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Estado de emergencia: un año de excepción y de excesos

Los policías han protagonizado varias manifetaciones en París para pedir más medios para luchar contra el terrorismo.
Los policías han protagonizado varias manifetaciones en París para pedir más medios para luchar contra el terrorismo. REUTERS/Christian Hartmann

Son las diez de la noche de un jueves de octubre en París. Cientos de hombres y mujeres, en su mayoría encapuchados se reúnen en la plaza Trocadero. Desde el otro lado del rio Sena, las luces de la Torre Eiffel iluminan el cielo negro. Además de las capuchas, una marca distingue a todas estas personas de los turistas. En los brazos llevan un brazalete que dice “policía”.

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“Estamos cansados, físicamente y moralmente”, dice uno de los agentes reunidos. No dan ni su nombre ni muestran su cara por miedo a represalias del gobierno. Durante el mes de octubre y noviembre miles de policías en varias ciudades de Francia salieron a protestar por las noches.

“Nos piden proteger lugares susceptibles de ser atacados, pero no nos dan los recursos para hacerlo. Tenemos coches con más de 200.000 kilómetros, armas de los años 70, poco personal y agentes nuevos mal preparados”, dice otro policía. “Entendemos que el estado de emergencia sea necesario después de los ataques, pero ya va más de un año así y estamos agotados”.

El día después de los atentados, el presidente Hollande declaró el estado de emergencia que permite, entre otras cosas, disolver asociaciones que puedan alterar el orden público, asignar a arresto domiciliario a personas consideradas peligrosas y realizar allanamientos sin necesidad de una orden judicial. Este estado excepcional fue prorrogado tres veces, y regirá, por el momento, hasta finales de enero de 2017. 

Pero estas medidas excepcionales no lograron evitar el degollamiento del cura Jacques Hamel, el pasado julio, ni el camión que atropelló y mató a 86 personas en Niza, también en julio.

Tampoco logró evitar los excesos cometidos por las fuerzas del orden

“Hoy en Francia es posible asignar una persona a arresto domiciliario porque se estima que su comportamiento constituye una amenaza al orden público”, dice Dominique Curis de Amnistía Internacional Francia (AI). “Observamos en la policía un uso excesivo de la fuerza durante los allanamientos y además comentarios que estigmatizan a personas que profesan la fe musulmana.”

Curis menciona que algunas personas quedaron en la mira de las autoridades sólo porque iban muy seguido a la mezquita o porque entre los 3.000 contactos que tenían en Facebook había gente que ya estaban siendo vigilada por los servicios de inteligencia.

Aurélie recuerda dónde estaba 10 días después de los atentados porque terminó con su novio en la comisaría, después de que una decena de policías entrara por la fuerza a su departamento, golpeara a su pareja con el pretexto, falso según Aurélie, que ambos gritaron por la ventana Daesh, siglas en árabe para referirse al Estado Islámico.

“Estábamos mirando televisión cuando escuchamos gritos desde la calle. Nos asomamos por la ventana y vimos varias personas que maniataban a un hombre y lo insultaban”, dice Aurélie, una estudiante de 24 años, que no usa su verdadero nombre para evitar más problemas. “Al principio no sabía que eran policías de civil. Sólo les grité desde la ventana que no valía la pena seguir pegando al hombre que ya estaba esposado. Otro vecino salió por la ventana y le gritaron que se vuelva a meter adentro porque estábamos en estado de emergencia.”

Los policías, según el relato de Aurélie, los insultaron desde la calle, luego entraron al edificio, y a su departamento, y los llevaron arrestados por ultraje y rebelión. “Mientras nos llevaban nos decían que nos iban a acusar de apología de terrorismo porque habíamos gritados Daesh por la ventana. Pero no era verdad”, dice Aurélie que fue liberada 24 horas después pero su novio debió esperar dos días y fue llevado inmediatamente ante un juez. En enero de este año fue sentenciado a 70 horas de trabajo comunitario y 1.500 euros de multa. Aurélie no fue acusada formalmente y la amenaza de los policías sobre la apología del terrorismo no fue mencionada durante el juicio.

“Tuvimos una sensación de injusticia. Yo soy joven, estudiante y blanca, así que todo va bien para mí. Pero hay comunidades que son víctimas de la violencia policial”, dice Aurélie porque su novio, que eligió no ser entrevistado, es “negro” dice y agrega que “los policías se comportaban como delincuentes.”

En un informe de febrero la organización no gubernamental Human Rights Watch resaltó que las autoridades realizaron más de 3.200 allanamientos y asignaron a arresto domiciliario a 400 personas. La mayoría, dice el informe, son musulmanas o de origen magrebí.

A un año de los atentados, según Curis de AI, todavía hay 93 personas bajo arresto domiciliario que deben presentarse varias veces al día a la comisaría sin haber sido formalmente acusados de nada.

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