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Enfoque Internacional

Rusia, difícil estar en la oposición

Audio 02:20
Manifestante con una pancarta que lee "El poder, somos nosotros. ¡Dennos el derecho de voto!" durante una marcha en Moscú, el 10 de agosto de 2019, tras detenciones masivas por la policía.
Manifestante con una pancarta que lee "El poder, somos nosotros. ¡Dennos el derecho de voto!" durante una marcha en Moscú, el 10 de agosto de 2019, tras detenciones masivas por la policía. AFP/Yuri KADOBNOV

Este año, las protestas han vuelto a las calles rusas con más fuerza. Y esta vez ha habido castigos importantes por desafiar a la policía. La idea es cortar en seco los desórdenes.

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El presidente Vladimir Putin no quiere que se llegue a los niveles de 2012, cuando la policía tuvo que emplearse a fondo para evitar que los manifestantes llegasen al Kremlin.

“Primero tiran un vaso de plástico a la policía, no pasa nada. Después una botella de plástico, tampoco pasa nada. Después una de cristal. Después una piedra. Después disparar a la policía. Y asaltar tiendas. No queremos llegar a ese punto”, dijo el mandatario ruso.

Una nueva generación

Pero los motivos para manifestarse son cada vez más diversos. No sólo se pide más apertura política: también se reclaman medidas contra el cambio climático, o contra el desastre de la gestión de los vertederos en la región de Moscú.

Una nueva generación ha salido a protestar. Ilya Egorov tiene 24 años y como muchos de sus compañeros ha descubierto que las esperanzas de cambio de las primeras protestas de 2012 han sido un espejismo.

“Tuvimos una cierta esperanza de que quedaba un poquito más y todo iba a cambiar. Pero ahora nos damos cuenta de que mañana no va cambiar nada, y que va ser una partida larga”, cuenta la joven.

Hacia más control

Las ganas de manifestarse crecen, pero el control también ha aumentado. Avanza el proyecto de crear un “internet soberano”, aislado del resto del mundo y sometido a un control férreo por parte del Estado.

La última ocurrencia es la nueva ley para convertir en “agente extranjero” a cualquier particular que difunda en Rusia información u opiniones en internet con financiación de fuera del país.

Pero hasta ahora el principal freno a las manifestaciones no eran las leyes sino el miedo al cambio, el temor a que vuelva la inestabilidad de los noventa. Sin embargo, la nueva generación parece ajena a ese vértigo.

“He vivido toda mi vida bajo el mandato de Putin. Lo que tengo claro es que lo que ocurre ahora en mi país no está bien. Y no me importa que estemos mejor o peor que antes”, afirma Elizabeta Bunina, de 19 años, que se ha estrenado como manifestante este año.

Por eso, muchos nuevos y viejos moscovitas no van a dejar de cantar en la calle pidiendo cambios.

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