Saltar al contenido principal
Euro/Unión Europea

"¡Estonia! Bienvenida al Titanic"

El primer ministro estonio muestra a la prensa su primer billete de 20 euros retirado en un cajero automático en Tallin.
El primer ministro estonio muestra a la prensa su primer billete de 20 euros retirado en un cajero automático en Tallin. ©Reuters.

Con pesimismo o prudente entusiasmo, los estonios adoptaron este 1° de enero el euro. Para la ex república comunista es la culminación de un gran esfuerzo para salir de la esfera de Moscú y atraer a inversores extranjeros. Los detractores de la moneda europea denuncian los casos de Grecia o Irlanda, inmersos en la tormenta de la Eurozona.

Anuncios

"Es un paso pequeño para la zona euro y un salto gigante para Estonia", resumió el primer ministro estonio, Andrus Ansip. Este primero de enero, este país báltico se convirtió en el 17° miembro en renunciar a su moneda nacional para vivir en la Eurozona.

Para esta ex república comunista, que lleva 20 años alejándose de la antigua órbita soviética y rusa, se trata de un esfuerzo largo y doloroso que aún no ha culminado.

"Estonia es el país más pobre de la zona euro. Tenemos mucho por hacer ahora que se alcanzó el objetivo de adherir", estimó Ansip.

Ahora, esperan que el cambio de moneda abra las puertas a los inversores extranjeros, que ya no temerán las devaluaciones, y garantice los créditos de 1,3 millones de estonios.

Sin embargo, el esperado acontecimiento para los estonios se da en momentos en que el espacio económico europeo atraviesa una de sus mayores crisis desde la puesta en circulación de la moneda única en 2002, con las dificultades que han atravesado en los últimos meses Grecia e Irlanda.

Sólo el 50% de lo estonios apoyan el cambio de moneda, y los opositores, el 40%, se hacen oír en las calles con afiches pegados en los cestos de basura públicos donde puede leerse:   "¡Estonia! Bienvenida al Titanic".

Para ellos, el euro es sinónimo de alza de precios o la pérdida de la soberanía que representa el abandono de la corona, que nació un año después del divorcio con la URSS y seguirá en circulación hasta fin de año.

Mientras, los otros dos países bálticos, Letonia y Lituania, esperan hasta 2014 para contar en euros y afianzar su independencia con respecto a Moscú. Por su parte, Polonia, Hungría o la República Checa se muestran más reticentes. Consideran hoy que su economías se encuentran más protegidas fuera que dentro de la Eurozona.

 

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.