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Carrusel de las Artes

Cuba muestra su mítico ballet en París

Audio 05:11
Viengsay Valdés en "Giselle".
Viengsay Valdés en "Giselle". © Nancy Reyes

El Ballet Nacional de Cuba se encuentra en la capital francesa para 14 representaciones excepcionales en la Sala Pleyel. La compañía es dirigida desde 1948 por la bailarina y coreógrafa Alicia Alonso, de 96 años de edad.

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Admirar una representación del Ballet Nacional de Cuba fuera de la isla es un evento excepcional. Ver a Alicia Alonso saludar al público junto a sus bailarines lo es aún más. Pero además, asistir al encuentro en la escena de jóvenes talentos junto a estrellas cubanas de la danza que ahora se desempeñan en compañías internacionales, sólo se produce una vez en la vida.

Todo eso tuvo lugar en la sala Pleyel de París. El Ballet Nacional de Cuba se encuentra en la capital francesa para 14 representaciones de sus dos espectáculos emblemáticos, Giselle y Don Quijote. Un programa que abrió con una gala excepcional que incluyó 10 dúos de ballets clásicos, contemporáneos y neoclásicos, del Cascanueces al Lago de los Cisnes, Raymonda, Romeo y Julieta, Diana y Acteón, entre otros, así como dos obras de coreógrafos cubanos, “Muñecos” de Alberto Méndez, e “Invierno” de Ely Regina Hernández.

Fue la prueba sobre la escena de la exquisita alianza del ballet y el Caribe que se ha operado en la isla comunista desde hace casi 70 años. Una amalgama hecha posible gracias al rigor y maestría de Alicia Alonso, la otrora prima ballerina assoluta, quien fundó en 1948 la compañía que llevaba su nombre y que luego, bajo los auspicios del gobierno cubano, devino en el Ballet Nacional de Cuba.

En medio del calor y de las dificultades sociales y políticas, aunque con el espaldarazo económico del régimen, este cuerpo de baile se ha hecho un espacio en el selecto mundo del ballet mundial, al punto de ser considerado una de las seis compañías más importantes del mundo, junto a los legendarios ballet de la Opera de París o el Bolshoi. Muchos la han criticado por su cercanía al régimen; no obstante, en materia artística Alonso ha logrado preparar varias generaciones de bailarines que no tienen nada que envidiar a los alumnos de otras escuelas fundadas hace más de 300 años.

“Cada compañía tiene de su propia idiosincrasia. Los cubanos tenemos la particularidad del Caribe, somos más desenvueltos, más calurosos como nuestro clima. Somos la única gran compañía que viene del Tercer mundo, de un país que no tiene todos los recursos. Ahí radica su mérito”, asegura la primera bailarina Grettel Morejón.

Todavía hoy, el Ballet Nacional de Cuba cuenta con una cantera de prodigiosos bailarines como Viengsay Valdés, Anette Delgado, o la pareja conformada por Grettel Morejon y el muy joven Rafael Quenedit. Muchos, sin embargo, han tomado vuelo hacia otras latitudes, a veces en el marco de sonadas deserciones. El jueves en París, cuatro miembros de la diáspora cubana juntaron sus talentos para bailar con sus compatriotas. Entre ellos, el impactante Osiel Gouneo, quien ahora forma parte del Ballet de Múnich. El bailarín de piel morena, musculatura ostensible y mirada eléctrica sobre la pista de baile, encadenó piruetas de todo tipo, con una tranquilidad casi insolente y una relajada sonrisa.

“Siempre es un placer bailar con quienes fueron mis amigos y compañeros en el tortuoso camino de la danza. El bailarín cubano es muy apreciado en otras latitudes porque tiene mucha calidad técnica y artística. Sobre nuestros hombros llevamos las esperanzas de nuestras familias y de un país. Por eso, no somos conformistas”, dijo Gouneo tras recibir un largo aplauso en París.

Al finalizar la función, los solistas así como el cuerpo de baile del Ballet de Cuba subieron una última vez al escenario e invitaron a su Líder Máxima, Alicia Alonso, quien saludó largamente al público de la Sala Pleyel.

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