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Exposición en París

Georges Didi-Huberman: 'El pesimismo no puede tener la última palabra'

Georges Didi-Huberman.
Georges Didi-Huberman. WikimediaCommons/Radio web MACBA

La historia de la humanidad es también la historia de una serie de reacciones –sociales, intelectuales, corporales– a las diversas formas, usualmente conflictivas, de ejercicio del poder. Se las puede llamar revueltas, rebeliones, revoluciones. El francés Georges Didi-Huberman, reconocido filósofo e historiador del arte, profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y autor de más de cuarenta obras, entre ellas El ojo de la historia, las llama "soulèvements", es decir levantamientos o sublevaciones. "Soulèvements" es el título de la exposición en la que Didi-Huberman fungió como comisario y que actualmente se presenta en la Galería Nacional Jeu de Paume, en París.

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Se trata de un conjunto de obras, entendidas con amplitud como imágenes, de diversa naturaleza y de todas las épocas, desde grabados de Francisco de Goya hasta videos e instalaciones de arte contemporáneo, pasando por dibujos, pinturas, fotografías, documentos y esculturas que representan, de modo más y menos manifiesto, más y menos evocador, las fuerzas que nos impulsan a sublevarnos y las formas que esas sublevaciones han tomado en el espacio público.

Soulèvements plantea un recorrido a través de cinco secciones (Elementos desatados. Gestos intensos. Palabras exclamadas. Conflictos encendidos. Deseos indestructibles) que están atravesadas por al menos dos constantes: el cíclico devenir de la historia en el que a cualquier forma de opresión le suele corresponder un levantamiento, y la posibilidad de que, pese a estar presentadas de manera aparentemente aleatoria, obras de naturaleza tan diversa como una estampa claramente reivindicativa o una fotografía documental son capaces de dialogar, por ejemplo, con una video-instalación de lectura compleja o con una serie de fotografía conceptual. Y es precisamente ese alcance lo que a la vez genera interrogantes.

El contenido político es mucho más evidente en unas obras que en otras. ¿Eso quiere decir necesariamente que el carácter político prima sobre el carácter estético?

¿Qué prima en su cuerpo, el hecho de que su sangre circule o el hecho de que usted respire? El carácter político y el carácter estético no son dos dominios absolutamente separados, incluso en una obra tan estética como Elevage de poussière (fotografías de Man Ray sobre Le Grand Verre, la inmensa obra inacabada de Marcel Duchamp), donde no vemos para nada la política. Pero la política no es el contenido político, es otra cosa. Conducirse políticamente no es tomar partido por un partido político, aunque es posible, por supuesto, pero hay otras mil formas de sugerir la relación que tenemos con la sociedad y con la historia; y la estética nunca está separada de la historia. Por lo tanto, incluso a la estética más absoluta - por ejemplo Mallarmé, en poesía, o el pintor Barnett Newman- nunca debemos separarla del mundo de la historia.

¿Esto equivale a decir que estas obras son de arte político, o, incluso más ampliamente, que todo arte es político?

Walter Benjamin escribió un libro en 1934, en un marco muy político, por cierto, que fue la reunión de intelectuales frente al fascismo, en París. Es un texto sublime que se llama El autor como productor. Ahí él dice que la cuestión no es saber si le servimos a una ideología política cuando hacemos arte. La cuestión es crear una imagen, por ejemplo, de manera suficientemente libre como para que esa libertad sea, en sí misma, un acto político. Entonces, el arte político no es el arte que ilustra una política; es el arte que en su propia elección de libertad constituye ya un acto político. Escribir un libro es un acto, no es sobre un acto. ¿Es mi trabajo político o no? Por el simple hecho de que exista de alguna forma, es político sin tener que decir qué partido político él defiende.

Usted reivindica la necesidad de mirar las imágenes como gestos y no solamente como íconos. ¿Esto quiere decir que el valor de las imágenes reside más en las decisiones que condujeron a su producción que en su eventual impacto sobre el espectador?

No se trata solamente de las decisiones. Si ponemos atención a los gestos, ponemos atención a cosas que nos llegan al cuerpo sin siquiera haberlo decidido. Yo me intereso mucho en ese aspecto, es decir en cómo el cuerpo humano se mueve, e incluso en cómo, si usted está en una cierta situación, por ejemplo de sumisión, su cuerpo puede decir "no" sin que usted lo haya decidido. Los gestos son muy importantes porque en ellos hay algo de inconsciente. Yo creo firmemente, y eso viene de (Gilles) Deleuze, en que hay una relación entre el inconsciente y la política. Ahora, en la política hay que tomar decisiones conscientes, estamos de acuerdo, pero un poco antes de eso, los gestos más simples, por ejemplo un brazo que se eleva, son suficientes para decir, aunque un minuto antes no hayamos decidido hacerlo, que hay un rol político en las emociones, y los gestos están ligados a las emociones.

Usted ha dicho que las imágenes son como una mariposa porque solamente nos muestran su capacidad de verdad en un destello. ¿Esta afirmación es transferible a los fenómenos o acontecimientos acerca de los cuales hablan las imágenes; es decir, en este caso, es correcto considerar que las imágenes muestran la naturaleza fugaz de las sublevaciones?

Las imágenes mismas son fenómenos a la vez fugaces y permanentes, es algo muy particular, especialmente la fotografía, por lo que no contienen un solo aspecto de la realidad o de lo que se quiera representar. Una imagen es algo incompleto, pero al mismo tiempo, el hecho de que ellas persistan en el tiempo es extremadamente importante, porque quiere decir que incluso cuando el acontecimiento, documentado por la imagen o representado por la imagen, ha desaparecido, la imagen continúa. La Comuna de París terminó hace mucho tiempo y es algo que fracasó, pero el hecho de que todas esas imágenes persistan y sigan dando una cierta energía a los levantamientos que se provocan en la actualidad, significa que tienen una función muy importante para la memoria. Las imágenes son un vehículo de la memoria y también del deseo.

Las imágenes relativas a las sublevaciones se acumulan porque las sublevaciones también se acumulan, pero más allá de eso no se observan grandes cambios en el estado de las cosas. ¿La existencia de todas estas imágenes no es también una constatación de que, pese a las diversas reacciones frente a los poderes opresores, finalmente es la ideología dominante la que triunfa?

La ideología dominante, por definición, domina, por lo que podría decir que respecto a eso soy bastante pesimista. Ahora, de nuevo acudiendo a Benjamin, quien sabía bien lo que era el pesimismo porque sufrió la llegada de Hitler al poder, luego el exilio, el suicidio, en fin… Él decía algo magnífico: lo que hay que hacer es organizar nuestro pesimismo. Podemos ser pesimistas porque -retomo su término- la ideología dominante está ahí y domina. Podemos ser pesimistas desde ese punto de vista, pero en el espacio de ese pesimismo hay mil cosas por hacer. Organizar el pesimismo quiere decir darle una oportunidad al deseo de ir más allá. El pesimismo nunca debe tener la última palabra. La ideología dominante puede derrumbarse en cualquier momento, no sabemos lo que puede ocurrir, y esa tensión permanente es necesaria. De todas formas, la historia es un conflicto, la geografía es un conflicto, las imágenes son un conflicto, todos esos son campos de batalla. A veces ganamos algo, luego perdemos, más tarde volvemos a ganar, etc. Siempre es así.

¿Y si la posibilidad de salir de esa dinámica no son las sublevaciones sino algo como las disidencias, es decir proyectos paralelos y no necesariamente acciones de respuesta dentro de la misma lógica?

Sí, pero las disidencias y los proyectos paralelos son una forma de levantamiento, por supuesto. Podemos levantarnos, pasar por encima, pero también pasar por los costados. Esos son los proyectos paralelos de los que usted habla, y para mí eso es algo muy importante. Es decir, hay que crear posibilidades donde lo que usted llama ideología dominante no tiene todo el poder. Hay que crear posibilidades, o sea, hay que inventar. Es por eso que los artistas son interesantes, porque inventan sin cesar. Hay que tener una invención ética, política, estética, de la vida cotidiana. Eso: inventemos, inventemos más.
 

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