Saltar al contenido principal
Francia hoy

París sigue viviendo (a pesar del duelo)

Audio 10:42
El monumento central en la Plaza de la República, en París.
El monumento central en la Plaza de la República, en París. SR-RFI

Termina 2015 y Francia, particularmente París, cierra un año difícil. Primero fueron los atentados contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío, en enero, donde murieron 17 personas, y luego los más recientes, la noche del 13 de noviembre, que dejaron 130 fallecidos y más de 350 heridos. Termina 2015 y eso amerita volver sobre el acontecimiento más trágico no solo del año sino de la historia reciente de Francia.  

Anuncios

RFI presenta un recuento de testimonios recogidos en las calles de la capital francesa para tener una idea de cuál es el sentimiento que se ha instalado luego de que ha transcurrido un mes y medio de aquella noche trágica del 13 de noviembre.

Al cumplirse una semana de los atentados, es decir el 20 de noviembre, la circunspección y la perplejidad de los primeros días se transformó en una catarsis conjunta y algo más relajada para expresar el dolor. Cuando el reloj marcó las 21h20, que fue la hora en la que ocurrió el primer ataque, las personas que se reunieron al exterior del bar el Carillon, en el décimo distrito, se tomó de las manos en una media circunferencia y guardó un minuto de silencio, pero apenas terminó, el lugar empezó a llenarse de música en vivo. Era gente que decidió sacar sus instrumentos para compartir con los demás un necesario momento de distensión en medio del duelo

Y como resultaba natural, la música se instaló aún con más fuerza al exterior de la sala de conciertos Bataclan, donde la acera que queda frente al local permanece hasta hoy colmada de flores, velas y otras ofrendas en honor a las víctimas. Allí sonó rumba española, son cubano, chanson francesa y diversos ritmos al piano de un vecino del barrio, que lo sacó de su casa y lo puso ahí, en la calle, para que quien quisiera lo usara y regalara música a la gente. Pese a la amargura que se vivía, ese piano y esa música expresaban las ganas irrefrenables de continuar viviendo.

Termina el 2015 y el monumento central de la Plaza de la República está todavía, como desde que ocurrieron los atentados contra Charlie Hebdo y más todavía después del 13 de noviembre, desbordado por las ofrendas que todos los días se depositan como un gesto de solidaridad por lo ocurrido. Ese monumento se ha convertido hoy en una suerte de altar popular y en un nuevo lugar de visita en la ciudad.

De cierta forma, lo que se vive en la Plaza de la República es paradójico: al tiempo que el monumento central representa un símbolo de recogimiento, uno de los costados de la explanada es un palpitante espacio donde se practica skatebording, y en otro, al pie de un colorido carrusel infantil, pasan sus días y sus noches, desde hace algunas semanas, alrededor de 130 migrantes provenientes de países como Afganistán y Malí, que esperan obtener el estatus de refugiados y rehacer sus vidas en Francia.

Acaso la Plaza de la República, emblemático espacio de encuentro ciudadano, es una metáfora que encierra algunas de las más serias problemáticas que aquejan al país, pero que también expresa el pulso vibrante de una ciudad que se mantiene viva.
 

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.