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Al fin, el Rafale emprende el vuelo

Este lunes, con la firma oficial de un contrato por la venta de 24 aviones de combate, más 12 en opción, el Rafale francés confirma su éxito. El contrato qatarí se suma a los 36 aparatos vendidos a la India en abril y los 24 a Egipto en febrero pasado.

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Tras décadas de negociaciones fracasadas que llevaron a buena parte de la prensa a referirse al Rafale de Dassault con un marcado tono de ironía, vuelve a brillar el sol para la industria militar aeronáutica francesa, que hoy puede saborear su revancha. Un éxito merecido porque, si el Rafale consigue la consagración internacional que buscaba , es en primer lugar por sus capacidades. Si el Rafale se vende, es porque es considerado por los expertos como un excelente avión de caza polivalente, adaptado al ataque a tierra, así como a las operaciones de defensa y reconocimiento.

Pero en este complejo tipo de negociaciones, no solo cuentan las virtudes técnicas del  producto, sino también el contexto en que estas se desarrolllan. En este ámbito,  los analistas destacan que un enfriamiento de las relaciones diplomáticas estadounidenses con algunos países del Golfo favorece las ventas del Rafale. Tal distanciamiento es producto de divergencias sobre las primaveras arabes; a ello se suma el acuerdo nuclear con Irán y un repliegue del Reino Unido en el escenario geopolítico mundial.

En la época de la guerra fría, Dassault vendía sus famosos Mirage sin grandes dificultades, pero  la caída del muro vino a complicar las cosas con la reducción de los presupuestos militares y, sobre todo, con la voluntad estadounidense de erradicar al constructor francés, tolerado en su momento como freno a la influencia soviética. Con la dinámica que ahora se perfila, Dassault puede mirar el futuro con tranquilidad, aunque ello implica seguramente ajustar sus cadencias de producción y pasar de uno a dos aviones por mes.

Francia, que además de reforzar su diplomacia económica ha construidos lazos estratégicos privilegiados con India, Egipto y Catar, cosecha hoy los frutos de esta política. En los tres casos, el presidente François Hollande y su ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, han intervenido directamente para conseguir los contratos, que en conjunto superan los 15.000 millones de euros.

 

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