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Enfoque Internacional

El río Evros, la nueva ruta mortal hacia Europa

Audio 04:41
El campo de detención de Fylakio, en Grecia.
El campo de detención de Fylakio, en Grecia. (Amélie Poinssot/RFI)

Hace tres años que entró en vigor el acuerdo firmado entre la Unión Europea y Turquía para detener el flujo de migrantes y refugiados que llegaban a través de la frontera oriental de Europa. El número de cruces irregulares a través de las islas del mar Egeo se ha reducido considerablemente pero eso también significa que la ruta se ha desviado hacia otros lugares.Un reportaje de Andrés Mourenza, desde Estambul.

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Estamos en el río Evros, que separa Turquía de Grecia. Aquí no rige el acuerdo antimigratorio, por lo que esta zona se ha convertido en uno de los principales puntos de paso para quienes intentan entrar de forma irregular en Europa. En 2018, más de un tercio de los 50.000 refugiados y migrantes llegados a Grecia lo hicieron a través del Evros.

“El río es pequeño pero peligroso. Los barcos en que cruzamos el río son para cinco personas pero nos ponen a 30 en ellos”, cuenta un migrante paquistaní que cruzó el Evros en enero pasado. Si bien su anchura es de tan sólo 100 o 200 metros, el Evros es un río caudaloso y de fuertes corrientes y el año pasado medio centenar de personas murieron al intentar cruzarlo.

La mayoría termina en el cementerio de Sidiro, una pequeña aldea de las montañas del norte de Grecia. De la nieve surgen decenas de montículos, sólo dos de los cuales tienen lápida, pues se desconoce la identidad de las personas cuyas vidas fueron arrebatadas por el río Evros a las puertas de Europa.

“Han cruzado por el río Evros con traficantes, el viaje fue muy traumático para ellos”, explica Panayiota Xenidou, encargada de los menores de edad en el campo de registro de refugiados de Fylakio.

Los pushbacks, una práctica prohibida pero común

Alerta además de un nuevo obstáculo al que se enfrentan los refugiados que intentan llegar a Grecia: “También lo que pasa últimamente es una práctica que llamamos pushbacks, es que cuando la gente que pasa por el río y llega a territorio griego, a veces los coge la policía griega y les cogen los teléfonos, las cosas que llevan, documentos, y los tiran al agua y a la gente la devuelven a Turquía”.

Los pushbacks o devoluciones en caliente son una práctica prohibida por la legislación internacional. Y de hecho, todas las autoridades griegas con las que RFI habló niegan que esté ocurriendo. Sin embargo, la ONU y diversas ONG han documentado cientos de casos sólo en el último año.

“Tras cruzar la frontera pasamos la noche en el bosque. Por la mañana la policía griega nos detuvo y nos llevó a un calabozo donde nos pegaron. Después nos pidieron que entregásemos todas nuestras pertenencias y nos volvieron a pegar”, cuenta una de las víctimas, de 17 años, a la que llamaremos Firas para proteger su identidad. Su familia pagó a los traficantes para que lo sacasen de Siria, y así evitar que el régimen de Asad lo reclutase para combatir en una guerra de la que no quería formar parte.

Esa fue la primera vez que intentó cruzar, el verano pasado. Inmediatamente lo retornaron a Turquía. En la segunda ocasión, semanas después, fue peor: militares y policías griegos le robaron hasta la ropa antes de devolverlo a Turquía en calzoncillos.

A mediados del pasado noviembre, Firas logró cruzar por tercera vez y terminó en el campo de detención de Fylakio. A inicios de enero, salió de él con los documentos que lo acreditaban como solicitante de asilo. Tomó un autobús hacia la ciudad griega de Salónica, pero cuando llevaba 20 minutos de viaje, la policía ordenó detener el bus y que bajase junto a otros cinco sirios.

“Me pidieron los papeles y les di los que me había entregado la ONU, pero el agente los rompió delante mío. Al día siguiente nos llevaron a comisaría y nos pegaron con tuberías. Nos llevaron a la frontera, pero antes de devolvernos a través del río, nos dieron una última paliza”, recuerda Firas.

Hay varias investigaciones en marcha, pero en ningún caso se ha logrado atrapar a los culpables, explica el representante en la zona de la Agencia De la ONU para los Refugiados (ACNUR), Margaritis Petritzikis: “Tenemos muchos testimonios que describen a personas sin uniformes o que se protegen con pasamontañas negros involucradas en estos hechos. Pero según la ley griega, la jurisdicción en la frontera pertenece a la policía. Por eso, desde ACNUR, pedimos una investigación en profundidad”.

Oficialmente, los registros indican que el joven Firas continúa residiendo en Grecia, pero la realidad es que, tras ser devuelto ilegalmente a Turquía está escondido en Estambul, sin dinero, sin papeles y atemorizado porque jamás pensó que en la misma Unión Europea a la que venía a buscar refugio, fuese a recibir un tratamiento semejante.

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