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Conflicto en Siria

La mayor cementera mundial pagó impuestos al Estado Islámico

Un trabajdor de Lafarge en una foto del 7 de abril de 2014 en París.
Un trabajdor de Lafarge en una foto del 7 de abril de 2014 en París. AFP/ FRANCK FIFE

La empresa francesa Lafarge está en el ojo del huracán después de las revelaciones del diario Le Monde que se basa en unos emails para afirmar que la cementera pagó durante más de un año tasas a los yihadistas en Siria para poder continuar con su producción en plena guerra civil. Cuando el Estado Islámico pidió el 15% de los beneficios, la empresa se fue del país.

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El grupo francés Lafarge había inaugurado al cementera en 2010 en Jalabiya, en el noreste del país. Se trataba de la inversión extranjera más importante en Siria, sin contar el sector petrolero. Estimada en 600 millones de euros, la capacidad de producción de la fábrica era de 2,6 millones de toneladas de cemento por año, según publica el vespertino francés citando a exempleados. Pero en 2011 estalla la guerra civil.

Si durante dos años, la empresa continúa produciendo a un ritmo normal, la situación se empieza a degradar en 2013 cuando el Estado Islámico toma el control de ciudades cercanas a la fábrica. A sólo 90 kilómetros, Raqqa, actual bastión del EI en Siria, cae en manos de los yihadistas en junio de 2013 y Manbij, a 65 kilómetros donde vive la mayoría de los trabajadores de la empresa, pasa bajo control yihadista en marzo de 2014.

Los directivos de París estaban al corriente de los pagos a Daesh

Le Monde explica que desde la primavera de 2013 hasta el verano de 2014, los directivos de Lafarge en Siria a través de intermediarios negociaron con líderes del Estado Islámico a través de un jordano para permitir la libre circulación de los materiales y los trabajadores a través de los numerosos check points controlados por los yihadistas. Los directivos de Lafarge en Francia estaban al corriente de las negociaciones y los contratos, según el diario que ha tenido acceso a mensajes publicados, en parte, por el sitio web de la oposición al régimen, Zama Al-Wasl. Incluso, Lafarge habría comprado petróleo al grupo terrorista.

En un correo fechado el 9 de septiembre de 2014 publicado por Le Monde se puede leer: “Hace más de dos meses que nos debéis la suma de 7.655.000 libras sirias (equivalente a más de 30.000 euros)… comprendan que se trata del dinero de los proveedores que trabajan con el ejército islámico más importante en el terreno. Lafarge tiene que dejar de dar largas”. El mail es de un tal Ahmad Jamal, originario de Raqqa y con buenos contactos con el Estado Islámico, “descrito por muchos”, dice Le Monde, como un “señor de la guerra”.

El diario ha recogido el testimonio de empleados de la sociedad que prefieren guardar el anonimato. Uno de ellos asegura que “Lafarge no tenía opción. Debía comprar el petróleo a Daesh que controlaba las plantas de producción en Rakka y en Deir Ez-Zor.
Otro de los intermediarios para el pago al EI es un tal Amro Taleb, presentado en los diferentes mails el “Dr”. Un hombre de 28 años con la doble nacionalidad sirio canadiense por cuya cuenta bancaria transitaba parte del dinero.

El Estado Islámico pidió a Lafarge el 15% de los beneficios

La situación degenerará muy rápido y el 19 de septiembre de 2014, el Estado Islámico toma el control de la fábrica. Lafarge abandonar el lugar. Según la web Intelligence Online, unos meses después, Amro Taleb retoma contacto con la dirección de Lafarge y les propone un trato: retomar la producción de la fábrica con “hombres de negocios de Raqqa”, “jefes locales del Estado Islámico”, afirma Le Monde, a cambio de pagarles el 15% de los beneficios. Lafarge rechaza. La fábrica es saqueada y en febrero de 2015 los combatientes kurdos echan de la zona a los yihadistas. En estos momentos, la fábrica alberga a las fuerzas especiales.

Según la agencia de noticias Reuters, la empresa de Lafarge en Siria estaba gestionada por trabajadores locales desde el año 2012 cuando todos los expatriados dejaron el país. “La empresa se gestionaba por mail o teléfono”, afirma un portavoz del grupo a Reuters. Lafarge, a través de su gabinete de comunicación, asegura que “la situación en Siria era muy complicada en 2013 y 2014. Es muy complicado reaccionar a los correos electrónicos (publicados por Le Monde) sin haber podido verificarlos”.

Le Monde incluso indica que el tal Amro Taleb se presentó en los locales de Lafarge en París para insistir en la necesidad de retomar la producción. Lo hizo el mismo día de los atentados contra el semanario satírico Charlie Hebdo en pleno centro de la capital francesa.

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