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POLONIA / HOLOCAUSTO

Sobreviviente de Auschwitz: "uno no cree que un ser humano pueda hacer tanto daño a otro"

La entrada del ex campo nazi de concentración y extermino de Auschwitz en el sur de Polonia, este 26 de enero de 2020.
La entrada del ex campo nazi de concentración y extermino de Auschwitz en el sur de Polonia, este 26 de enero de 2020. Wojtek RADWANSKI / AFP

Hanka Dziubas Grzmot, judía polaca, fue deportada a los 14 años desde el gueto de Lodz, en el centro de Polonia, al campo nazi de concentración y exterminio de Auschwitz, al sur de su país entonces ocupado por los alemanes. Allí, durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis asesinaron a más de un millón de personas, principalmente judíos. En este día de conmemoraciones por los 75 años de la liberación de Auschwitz, Hanka, que hoy tiene 90 años y vive en Argentina, contó a Radio Francia Internacional lo que vivió en este campo del horror cuando apenas era una adolescente.

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Hanka Dziubas Grzmot: Soy una sobreviviente del Holocausto. Estuve en tres campos de concentración: Auschwitz, Ravensbrück y Oranienburg. Después de tantos años, trato siempre de contarlo porque esto queda para toda la vida, como nosotros sufrimos. Uno no cree que un ser humano pueda hacer tanto daño a otro.

RFI: ¿Cuál es el principal recuerdo que tiene usted del campo de Auschwitz?

HDG: En Auschwitz estuvimos desnudos y descalzos, en octubre cuando hay 20 grados bajo cero. Nos daban comida una vez por día: un poco de sopa verde para cinco personas. No había nada para comer. La primera persona comía, a la última no le quedaba nada. No nos daban ni cuchara, ni tenedor ni cuchillo. Y muchas veces no nos dejaban ir al baño cuando queríamos, solo cuando ellos querían. Eso fue Auschwitz.

El hambre...

HDG: Lo peor que existe en el mundo es el hambre. No se puede aguantar. Usted se imagina, yo con mi corta edad... Fue una tragedia.

Auschwitz fue también el temor permanente a la muerte, a que la llevaran, como llevaban a muchos otros, a las cámaras de gas...

HDG: Cuando faltaban seis u ocho meses para que terminara la guerra, empezaron a traer a gente de todos lados. Nosotros estuvimos parados dos días y una noche al lado de las cámaras de gas con un olor a carne quemada... No voy a contar eso porque fue el peor momento en mi vida. Aunque yo no entendía mucho, una niña puede comprender lo que está pasando. Tuve la suerte de estar con dos de mis hermanas, gracias a ellas puedo decir que estoy viva.

¿Cómo logró usted sobrevivir? ¿Cómo logró aguantar?

HDG: La voluntad de una persona es más fuerte que uno. No nos importaba si vivíamos o moríamos. Dios nos mandó del cielo un milagro: nos llevaron a un campo de trabajo por unos meses y esto nos salvó la vida.

Fue cuando la enviaron a trabajar a una fábrica de municiones...

HDG: Exactamente. Allí fuimos tratados como seres humanos. Se ve que entre los alemanes también había gente buena porque allí el señor que nos cuidaba de lejos, me traía, cada día o día de por medio, una ollita con sopa. Eso también me mantuvo viva. Y me salvé por milagro.

Luego, a usted los nazis la trasladaron al campo de mujeres de Ravensbrück, a unos 80km al norte de Berlín. ¿Se acuerda del día en que liberaron este campo y en que la liberaron a usted?

HDG: ¡Cómo no me voy a acordar! Un día, nosotros de lejos ya entendimos y nos dijeron que estaba por terminar la guerra. No sabíamos nada más, pero los americanos empezaron a repartir paquetitos: una bolsita de café con un chocolate. ¡Qué hambre teníamos, imagínese! Así que abrimos todos juntos y comimos.

Finalmente, usted se refugió en Suecia, después de un largo viaje. Allí por fin se sintió libre...

HDG: Durante toda mi vida, hasta que me muera, voy a estar agradecida de Suecia. Es el único país en el mundo que nos dio lo que necesita un ser humano: salud, esto es lo principal, cariño, amor, y estudios. Gracias a los suecos estoy como estoy.

Después de ver y vivir semejantes vejaciones y crímenes de lesa humanidad, ¿cómo hace uno para volver a la vida?

HDG: No señorita, en esto uno no piensa. Uno no sabe ni hablar, ni decir, ni nada. Uno está como cortada del mundo.

Hanka Dziubas Grzmot, sobreviviente de la Shoá, junto a su aprendiz Micaela quien se comprometió, como diez otros jóvenes argentinos, a seguir educando sobre el Holocausto. Buenos Aires, enero de 2019.
Hanka Dziubas Grzmot, sobreviviente de la Shoá, junto a su aprendiz Micaela quien se comprometió, como diez otros jóvenes argentinos, a seguir educando sobre el Holocausto. Buenos Aires, enero de 2019. Cortesía del Museo del Holocausto en Buenos Aires

Hoy ¿cuál es su mensaje para los jóvenes en particular?

HDG: No olvidar. Olvidar es lo peor que pueden hacer. Hay heridas que nunca podrán curarse. Por doloroso que resulte, tenemos que contar. Nosotros los sobrevivientes del Holocausto, nuestros testimonios y experiencias son el mejor legado que podemos dejar a las futuras generaciones. Para que esta operación llamada Shoá nunca se repita, para que el odio no regrese nunca más. Este es mi recado.

¿Cómo ve la situación actual en el mundo? ¿la situación de los judíos en el mundo?

HDG: Cada vez más loca. ¿Usted es judía o católica? Esto no importa. No importa la raza o la religión. Todos somos iguales. Nunca debemos olvidar esto. Todos somos iguales. Y nosotros los sobrevivientes del Holocausto solo pedimos paz. Nunca más, vamos a gritarlo bien fuerte. No puede hacer tanto daño un ser humano a otro. Yo estoy aquí para contarlo porque el dolor es muy fuerte, fuertísimo.

 

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