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Año Nuevo

En Alemania, la tradición de los petardos en la Nochevieja pierde fuerza

Fuegos artificales en la Puerta de Brandeburgo, Berlín, 2013.
Fuegos artificales en la Puerta de Brandeburgo, Berlín, 2013. REUTERS/ Tobias Schwarz

Petardos y fuegos artificiales ocupan un lugar destacado en la víspera de Año Nuevo en Alemania. Desde los balcones, en las aceras,… en el centro de las grandes ciudades, muchos participan en esta vieja tradición. Pero es cada vez más criticada, especialmente este año.

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Hace siglos, los pueblos germánicos ya hacían todo el ruido posible el 31 de diciembre con los medios a su alcance. No para celebrar, sino para alejar a los espíritus malignos a los que temían. Este “german angst” o “miedo alemán” se expresa hoy en día con medios técnicos más avanzados.

El año pasado se gastaron 133 millones de euros en petardos y fuegos artificiales. El concierto suele empezar antes de la noche del 31 y cuanto más se acerca la medianoche, más disparos se oyen.

Desde los balcones, los cohetes vuelan, plantados entre los geranios, mientras en las aceras, se colocan en botellas vacías. En la ciudad se forma una niebla espesa, y al día siguiente, las calles parecen campos de batalla.

Críticas de diversas índoles

Las críticas se deben principalmente a la contaminación causada por las partículas finas. En un año en que los “Fridays For Future” han atraído a tantos jóvenes, y en que el clima es la primera preocupación de los alemanes según una nueva encuesta, esta contaminación del aire está siendo cada vez más denunciada.

Organizaciones ambientalistas estiman que el nivel de partículas finas en las principales ciudades de Alemania puede llegar a 1.000 microgramos por metro cúbico el 31 de diciembre, en vez de 18 microgramos en promedio. Es decir la misma cantidad que el tráfico automóvil en todo el país durante dos meses.

El otro argumento en contra de esta tradición es la seguridad. Los cohetes que se venden no están certificados y su explosión termina en tragedias: dedos arrancados, lesiones oculares, etc. En Berlín, la víspera de Año Nuevo se transforma en algunas zonas en peleas callejeras, mientras jóvenes utilizan petardos y cohetes para atacar a los transeúntes o a los vehículos. El año pasado, 49 bomberos y 40 policías fueron atacados de esta manera en la capital.

Otra crítica proviene de los defensores de los derechos de los animales, que denuncian los traumatismos que supone tanto ruido, ya sea para las mascotas como para los residentes del parque zoológico.

Falta de legislación

No existe ninguna disposición legal a nivel nacional, pero unos 30 municipios han emitido prohibiciones totales o parciales en su territorio para esta noche. Habitualmente concierne sobre todo a los alrededores de los hospitales, los hogares de ancianos o las iglesias, pero ahora se trata de áreas críticas en las que se produjeron excesos en el pasado. En Berlín se puede controlar el acceso a estas zonas, así como las bolsas que llevan los transeúntes.

Las cifras de ventas no parecen estar disminuyendo, aunque algunas cadenas de supermercados han decidido reducir o suprimir las ventas de artículos pirotécnicos. Pero los alemanes son ahora una minoría en estar convencidos de la necesidad de perpetuar la tradición, 36% contra 57% que están a favor de la prohibición. En Berlín, nueve de cada diez habitantes están a favor de las prohibiciones totales o parciales.

Con información de Pascal Thibaut, RFI.

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