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El primer ministro enfrenta duras críticas por usar un avión oficial para ver un partido

El primer ministro francés Manuel Valls, el 6 de junio de 2015.
El primer ministro francés Manuel Valls, el 6 de junio de 2015. REUTERS/Regis Duvignau

El Premier francés, Manuel Valls, se encuentra en el ojo de la tormenta por haber acudido junto a sus hijos a ver la final de la Liga de Campeones en Berlín a bordo de un jet oficial. El gobierno justificó el viaje invocando una invitación de la UEFA. Sin embargo, en tiempos de recortes los argumentos de Valls no convencen ni a la prensa ni a la oposición, que exige que pague por su viaje.

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Cinco días después del viaje, la polémica no ha dejado de crecer. El primer ministro Manuel Valls asegura que vuelo jet pagado por el gobierno para que asistiera a la final de la Liga de Campeones entre su amado FC Barcelona y la Juventus obedecía a una invitación del presidente de la UEFA Michel Platini.

 
Sin embargo, y sobre todo desde que trascendió que dos de sus hijos lo acompañaban, su argumento no convence. Primero a la prensa: los principales diarios, tanto de derecha como de izquierda estimaban que Valls había cometido una “gaffe” o una “falta”. En momentos en que se habla de recortes y que el desempleo bate récords cada mes, la imagen de Valls de hombre íntegro y austero se ve resquebrajada.

 La defensa del Premier ha sido por lo menos ambigua. El presidente de la Asamblea Nacional, el socialista Claude Bartolone, explicó por un lado el “deber” del funcionario de estar “junto al movimiento deportivo”, pero también evocó la “pasión” de Valls por el equipo de Barcelona, su ciudad natal, y su “tentación” de pasar más tiempo con sus hijos quienes “no debe ver todos los días”.

Entretanto, la derecha fustiga el comportamiento de un primer ministro “cortado de la realidad”. “Lo menos que se le puede pedir a Valls es que reembolse” el viaje, dijo el diputado de derecha Thierry Mariani. El costo del vuelo fue valuado entre 12.000 y 15.000 euros por el Gobierno.

Para los conservadores, es una revancha: el mes pasado su líder Nicolas Sarkozy fue blanco de críticas por haber alquilado un avión privado para recorrer 200 kilómetros. Bajo la presidencia de Sarkozy, tres ministros fueron criticados por el uso costoso de aviones, lo que le costó el cargo a uno de sus funcionarios.

 

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