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El movimiento 'Slow Food' presente en Milán

El movimiento Slow Food preconiza el rescate de frutas y verduras a punto de desaparecer.
El movimiento Slow Food preconiza el rescate de frutas y verduras a punto de desaparecer. slowfood.com © Andrea Benedetti

El movimiento ‘Slow Food’ inauguró oficialmente el 19 de mayo su pabellón en la Exposición Universal de Milán. En el cuadro de la temática principal de la Expo 2015, ‘Alimentar al planeta, energía para la vida’, los miembros de este grupo, surgido en Italia, aprovechan la visibilidad que les proporciona el evento para ganar a la idea de la importancia de una alimentación ‘buena, limpia y justa’ a los veinte millones de visitantes que se esperan desde esta fecha hasta el 31 de octubre.

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Comer ‘bien’ para darse gusto y disfrutar, ‘limpio’, por respeto al medio ambiente, y ‘justo’, en nombre de las relaciones socioeconómicas entre los productores y los consumidores: fue sobre la base de esta triada que el italiano Carlo Petrini fundó, en los años 80, el movimiento ‘Slow Food. Esta organización reivindica más de un millón de adeptos en ciento cincuenta países, entre militantes, chefs, agricultores, pescadores, expertos y universitarios. Pero es en Italia, con su culto a la gastronomía y a los productos regionales, que los simpatizantes de la causa de la buena mesa son más numerosos.

Con el fin de dar a conocer aún más el movimiento, se instaló un pabellón ‘Slow Food’ en el corazón de la Expo 2015. En este espacio se trata  - por medio de diversas actividades, fotografías y videos -  de focalizar la atención de los visitantes en los beneficios para la salud de una alimentación más lenta y más sana, al tiempo que se destaca la biodiversidad y se valorizan los campesinos que trabajan para alimentar al planeta.

« Una de las principales atracciones es el ‘Arca del Gusto’, donde se presentan productos alimenticios que están a punto de desaparecer y que intentamos salvar », subraya Sara Rubeis, militante y responsable de la organización de conferencias en el pabellón. La variedad de uva César de Borgoña, en Francia, la bergamota de Calabria, en Italia, o el kram-kram de Mali forman parte de ese catálogo, que registró , en 2015, más de dos mil alimentos de calidad, a veces olvidados, pero sobre todo en peligro de desaparecer en más de 80 países.

La visita del pabellón Slow Food de la Expo 2015 continúa con una cata de vinos y una degustación quesos. « Hemos escogido esos dos productos porque ilustran cómo, a partir de una sola materia prima, como en el caso de la leche, podemos hacer una gigantesca variedad de quesos », explica la militante. La mayoría son italianos, pero algunos productos franceses, suizos e ingleses están también presentes en una selección que debe cambiar cada semana, hasta finales de octubre. En mayo pudimos probar el pecorino osilo, un queso de oveja de Cerdeña, así como también el Bitto, de los valles italianos de Orobiche, el Sparkenhoe Red Leicester, del Reino Unido y la Cacioricotta de Cilento. Asímismo, se ha programado catar más de doscientos vinos diferentes.

El placer de una alimentación sana

Lejos del aspecto a veces llamativo de algunos pabellones de la Expo 2015, el espacio ‘Slow Food’ ha apostado por la sencillez y una dimensión pedagógica, con el objetivo de demostrar que es posible pasar al « slow » en un mundo que avanza a una velocidad cada vez mayor. Diversas conferencias sobre temas tan diferentes como la importancia del agua, las abejas o la lucha contra el despilfarro han sido programadas en un teatro creado a la entrada del pabellón.

En otro lugar, se realizan también actividades de carácter lúdico. Las cajas negras en las que los visitantes deben identificar productos naturales - frutas, semillas y diferentes tipos de nueces -  solo por el olor o el tacto atraen tanto a los niños como a los adultos, a menudo sorprendidos por los aromas y las sensaciones táctiles casi olvidadas, en razón de la industrialización de nuestra alimentación.

Más allá, se muestra en otra mesa el aspecto nocivo de ciertos productos industriales, como las ensaladas verdes listas para comer, que se venden empaquetadas en los supermercados. Los organizadores explican que ese tipo de alimentos no solo cuesta diez veces más que una ensalada verde « natural », sino que además puede representar un peligro porque el agua con la que se lava contiene substancias químicas, añadidas para su conservación.

«Esta exposición nos recuerda que deberíamos cambiar nuestros hábitos de consumo y tomar en cuenta el desarrollo del planeta, en lugar de comprar en función de nuestro ritmo de vida cada vez más acelerado», comenta Denis, un turista belga de visita en el pabellón con su hija.

El único problema que presenta el pabellón del movimiento ‘Slow Food’ en Milán es su ubicación, al final del Decumanus, la avenida de 1,5 km, eje central de la Expo 2015. «Hay que estar muy motivado para llegar hasta aquí », se queja Emilie, una turista francesa. « Incluso el estand de McDonald's, símbolo de la comida rápida, tiene un lugar mejor en la exposición», dice con ironía.

Reportaje realizado por Silvano Méndez

 

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