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Carrusel de las Artes

La ironía y libertad de Paul Klee se exponen en París

Audio 10:44

Redifusión. El artista alemán es objeto de una amplia retrospectiva en el Centro de Arte Moderno Georges Pompidou de la capital francesa.

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Las obras de Paul Klee se pasean entre lo surrealista y abstracto. Sus figuras parecen salir de un mundo imaginario u onírico, donde no hay gravedad, ni tiempo, y donde lo simple se codea con una gran sofisticación. Este artista emblemático de principios del siglo XX es objeto de una nutrida retrospectiva en el Centro Pompidou de París bajo el título "Paul Klee, la ironía en marcha" que reúne más de 230 piezas.

“Klee fue un artista de la burla y la auto-ironía. Decía ‘nadie necesita que los otros se burlen de él, cada quien lo puede hacer por sí mismo’. Tenía esa lucidez y a la vez esa distancia consigo mismo. Los dibujos expuestos aquí dejan ver que era un artista de la parodia, que reflexionaba profundamente, que analizaba los 'pros' y los 'contras' de todo, incluso, de sus propias opiniones”, explicó a RFI Angela Lampe, una de las responsables de esta exposición.

"Chemin des serpents", 1934 de Paul Klee.
"Chemin des serpents", 1934 de Paul Klee. © Photo Éric Simon

La muestra recorre 50 años en la obra de Klee presentados en siete secciones temáticas y cronológicas, desde sus dibujos satíricos, sus años de enseñanza a Bauhaus hasta su exilio en Berna, pasando por su relación complicada con Pablo Picasso quien fue para Klee una fuente de inspiración.

“En su obra, Klee introdujo formas femeninas desmultiplicadas como las de Picasso, las figuras dimorfas, el desmembramiento de los cuerpos y el desdoblamiento de los ojos. Pero luego, la relación entre ambos se degradó. En 1937, Klee recibió la visita de Picasso en Berna, pero Picasso llegó muy tarde. El encuentro fue muy tenso. Picasso miró las obras de Klee pero no dijo nada. A partir de allí, estos dos gigantes se respetaron mutuamente, pero mantuvieron un diálogo silencioso y una gran distancia”, subrayó Lampe.
Cuando Hitler llegó al poder, Paul Klee debió huir a Berna pues su obra fue considerada "arte degenerado". A esto se sumó la aparición de la esclerodermia que limitaba sus movimientos y lo dejó ciego, aunque no le impidió seguir pintando.

“El final de su vida estuvo marcado por las crisis, la política, con la llegada del nazismo, y la personal, con la enfermedad que lo aquejó y limitó profundamente. Los trazos se volvieron mucho más largos, con menos detalles, lo cual está sin duda ligado a la perdida de destreza. Sus cuadros se hicieron más grandes. Son obras de una gran fuerza icónica, que no podemos clasificar: no son ni impresionistas, ni cubistas, ni surrealistas. Pero esa es la característica de un gran artista” concluyó la especialista.

La exposición "Paul Klee, la ironía en marcha" puede verse hasta el 1° de agosto en el Centro Pompidou de París.

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