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EUROCOPA 2016

Francia suspendida a la final de su Euro

Los fanáticos franceses se han agolpado desde principios de la tarde en las "fan zones" para seguir el desenlace de la Eurocopa 2016.
Los fanáticos franceses se han agolpado desde principios de la tarde en las "fan zones" para seguir el desenlace de la Eurocopa 2016. © Reuters

Los franceses esperaban con renovado entusiasmo el encuentro contra Portugal que definirá al nuevo campeón europeo de fútbol. Un torneo que tuvo el mérito de hacer olvidar por algunos días las crisis política y económica, así como las tensiones por la polémica Ley del Trabajo.

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Sin duda, los franceses necesitaban distraerse con otros temas, tras meses de un pesado ambiente político y la tensión por el estado de excepción. La explosión de júbilo el jueves pasado en las calles del país tras la clasificación de los “bleus” para la final contra Portugal fue una prueba de ello. Una victoria, este domingo en el Stade de France, sería el clímax de una semana de celebraciones y una entrada apoteósica en el calor del verano.

Francia aspira lograr su tercer título europeo, después de los de 1984 y 2000 con lo que alcanzaría en lo alto del palmarés a España y Alemania.

“Es un momento excepcional, un privilegio, una oportunidad única. Hay un título en juego, pero tampoco hay que pensar mucho en eso (…) Lo ideal es llegar relajado, pero concentrado”, afirmó el sábado el seleccionador de los locales, Didier Deschamps.

De salir vencedor Portugal, sería el primer gran título, después de haber estado muy cerca en la Eurocopa 2004, cuando los portugueses cayeron ante Grecia. Un jovencísimo Cristiano Ronaldo, con entonces 19 años, se desplomó en lágrimas sobre el césped; esta vez, CR7 pisará el Stade de France siendo uno de los más grandes jugadores del mundo, una estrella planetaria, tres veces recompensada con el Balón de Oro. También, puede presumir de ser uno de los máximos goleadores de esta competencia, luego de igualar la marca del francés Michel Platini (9 goles).

Pero Portugal y su jugador estrella podrían no ser suficientes frente al once anfitrión y el apoyo masivo de un público ávido de hacerse con el trofeo. En todo caso, el sol de plomo que domina sobre todo el territorio nacional, no desmotivó a los millones de seguidores de Griezmann y sus compañeros de equipo. En las concurridas “fan zones” instaladas en las ciudades sede, se apretaban cientos de miles desde tempranas horas de la tarde. Los colores de la bandera francesa, “bleu-blanc-rouge”, inundaban calles, terrazas y balcones. Una fervorosa avalancha de nacionalismo, similar a la de 1998, cuando el equipo liderado por Zinedine Zidane se coronaba campeón del mundo, en ese mismo Stade de France. Hicieron faltan 18 años para conformar un equipo, tan sólido como carismático, tras varios escándalos que corroyeron el cariño de los aficionados hacia sus futbolistas.

Serán 90 minutos, quizás más, de angustia y sudor, en los que millones de franceses se mantendrán en vilo frente a los televisores, radios y pantallas gigantes. Pero también para los 1,2 millones de portugueses que viven en Francia y cuyos corazones estarán divididos entre el 7 de Ronaldo o el 7 de Griezmann.

© Reuters

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