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Historia/Cultura

La fabulosa historia de la cabeza de Enrique IV

La cabeza de Enrique IV apareció en casa de una pareja de jubilados del barrio de Montmartre, en París, quienes la conservaron durante 53 años en el fondo de un armario.
La cabeza de Enrique IV apareció en casa de una pareja de jubilados del barrio de Montmartre, en París, quienes la conservaron durante 53 años en el fondo de un armario. DR

400 años después de su asesinato, la cabeza del monarca francés fue identificada gracias a una serie de estudios dignos de una investigación criminal. La cabeza estuvo guardada durante 53 años en el armario de un coleccionista.

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El “Buen Rey”, Enrique IV, murió de dos puñaladas asestadas por François Ravaillac el 16 de mayo de 1610. El cuerpo del soberano fue embalsamado antes de ser enterrado en la Basílica de Saint-Denis (en el norte de París).

Pero, después de la Revolución de 1793, las tumbas reales conservadas en este templo fueron abiertas y profanadas. El cuerpo de Enrique IV fue entonces lanzado, junto al de otros reyes franceses, en una fosa común y su cabeza separa del resto.

Desde esa fecha, la cabeza del desdichado monarca pasó de mano en mano, aunque no se sabía con precisión si efectivamente correspondía a Enrique de Borbón. Justamente, el miembro acaba de ser autentificado por un grupo de 20 científicos franceses, daneses, italianos y un americano.

“Fue verdaderamente una investigación médico-legal”, explicó a la prensa Philippe Charlier, director de este estudió que duró seis meses.

La cabeza había aparecido en casa de una pareja de jubilados del barrio de Montmartre, en París, quienes la conservaron durante 53 años en el fondo de un armario, para luego confiarla a los científicos. Gracias a la momificación con una técnica italiana, la cabeza atravesó los siglos en excelente estado.

Varias marcas que aparecen en los retratos del monarca facilitaron la identificación: un nevus (alteración congénita muy localizada de la pigmentación de la piel) en el lado derecho de la nariz, una lesión en la mandíbula tras una tentativa de asesinato en 1594, un agujero de arete en la oreja derecha, una marca de la corte de Valois, entre otros. Así mismo, el mal estado de la dentición coincide con los testimonios de la época. Finalmente, algunas heridas a nivel de las cervicales denotan la mutilación del cuerpo en 1793.

Varios tipos de estudios se aplicaron a la cabeza de Enrique IV. Una datación con carbono 14 permitió determinar un período situado entre 1450 y 1650. Gracias a una tomografía, los científicos obtuvieron una reconstitución numérica del cráneo. De esta manera, pudieron verificar que el molde del rostro del rey conservado en la Biblioteca Sainte-Geneviève de la capital francesa coincidía con el cráneo. El mentón cuadrado y prominente, la frente amplia, la nariz larga, todo coincidió.

Los científicos e historiadores dirigidos por Philippe Charlier viajaron hasta Florencia (Italia) para estudiar la técnica de embalsamamiento del rey utilizada por Pierre Pigray. Descubrieron que el embalsamador usó un pigmento negro o carbón de hueso, que protegió al cadáver de la descomposición. De hecho, a diferencia de los reyes anteriores, la cabeza de Enrique IV no fue serruchada ni vaciada. Su cerebro se mantuvo así intacto.

Después de la Revolución, la cabeza del “Buen Rey” no apareció hasta el siglo XIX en la colección privada de un conde alemán, luego en 1919 durante una subasta en el Hotel Drouot de París. Un anticuario la compró entonces por tres francos.

Luego de la muerte de éste último, la reliquia fue adquirida por la pareja de jubilados parisienses quienes la legaron al actual jefe de la casa Borbón, Luis de Borbón, duque de Anjou. Este lejano pariente del monarca decapitado tras su muerte ha solicitado que la cabeza sea conservada en la necrópolis de la Basílica de Saint-Denis.

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