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Cesare Battisti: el hombre detrás del escape ‘casi perfecto’

Cesare Battisti dejando una prisión brasileña, el 8 de junio de 2011.
Cesare Battisti dejando una prisión brasileña, el 8 de junio de 2011. REUTERS/Ricardo Moraes

El ex activista italiano fue capturado en Bolivia luego de 40 años de fuga para enfrentar su condena a cadena perpetua por asesinato. Battisti es la última pieza que revive la memoria de los años de plomo en Italia.

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Por Blanca Castro para RFI

Las novelas policiales de Cesare Battisti podrían ser la consecuencia directa de un hombre que en la mayor parte de su vida ha sido perseguido por la justicia. O quizás, en un nivel karmico profondo, sus obras anunciaban el desenlace de los casi 40 años de fuga que desatarían en varios puntos de la historia y países, desencuentros diplomáticos.

A sus 64 años, el ex miembro del grupo de extrema izquierda, Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), fue encontrado en Bolivia el pasado 12 de enero por la Interpol con la participación de la policía local. A pesar de que no es la primera vez en ser capturado, todo parece indicar que esta vez cumplirá su condena de por vida por dos asesinatos en 1993 y otros dos cometidos en calidad de cómplice en 1978 y 1979, de los cuales se declara inocente.

“Intentar cambiar la sociedad con armas es una estupidez pero bueno, en esa época todo el mundo tenia pistolas”, afirmó. “Había guerrilleros en el mundo entero, Italia vivía en una situación prerrevolucionaria”, agregó.

A lo largo de la década de los setenta, Italia estaba sumida en una convulsión social alimentada por los extremismos políticos. Esta época se conoce como los “años de plomo”, donde el pueblo italiano vivió violentas protestas y el terrorismo urbano por ambas partes: la derecha fascista y la izquierda comunista.

Battisti, proveniente de una familia católica y comunista, se unió en 1970 a la lucha armada del PAC, pero tras haber sido detenido en Milán fue encarcelado nueve años más tarde. Su historia, increíble para algunos y reprochable para otros, comienza en 1981 cuando logró escapar a México y se dedicó a escribir para un periódico bajo el anonimato.

Su paso por el país latinoamericano sería breve, puesto que se trasladó a Francia encontrando refugio en el Gobierno del presidente socialista François Mitterrand, que se comprometió a no extraditar a ningún militante de extrema izquierda que hubiera renunciado a la lucha armada. Una acción que fue reprochada por el Gobierno italiano quien ya identificaba a Battisti como terrorista.

Al igual que sus compatriotas militantes de aquella época, Battisti rehízo su vida en París trabajando como guardián de un edificio, mientras que en sus ratos libres empezó a escribir y publicar sus novelas policiales llenas de anécdotas personales.

Todo parecía marchar con calma y hasta con una normalidad envidiable para alguien que estaba siendo perseguido por la justicia de Roma, se hizo padre de dos hijas y obtuvo la nacionalidad del país galo. Pero en 2004, el Gobierno de Jacques Chirac decidió poner fin a la “jurisprudencia de Mitterrand” revocando su status y ordenando su extradición.

Battisti logró escapar a Brasil declarando más tarde que su salida fue gracias al apoyo de los servicios secretos franceses. Después de tres años de clandestinidad, en 2007 fue detenido en Rio de Janeiro y pasó cuatro años en prisión. Ante su inminente extradición el italiano se privó de los alimentos en forma de protesta.

“Escribir para no perderme en la niebla de los días interminables, repitiéndome que no es verdad, que no soy este hombre que los medios han trasformado en monstruo y reducido al silencio de las sombras”, escribió en su libro “Mi Fuga” durante su encarcelación.

El Tribunal Supremo de Brasil autorizó su extradición pero el presidente Lula Da Silva en el último día de su mandato decidió finalmente no expulsarlo de Brasil en 2009.

Italia llamó a consultas a su embajador en Brasilia como respuesta. El país europeo argumentó que Battisti había sido juzgado de forma democrática y, por tanto, su extradición sería legítima.

Desde el 2011, Battisti pasó la mayor parte del tiempo en el estado de Sao Paulo, viviendo en diferentes ciudades hasta radicarse en Cananéia, donde contrajo matrimonio en dos oportunidades y tuvo un hijo.

Pero todo comenzó a cambiar para Cesare en 2016, tras el juicio político a la ex presidenta Dilma Rousseff y el ascenso de Michel Temer al poder.

En diciembre de 2018, la presidencia brasileña anunció la decisión de Temer de extraditar a Battisti después de varios meses de rumores y decisiones contradictorias.

El ex activista volvió a escapar, pero Jair Bolsonaro, al tomar la presidencia del gigante del continente, prometió a Italia entregarlo lo más pronto posible, y es entonces en Santa Cruz de la Sierra, en el centro de Bolivia, donde Battisti encaró a la interpol totalmente desprevenido, dando fin a una de las persecuciones más complejas de nuestra historia contemporánea, a un escape casi perfecto.

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