que estaba muy ocupado. Había quinientas mil personas a su alrededor. Vi a Marta Domingo, su mujer, esperándole con santa paciencia, me acerqué y le dije: “Le voy a ser totalmente honesto, detrás de una gran hombre siempre esta una aun mas grande mujer. A usted me remito. Solo quiero saber si tengo condiciones para hacer una carrera o me tengo que dedicar a otra cosa". Y Marta me sonrío como diciendo: ya te venía venir a vos. Me dijo: Mañana a las tres, sin preguntarle a Placido ni nada. Como debe ser: ¡Marta manda! y se terminó el cuento.
 

(Puede escuchar la entrevista completa haciendo clic en "escuchar")

 

 

 

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