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Suiza aspira a convertirse en la caja fuerte digital del mundo

REUTERS/Pawel Kopczynski

Después de los escándalos de espionaje revelados por el ex consultor de la NSA Edward Snowden, Suiza busca sacarle provecho a su reputación de fiabilidad, seguridad y discreción para convertirse en un refugio para los datos digitales personales. Los helvéticos redescubren para esto las viejas e impenetrables infraestructuras de la guerra fría, dignas de una película de James Bond.

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Es uno de los efectos colaterales del escándalo por el espionaje masivo revelado por el analista informático Edward Snowden: el negocio del almacenamiento de datos digitales.

“Tengo dos cosas que decir: como ciudadano europeo, me parece increíble lo que hacen los norteamericanos. Segundo, todo esto es muy bueno para nosotros porque nuestro negocio se multiplicó por tres en muy poco tiempo”, asegura Christoph Oschwald, dirigente de Mount10, uno de los centros enterrados bajos los Alpes, llamados Fort Knox, y que alberga los datos del Parlamento suizo.

Después del escándalo de la NSA, “es fantástico. Ya no tengo que explicarles a mis clientes por qué tienen que pagar”, festeja.

Y para proteger los datos confidenciales, el país del reloj cucú y del secreto bancario cuenta con una gran infraestructura que están aprovechando 55 firmas locales, según el censo de datacentermap.

Para seducir a los que buscan mantener lejos las miradas indiscretas, Suiza pone a disposición una serie de bunkers del ejército suizo construidos en los Alpes durante la Guerra Fría de los que las autoridades se han ido deshaciendo.

Uno de ellos es el de Attinghausen, en el corazón de Suiza. Su dirección: coordenadas secretas de GPS. El lugar dispone de 15.000 metros cuadrados custodiados por la empresa suiza Deltalis que, por ahora, utiliza solo 600 metros del búnker.

Para llegar a esta bóveda gigantesca es necesario adentrarse 200 metros en la montaña de granito, 1.000 metros por debajo de la cima. Las puertas deberían poder soportar un ataque nuclear gracias a sus cuatro toneladas de acero. El sitio es el ex cuartel general del Ejército suizo.

Para ingresar es necesario mostrar su documento de identidad y su huella venosa, más segura que una huella digital. Luego hay que pasar por un túnel serpenteante y cavernoso de cemento. Al final, aparece un corredor inmaculado y una puerta que desemboca en una habitación blanca donde permanece el material informático.

A los clientes de estos bancos se les promete que podrán dejar una copia de sus archivos almacenados en un dispositivo a prueba de cortes de electricidad, desperfectos técnicos, terremotos, ataques terroristas y, por supuesto, todo tipo de intrusión.
 

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