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Turismo

Las ciudades europeas que han declarado la guerra al turismo de masas

En septiembre, los turistas deberán pagar para entrar a Venecia.
En septiembre, los turistas deberán pagar para entrar a Venecia. MIGUEL MEDINA / AFP

A partir de septiembre, Venecia establecerá un impuesto de entrada para frenar el turismo de masas que la invade. Y no es la única ciudad europea en implementar ese tipo de legislación.

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Por David Pauget.

Los videos filmados en Palma de Mallorca, en España, le dieron la vuelta al mundo en las redes sociales. En ellas se ven hombres encapuchados vandalizando autos de alquiler con grafitis, pinchando neumáticos y rompiendo parabrisas. Imágenes filmadas por el movimiento de ultra izquierda Arran, conocido por su militancia en contra del turismo de masas.

Para esta organización, el turismo es sinónimo de contaminación, de desvirtuación del entorno natural y de aumento de rentas.  Pero más allá de los actos de vandalismo, la lucha contra el turismo a gran escala se intensifica, en España como en otros países de Europa.

►► Ver También: "Los problemas de la masificación turística"

En el centro de Barcelona, no se pueden ignorar las pancartas que dicen: “Tourists, go home!” (“Turistas, váyanse”). La ciudad catalana de 1,6 millones de habitantes recibe cada año a más de 30 millones de visitantes.

Desde hace varios años existen movimientos de protesta anti turistas. Los barceloneses denuncian el aumento sin fin de los alquileres por Airbnb, que aumentan los precios de las rentas y que tienen como consecuencia la expulsión de los ciudadanos del centro.

Otro ejemplo claro es Venecia. Cada año, la ciudad recibe a unos 30 millones de turistas. Los venecianos no son más de 55.000, es decir un habitante por cada 550 visitantes. Este flujo de personas está dañando los cimientos de la urbe, patrimonio mundial de la UNESCO.

La pregunta ahora es: ¿cómo controlar el fenómeno? “El problema es que durante décadas los dirigentes pensaban que el turismo era puramente beneficioso y no se preocupaban por las consecuencias locales reales”, explica Saskia Cousin, antropólogo y especialista del turismo. “No son los turistas el problema, sino las políticas de regulación. Ninguna ciudad acepta que se instale una industria sin reglas y normas. Sin embargo, aceptaron a los cruceros y a las plataformas como Airbnb”, añade.

Medidas para frenar llegadas

En Venecia, las imágenes de cruceros fuera de control sacudieron a la ciudad. Para evitar nuevos incidentes, los habitantes llamaron a otras ciudades europeas a aliarse contra los peligros que representan los cruceros gigantes.

La Alcaldía decidió que, a partir de septiembre de 2019, cada nuevo visitante deberá pagar un impuesto de entre 2,50 a 10 euros, según las temporadas. Esto debería generar unos 50 millones de euros al año.

En Barcelona, la alcaldesa Ada Colau declaró en 2015 que iba a movilizarse para evitar que la ciudad se convirtiese en “una tienda de recuerdos y baratijas”. Desde entonces, se han incrementado las multas contra los alquileres ilegales. En 2016 alcanzaron los 600.000 euros.

En mayo de 2018, los Países Bajos tomaron medidas para limitar los alquileres a 30 días al año, aumentar tasas turísticas y prohibir los autocares en el centro de Ámsterdam. Una idea que inspiró a París ya que, en julio pasado, la Alcaldía anunció que este tipo de vehículos ya no serían bienvenidos en la capital francesa. Desde el 1ero de enero de 2019, en París ya no se puede alquilar mediante Airbnb por más de 120 días consecutivos.

1,8 millones de turistas en el mundo en 2030

La magnitud del fenómeno turístico es tal que lugares que fueron durante muchos años poco visitados comienzan a sufrirlo. La cantidad de turistas en Islandia se multiplicó por cinco entre el 2010 y el 2018, pasando de 500.000 a 2.4 millones. El gobierno islandés decidio limitar el acceso a ciertos sitios como la estación termal de la Laguna Azul.

“En realidad, pocos lugares en el mundo son afectados por el turismo. La mayoría sueña con atraer más turistas”, matiza Philippe Violier, director del departamento Turismo y Cultura de la Universidad de Angers. Para él, el problema de las medidas anti turistas es que pueden acabar siendo discriminatorias. “Se necesita mucha reflexión para encontrar soluciones, sin condenar todo el turismo masivo, que sigue siendo una conquista social y una palanca para el desarrollo económico”, dice.

1,2 mil millones de personas viajaron por el mundo en 2016, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). La institución predice que esta cifra aumente en un 3,3% por año en los próximos 10 años y alcance en 2030 los 1,8 mil millones.

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