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#MeToo en Islandia: ‘El silencio se ha roto y la vergüenza ha cambiado de bando’, dice analista

Durante tres días, activistas, legisladoras y estudiosas de género provenientes de todo el mundo se reúnen en Islandia para hablar y debatir por primera vez de este movimiento.
Durante tres días, activistas, legisladoras y estudiosas de género provenientes de todo el mundo se reúnen en Islandia para hablar y debatir por primera vez de este movimiento. https://www.metoo.is

El 17 de septiembre comenzó en Islandia la primera cumbre internacional sobre el movimiento social #MeToo. Nacido en 2017 en redes sociales, este hashtag permitió denunciar miles de casos de violencia sexual y dejar de silenciar un problema que afecta a todas las sociedades.

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Aunque las declaraciones de actrices o modelos fueron las más sonadas, gracias al impulso del hashtag #MeToo, el debate sobre las agresiones sexuales o violaciones fue puesto en la mesa y muchas mujeres se atrevieron a denunciar episodios machistas vividos.

Durante tres días, activistas, legisladoras y estudiosas de género provenientes de todo el mundo se reúnen en Islandia para hablar y debatir por primera vez este movimiento, apadrinadas por la primera ministra del país, Katrín Jakobsdóttir.

La cumbre se pregunta los próximos pasos del movimiento social y hace también autocritica: “Tenemos que ampliar el diálogo, escuchar al #MeToo olvidado: mujeres cuya situación socioeconómica es más precaria, mujeres con trabajos poco cualificados y mal pagados, cuidadoras, trabajadoras domésticas, migrantes, mujeres con discapacidad…”, explica Irma Erlingsdóttir, la directora del Centro de Investigación de Género, Igualdad y Diferencia de Islandia, coorganizador de esta cumbre internacional.

“El silencio se ha roto y la vergüenza ha cambiado de bando”, añade la analista.

Además, para lograr un cambio profundo hacia la igualdad de género es necesario que los hombres, jóvenes y niños se unan y contribuyan a la lucha contra la desigualdad, ya que es uno de los males más persistentes de nuestra época.

#MeToo ha mostrado que desafortunadamente la violencia sexual contra las mujeres es un problema global, por lo tanto debe ser un movimiento social igualmente global. El movimiento ha revelado niveles epidémicos de acosos y abusos sexuales a los que mujeres del mundo entero están expuestas, incluso en los países más desarrollados en cuanto a derechos humanos o con más políticas sociales.

Irma Erlingsdóttir afirma que nunca antes los gobiernos, las instituciones educativas o la justicia se han enfrentado a este problema con acciones comparables a la movilización del #MeToo. En el contexto global, la mayoría de los segmentos de la sociedad han participado: artes escénicas, restauración, negocios, ámbito universitario, política, así como sectores marginados como el mundo de la prostitución, inmigrantes y refugiados.

“El movimiento #MeToo se enfrenta a dos retos importantes: primero, ver si puede probar la responsabilidad de las instituciones por el dolor físico y mental experimentado por las víctimas de violencia sexual, y por otro lado, si puede exponer y deconstruir el poder de las élites y las jerarquías que permiten a los hombres, ya sea en una posición de fortaleza, abusar de su poder”, comenta Erlingsdóttir.

El movimiento no es algo exclusivamente contemporáneo: “Se lo debemos a todas estas mujeres, a quienes no han podido hablar y se lo debemos a las generaciones futuras, a la creación de políticas y a la promoción de cambios profundos, para que las realidades reveladas por #MeToo pronto sean parte de los libros de historia”, concluye la analista.

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