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Francia hoy

La agricultura orgánica, ¿tabla de salvación para los productores franceses?

Audio 11:00
REUTERS/Enrique Castro-Mendivil

Durante el Salón de la Agricultura, el presidente francés François Hollande y su primer ministro Manuel Valls fueron increpados por agricultores y ganaderos. Los culpan en gran parte de la grave crisis que vive el sector.

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Los productores tachan de muy bajos los precios de venta de la carne, de los vegetales, de la leche... Precios que no cubren los costos de producción según ellos. Acusan a los grandes distribuidores de quedarse con casi todos los beneficios y a la Unión Europea de liberalizar el mercado agrícola y de proponerles a cambio ayudas que serían totalmente insuficientes.

Por ejemplo, el mercado de la leche, que dijo adiós a las cuotas el año pasado, y que ahora estaría produciendo a pérdida. "Tras las cuotas, aumentamos enormemente la producción de leche y ahora mismo no hay mercado. En particular en cuestión de exportación, por el embargo a Rusia o el hundimiento de la demanda china", explica el ganadero lechero Christian Squet.

Una caída libre en los precios de la leche que se puede trasladar a muchos otros sectores de la agricultura y ganadería llamados "convencionales". Pero hay un sector que está en pleno auge: la agricultura –ganadería, viticultura, piscicultura– bio u orgánica.

Lo bio está en plena expansión en Francia, como señala la ingeniera agrónoma Mariane Monod: "Hay una importante demanda de productos bio o ecológicos. Cada año aumenta en torno al 10% aquí en Francia. Los productores han recuperado el gusto por su trabajo, vuelven a encontrarle un sentido, y también han conseguido valorizar su producción, que pueden vender a un precio justo".

La cuestión del precio es realmente central en la crisis agrícola que se vive en Francia. Los agricultores y ganaderos convencionales se endeudaron hasta niveles prácticamente insostenibles para comprar nueva maquinaria y productos como pesticidas o semillas, y ahora no encuentran una remuneración suficiente para devolver los préstamos o siquiera vivir el día a día.

Philippe Cabarat, ganadero bio de Bourgogne desde hace más de 30 años, cuenta que "los productores tienen tendencia a circunscribirse sólo a eso, al acto de producción, y la venta se la dejan a las grandes cooperativas, sin que sepan a qué precio exactamente éstas revenden después. Esto los aleja de lo que busca el consumidor y les impide conseguir un precio justo para sus productos".

"La idea es que, en nuestro caso, el de la ganadería, tengamos sistemas de funcionamiento lo mas autónomos posible. No queremos vender los animales metiéndolos en camiones y olvidándonos de ellos, buscamos construir un sector donde haya diálogo, por ejemplo con los grandes distribuidores. No queremos separar a los que producen de los que distribuyen o venden. Por ejemplo nuestra federación tejió una relación comercial importante con Auchan, el gran supermercado, que está vigente desde hace 20 años, pese a los cambios que ha sufrido desde entonces el mercado", explica Jean-François Deglorie, director de la Comisión Bio Interveb, federación de ganaderos bio de Francia.

Lo que cuentan la mayor parte de los productores en orgánico es que su fuerte está en el gran control que ejercen sobre el sector las propias federaciones agrícolas. Es decir, gestionan la demanda en relación a las perspectivas que hay de oferta. Y al fin y al cabo el sector bio no deja de ser minoritario, aunque la producción está aumentando: cada año, más agricultores y ganaderos quieren convertirse al bio.

Otro de los puntos fuertes de este modo de producción es su estricto etiquetado. La eco-hoja, símbolo europeo de la agricultura orgánica, y el AB de "Agriculture Bio", son los dos etiquetados imprescindibles en Francia para que un producto sea vendido como bio. Conllevan una serie de estrictas condiciones para los agricultores.

Mariane Monod señala algunas: "Se produce sin pesticidas. Se utilizan insectos para comerse a algunas plagas malignas. Además se busca ser autónomo en la producción, reutilizando todos los desechos para hacer compost. En cuestión de medicación de animales, sólo se pueden utilizar antibióticos entre una y tres veces en cada animal, dependiendo de si su esperanza de vida es inferior o superior a un año". Y la conversión supone un periodo de transición más o menos largo.

Los productores que llegan a migrar efectivamente a los ritmos bio se dicen muy satisfechos y curiosamente señalan la libertad como principal ventaja. Alain Delangle, productor de leche de Normandía, cuenta que tienen "unas normas estrictas a respetar pero realmente tenemos mucha autonomía en cada granja, para adaptarla como consideremos a estas normas y los objetivos de producción. Y eso realmente es una fuente de bienestar y de felicidad para los agricultores. Es realmente enriquecedor para nosotros".

La cuestión de la felicidad de los agricultores es algo mencionado muy a menudo entre los que se dedican al bio, que se dicen casi siempre felices, tranquilos, satisfechos con su trabajo, mientras que sus colegas del convencional se dicen deprimidos o bajos de moral. La agricultura es una de las profesiones con mayor tasa de suicidios en Francia.

Poco a poco, las zonas rurales van despoblándose, aunque también hay cada vez más habitantes de zonas urbanas que deciden mudarse al campo. Jean-Louis Normand, ganadero jubilado de Bretaña, precisa que "en mi región, las instalaciones de nuevos agricultores han caído mucho en los últimos años, pero un tercio de las que se ven tienen modos de funcionamiento alternativos, tipo bio. Son a menudo personas que tienen estudios y que mudándose al campo no tendrán unos ingresos de millonario pero sí una especie de retorno a la tierra".

La venta directa es uno de los modos que ha puesto de moda la agricultura bio. También se busca la venta a proximidad de la explotación, con pocos intermediarios. De esa manera nació "La ruche qui dit oui" (la colmena que dice sí), una plataforma web que pone en contacto consumidores y productores. Para Hélène Binet, que trabaja para esta plataforma, "los etiquetajes y las marcas ecológicas sirven para tranquilizar a los consumidores para que confíen en los productores. Desde nuestro punto de vista es muy importante que el mundo de la producción y del consumo se acerquen, porque ambos tienen cosas que proponerse".

Por el momento la venta de productos bio es un mercado de más de 5 mil millones de euros en Francia, y que no para de crecer. Habrá que esperar para ver si la tendencia se confirma o si por el contrario el bio se queda en los pequeños porcentajes de consumo que de momento sólo representan a una élite más o menos pudiente.

Entrevistados: Christian Squet, ganadero lechero (al micrófono de Arianne Gaffuri), Mariane Monod, ingeniera agrónoma, Jean-François Deglorie, director de la Comisión Bio Interveb, Philippe Cabarat, ganadero bio de Bourgogne, Alain Delangle, productor de leche, Jean-Louis Normand, ganadero jubilado de Bretaña, y Hélène Binet, responsable editorial de "La ruche qui dit oui".

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