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Francia hoy

Freegan Pony, un restaurante contra el despilfarro de alimentos

Audio 15:01
El equipo del Freegan Pony.
El equipo del Freegan Pony. Foto: Santiago Rosero

Funciona en un antiguo depósito de material ferroviario que queda en la zona de la Villete, al extremo norte de París, que estuvo abandonado durante años. El año pasado, el lugar fue ocupado sin autorización legal por Aladdin Charni, un conocido gestor cultural de la noche parisina, y ahí instaló un restaurante que opera bajo principios del freeganismo.

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El término viene del inglés freeganism, y designa un estilo de vida alterno al del consumo capitalista, cuyos adeptos procuran abastecerse gratuitamente de lo necesario para su subsitencia, generalmente cosas que han sido desechadas, y su principal combate es contra el desperdicio de alimentos.

El Freegan Pony recupera del mercado de Rungis, el centro de expendio de alimentos más grande del mundo, que queda a media hora hacia el norte de la ciudad, frutas y verduras que estaban destinadas a irse a la basura. Con esos productos, voluntarios que se ofrecen para trabajar en las tareas de cocina preparan un menú vegetariano de tres platos, por el que los comensales pagan lo que les dicta su voluntad. El dinero recaudado se reinvierte en el funcionamiento del restaurante, para comprar desde ingredientes que no se consiguen gratis en el mercado, hasta aparatos de cocina que son indispensable. No hay otra ganancia para sus gestores que la del disfrute y el reforzamiento de su convicción.

Alladin Charni, 32 años, es okupa, las personas que toman lugares de la ciudad que están en desuso para convertirlos en viviendas o en espacios de actividades colectivas. Con su ojo entrenado identificó ese antiguo depósito el año pasado y lo ocupó a inicios del verano. Charni También es freegano, es decir que sustenta su alimentación en productos en buenas condiciones que recupera de los basureros de los restaurantes o supermercados, una forma de consumo surgida en Nueva York en los años ochenta y hoy expandida por el mundo. Okupa y freeganista, que Alladin Charni desarrollara un proyecto de este tipo era cuestión de tiempo.

Todo en el Freegan Pony tiene como principio el reciclaje. El mobiliario para más o menos 80 comensales, vetusto pero aún servible, fue donado por Emmaüs, una organización de asistencia social que recupera objetos viejos para darles nueva vida.
En la cocina trabajan un jefe de operaciones y varios voluntarios que explotan su creatividad culinaria para aprovechar los productos recuperados. Hay pocos cocineros profesionales, la mayoría de voluntarios son personas venidas de diversos ámbitos, que adhieren a los principios del proyecto y que han querido participar en él en su tiempo libre.

El 3 de febrero de este año, la Asamblea Nacional Francesa adoptó una ley que impide a los supermercados tirar a la basura la comida no vendida. Además, obliga a que los distribuidores establezcan convenios con asociaciones caritativas para entregarles la comida sobrante. Los alimentos que ahora no podrán tirarse se destinarán al consumo humano, a la alimentación animal y a la producción de energía.

Se trata de la primera ley de este tipo que se adopta en el mundo, y los diputados franceses que la impulsaron esperan que se la replique en toda la Unión Europea.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que, a nivel global se desperdician cada año 1300 millones de toneladas de comida, es decir un tercio de todo lo que se produce para el consumo humano. Si solo un cuarto de esa cantidad se salvara, podrían alimentarse los 870 millones de personas que pasan hambre en el mundo.

Mientras en los países en desarrollo el problema se concentra en las fases de producción, almacenamiento y transportación, en los países desarrollados el foco está en las costumbres de los consumidores. Tiramos comida porque compramos en exceso, porque nos desaniman sus fallas estéticas, porque nos volvemos víctimas de las fechas de expiración, que en realidad señalan periodos de calidad óptima pero no comprometen riesgos sanitarios, o porque simplemente no tenemos conciencia del impacto que esto causa.

De acuerdo a la FAO, en los hogares de Norteamérica y Europa se desperdician al año un promedio de 100 kg de comida por persona. En América Latina son 25 kg por persona.

En dinero, la cantidad de alimentos desperdiciados a nivel global representa 990 mil millones de dólares al año, es decir, para tener una idea, casi tres veces el presupuesto de Francia para 2016. Para el ambiente el perjuicio es dantesco por donde se lo mire. Bastaría con decir que después de los autos, el sistema de producción de alimentos usa más combustibles fósiles que cualquier otro sector de la economía.

Aunque los responsables del Freegan Pony están concientes de que el impacto de su proyecto es limitado, están convencidos de que solo la organización de la comunidad hará realidad cambios que la sociedad necesita. El lugar en el que funciona el restaurante pertenece a la alcaldía de París, y al haber sido tomado sin autorización corre el riesgo de ser desalojado.

Actualmente hay un proceso en curso para decidir si las autoridades otorgan el permiso de funcionamiento. De ser el caso, Aladdin y sus amigos planean abrir el Freegan Pony durante toda la semana, lo que significaría el aprovechamiento de más alimentos que, de otra forma, se acumularían en los vertederos de basura. Un siguiente paso -sueño- será instalar refrigeradores llenos de comida en los espacios públicos, para que quien necesite; simplemente aproveche esos alimentos.


Entrevistados:
Aladdin Charni y Gilia Bataille, miembros del Freegan Pony. Clientes, voluntarios y colaboradores del restaurante.
 

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