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Carrusel de las Artes

El venezolano Elías Crespín pone al Louvre en movimiento

Audio 12:51
El artista venezolano Elías Crespín en el Museo del Louvre de París.
El artista venezolano Elías Crespín en el Museo del Louvre de París. © RFI

El reconocido museo parisino expone una instalación del artista venezolano. 'L’Onde du midi' está compuesta por 128 tubos metálicos suspendidos, que ejecutan una sutil coreografía. El artista conversó con RFI sobre esta obra con la que se convierte en el primer latinoamericano en crear una instalación perenne para el Louvre.

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“¿Qué más podría soñar un artista? El Museo del Louvre es un templo del arte y yo me siento profundamente honrado”. Así respondió Elías Crespín, sonriente, cuando le preguntamos por el insigne pedido que recibió del que muchos consideran el museo más importante del mundo.

Allí, en medio de las miles de obras maestras y objetos invaluables que resguarda el Museo del Louvre estará L’Onde du midi, (La onda meridiana o meridional), una instalación cinética de 10 metros de largo, compuesta de 128 tubos negros y azules, suspendidos sobre la escalinata sur, en el ala Sully. El conjunto flota pero también ejecuta un baile lento, pasando del orden al caos, en una coreografía de media hora de duración dirigida por un programa informático desarrollado por el artista.

Esa es la especialidad del caraqueño Elías Crespín quien, explica, estuvo siempre en contacto con el arte cinético. En Venezuela, este movimiento contó con ilustres exponentes, desde los años 50, entre ellos Jesús Rafael Soto (1923-2005) y el recientemente desaparecido Carlos Cruz-Diez (1923-2019), quienes vivieron y trabajaron en París, e inundaron con numerosas obras el espacio público en la capital venezolana.

Para Crespín, el contacto con el arte y el cinetismo se hizo también en el seno de su familia. Nieto de dos conocidos artistas de origen alemán, Gego y Gerg Leufer, Crespín sin embargo hizo estudios en la Universidad Central de Venezuela y se graduó como licenciado en computación.

Pero un cubo cinético de Soto expuesto en el Museo de Bellas de Caracas lo llevó hacia la creación artística, mezclando programación, funciones matemáticas y formas geométricas.

“El arte cinético siempre trabajó con las posibilidades del ojo para suscitar la sensación de movimiento o de cambio, explica. Yo me planteé que las obras o las formas estén verdaderamente en constante movimiento”. Dos años después del impacto que le produjo aquella obra de Soto, Crespín puso la primera piedra de su propuesta cinética: Malla electrocinética I, que se expuso en la ciudad de Cabudare.

Esa fue su primera incursión en el mundo del arte, y allí se ha mantenido. En 2008, Crespín se trasladó a París, donde hoy tiene un inmenso taller en el que combina informática, geometría y baile. Porque sus obras flotan en el aire definiendo coreografías hipnóticas. Pueden ser líneas, círculos, cuadrados, rectángulos o elipses. Como haría un bailarín sobre un escenario, cada una de sus instalaciones ejecuta “pasos”, movimientos que invitan a la contemplación.

"No se puede apreciar la calma si no se ha pasado por el caos" dice, filosófico, Crespín mientras observa una de sus obras dilatarse y retraerse.

En 2018 impresionó con una imponente obra hecha de tubos color naranja, Grand Hexanet, que formó parte de la exposición Artist & Robots, presentada en el Grand Palais. Esa obra llamó la atención de Jean-Luc Martinez, el director del Louvre, quien poco después le llamó para hacerle la propuesta de su vida: concebir una obra a la medida del gran museo parisino.

Un año después, el Louvre inauguró con gran pompa la fascinante L’onde du midi, en el marco de la celebración por los 30 años de la Pirámide del Louvre. De esta forma, el venezolano se une a otros grandes artistas contemporáneos que han dejado su huella en el antiguo palacio de los reyes de Francia: Anselm Kiefer en 2007, François Morellet y Cy Twombly en 2010.

Pero Crespín no se detiene ahí. En su taller pululan otras obras, prestas a viajar a China y México, mientras que en París presenta una exposición solo en la Galería Denise René, en paralelo a la "La Onda meridional" y su silencioso baile.

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